sábado, 4 de enero de 2020

De la guerra justa (2)

En cualquier caso, y como cada asunto, se hace necesario juzgar el hecho en el momento. No podemos juzgar el hecho con la mentalidad de hoy. Sí debemos compararlo, por el contrario, con lo ejercitado por otros, y por nosotros mismos, en los momentos del hecho y en los tiempos posteriores.
Siendo así, resulta curioso que la Leyenda Negra contra España haga hincapié en hechos realizados por otros, imputándolos a España.

Así, como contrapunto a esta actuación podemos encontrar la actuación llevada por Inglaterra. Dejaremos de momento lo actuado en América para centrarnos en un hecho llevado a cabo en Australia, donde en 1945 (cuatro siglos después del momento que estamos tratando) prohibió la caza de aborígenes, que venía llevándose a cabo desde que iniciaron la colonización. Tampoco se cumplió la ley de forma inmediata, a pesar de poseer unos medios técnicos infinitamente superiores a los existentes cuatro siglos antes. Con un añadido: Inglaterra decretó esa prohibición impelida por el hecho de que se estaba llevando a cabo el proceso de Nuremberg, y aparecer como acusación de genocidio alguien que en otras latitudes lo practicaban como deporte resultaba grotesco. España, en el siglo XVI, ni ejercitaba cosa semejante, ni precisó acicate ajeno a sí misma para plantearse su derecho de conquista.
Del mismo modo que en Australia no se cortó inmediatamente la caza de aborígenes, tampoco en la España americana tuvo aplicación inmediata la abolición de la esclavitud de los indios, así, entre los años 1532 y 1541, según señala Danilo Arce, se produjo el momento álgido de la esclavización de indios.
Pero por encima de eso debemos referirnos nuevamente al hecho de haber reconocido la racionalidad de los indios desde un primer momento, dado que,

de no haber reconocido la racionalidad de los indios, la Conquista no hubiera podido justificarse, pues uno de los títulos justificantes que reconocieron los teólogos, todos y cada uno de ellos, fue la evangelización, y ésta no hubiera sido posible sin la aceptación de la racionalidad indígena. (López 2002: 212)
Ya en 1510 fray Matías de Paz planteaba la injusticia de hacer la guerra a los infieles con el fin de dominarlos y de apropiarse de sus riquezas, y señalaba que sólo por medios pacíficos se les podía impeler a recibir la fe cristiana, y justificaba la defensa de los indios ante una declaración de guerra, aún tendente a la difusión de la fe, pero admitía el uso de la guerra si se negaban a obedecer al soberano.
Sepúlveda defendía el principio de “guerra justa” y afirmaba que los indios, como el resto de la humanidad, estaban obligados a someterse a quienes eran más prudentes, a los que destacan en virtud, que están en la obligación de enseñar esas virtudes  para, como en su momento hizo Roma, gobernar de forma prudente, conforme al derecho natural.
Por su parte, Las Casas niega que sea guerra justa la aplicada sobre quienes matan prisioneros para comérselos (Las Casas, Apología: 220), y afirma que la costumbre es admisible porque

Ha sido aprobada por todos los pueblos indios, y dan culto a estos dioses todas las personas que ellos consideran santas y sagradas, es decir, los sacerdotes, y el culto a los ídolos está aprobado por las leyes y sancionado por los soberanos. (Las Casas, Apología: 221)
No se puede decir más claro: considera la antropofagia como un derecho. Señala el derecho positivo… y lo sitúa por encima del derecho natural de quienes acabarían siendo parte del menú. Pero no queda claro si la guerra iniciada por los antropófagos para la consecución de sus víctimas es considerada por el dominico también parte del derecho, sea natural o positivo.



http://www.cesareojarabo.es/2018/09/de-la-guerra-justa-texto-completo.html

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