jueves, 12 de diciembre de 2019

El problema morisco y la Inquisición (1)

Contra lo que se quiere hacer creer por el buenismo al uso del siglo XXI, la historia es obstinada y durante la dominación árabe nos presenta un Al-Andalus alejado de la Arcadia feliz. Ese alejamiento es el que hizo posible la Reconquista, ya que los miles de españoles que en un principio quedaron bajo el poder árabe, acabaron emigrando a tierras cristianas o fueron eliminados. Los que huyeron al norte y sus descendientes serían los que posibilitaron el hecho de la Reconquista.



Si en algún momento existió algo de tolerancia, en todo caso se puede ubicar en tiempo de los Reyes Católicos; una tolerancia basada en los tratados de paz que tenía la solidez que pueden tener los derechos del vencido. En otro capítulo ilustraremos lo que dice el Corán, máxima ley del Islam, sobre asuntos como la tolerancia.

Una tolerancia que se vio abocada a la supresión dada la actitud de los moriscos, más proclives a propiciar invasiones que a integrarse en la sociedad española. En el peor de los casos, además, podemos decir que el final de la tolerancia llegó como  justa reciprocidad a lo acontecido anteriormente en el ámbito musulmán: Tudmir (Murcia y Alicante), Toledo, Córdoba, Mérida, Elvira (en las inmediaciones de Granada), y un largo etcétera no tan famoso, conocieron en su propia carne la “generosidad” de los invasores y la forma que tenían de respetar los pactos

“La Inquisición con respecto al morisco tenía una situación de relativa tolerancia, mediante acuerdos que atemperará su acción. Actuaba moderadamente dictando edictos de gracia, sin confiscación de bienes ni abjuración pública. Incluso Adriano de Utrech ordenaba que, salvo indicios muy firmes, no se procesare a ningún morisco ni por causas leves ni por seguir prácticas tradicionales que no fuesen ceremonias religiosas islámicas. Y el Tribunal del Santo Oficio, establecido en Granada en 1526, no se ocupó de los moriscos.”

Tras cinco décadas de existencia, la Inquisición no se había ocupado de los moriscos. En principio, nada tenía que decir sobre unos súbditos que conservaban sus costumbres y su religión, mientras no fuesen usadas como elementos disociadores, algo que, a la corta resultaría imposible. No obstante, y confiando en lo imposible, “durante el reinado del Emperador la tolerancia es la base de la convivencia entre las dos culturas antagónicas. Aunque se dictan pragmáticas que prohíben los usos y formas de vida islámica de los moriscos, nunca fueron llevadas a la práctica.”

Pragmáticas que habían empezado a dictarse diez años después de la toma de Granada. Por ejemplo, la pragmática de 14 de febrero de 1502, donde se daba a elegir a los moriscos entre la conversión o el exilio “A los pocos días de la promulgación de la mencionada pragmática, Cisneros cometió la osadía de quemar en una hoguera pública en la plaza de Bib-Rambla de Granada todos los libros y manuscritos en lengua árabe.”

El autor citado, seguidor de la historiografía árabe, embebida en el Corán del mismo modo que el que suscribe está embebido en el Nuevo Testamento, trata de osadía la acción de Cisneros, que si ha pasado a la Historia es gracias a su habilidad política y a su capacidad teológica, sin tener en cuenta que Cisneros actuó como se actuaba en los principios del siglo XVI contra los enemigos del estado, porque debemos remarcar que, ante todo, el problema morisco era un problema de seguridad nacional en el que los moriscos eran colaboradores de los enemigos que estaban anhelando una revancha tras la reconquista total de España que culminó el 2 de Enero de 1492.

Es el caso que la reina quería acelerar el proceso de conversión de los moriscos que estaba llevando a cabo con éxito, pero con gran lentitud, fray Hernando de Talavera, por lo que envió a Cisneros a animar el proceso. Cisneros actuó de modo contundente, prendiendo a algunos alfaquíes y convirtiendo al más docto de ellos, el Zegrí .

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