martes, 24 de diciembre de 2019

Los agentes británicos en el desastre del 98 (4)

El pabellón nacional cubano ondeó por primera vez el 19 de mayo de 1850 en la bahía de Cárdenas, donde desembarcó Narciso López al mando de una expedición – que fracasó– de seiscientos hombres. Fue precisamente López el que, el año anterior, en el curso de una entrevista en casa del también masón Teurbe Tolón había propuesto el diseño de la bandera. Para el color rojo sugirió el triángulo equilátero, que simboliza la grandeza del poder que asiste al Gran Arquitecto y cuyos lados simbolizan la consigna de “libertad, igualdad y fraternidad”. Además, la estrella de cinco puntas simboliza la perfección del maestro masón (fuerza, belleza, sabiduría, virtud y caridad), y finalmente quedaban integrados los tres números simbólicos: el tres de las tres franjas azules, el cinco de la totalidad de las franjas y el siete, resultado de sumar a las franjas el triángulo y la estrella. (Vidal 2005)



La intentona tuvo lugar el 19 de mayo de 1850, y contó con el apoyo de los Estados Unidos. Estaba compuesta de quinientos filibusteros y desembarcó en la bahía de Cárdenas, con la idea expulsar a España de la Isla.
Los primeros momentos fueron de triunfo, pues capturó a la guarnición española y al gobernador, pero acabó siendo rechazado por los 17 soldados, 24 lanceros y 30 paisanos mandados por el comandante de la villa de Guamacaro.
La expedición acabó siendo puesta en fuga y perseguida por los barcos españoles. Logró escabullirse, siendo recibido en los EE.UU como un héroe, iniciando pocos meses después una nueva invasión apoyada por voluntarios usenses, coincidiendo con el levantamiento del masón Joaquín de Agüero de agosto de ese año. Todos acabaron fusilados.
Su invasión, en Cárdenas, duró dos días, tras los cuales embarcaron rumbo a su refugio usense en Cayo Hueso llevando consigo la decepción de solo haber sumado dos hombres de Matanzas a sus fuerzas, que estaban compuestas por voluntarios de varios estados del sureste de los Estados Unidos y el general Ambrosio José González como segundo al mando.
. Los prisioneros usenses que cayeron en poder de las fuerzas nacionales fueron absueltos y puestos en libertad por las autoridades españolas.
Lo curioso del caso es que la intentona estaba anunciada, si que las autoridades españolas hiciesen nada al respecto.

A no ser tan confiadas, incrédulas y tan criminalmente abandonadas las autoridades, que repetidos avisos se recibieron del intento de López, con detalles que atención merecían, no hubiera desembarcado éste como lo hizo en Cárdenas en la madrugada del 19 de Mayo. (Pirala 1895: 80)

No se conformó el agente usense con la derrota, y en julio de 1851, especuladores usenses financiaron una nueva expedición de López contra Cuba, en este caso con un número de invasores ligeramente superior, la mayoría estadounidenses, pero en esta ocasión fue capturado el 1 de septiembre del mismo año, provocando que la población se alistase como voluntarios al servicio de España.

El coloso del Nuevo Mundo, la república de los Estados-Unidos grande y poderosa, porque descansa en la libertad del género humano, presenta el espectáculo del único gobierno, cuyo porvenir esté libre de los azares de una revolución. A su seguridad y bienestar interesa nuestra independencia y la libertad de nuestras instituciones; suceso nuevo, importante y grave, que debe decidir nuestro destino. De sus vecinas playas acudirán á millares desde los primeros instantes de vida de nuestra naciente república, ciudadanos anglo-americanos, que ayudándonos á romper las cadenas, compartan con nosotros aquel amor á la libertad que arredra á los tiranos, que consolida el sosiego y felicidad de los pueblos, que ha elevado su nación á la cumbre resplandeciente de gloria, desde donde vela y dirige la marcha sublime de la humanidad.  (Pirala 1895: 96)

Y para evitar errores de interpretación, el manifiesto terminaba con el siguiente párrafo:
¡Habitantes de Cuba! La patria os llama por mi voz. La ocasión es propicia: el enemigo impotente; el éxito seguro: la gloria imperecedera. ¡Un solo esfuerzo y caerán convertidas en polvo vuestras cadenas! Venid á mi lado á sostener la bandera de la libertad, y la estrella de Cuba que brilla en esa bandera, se alzará bella y refulgente, ya sea para resplandecer con gloria independiente y eterna, ya sea para agregar su luz, si así lo determina el pueblo soberano, á la espléndida constelación norteamericana, á donde parece encaminar su destino,—Narciso López.

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