jueves, 9 de enero de 2020

La esclavitud y la piratería (2)



Sería un gran triunfo de Inglaterra que en 1568 recibiría respuesta en San Juan de Ulúa, donde el pirata sufrió una humillante derrota de la que sólo se libraron dos buques, el Minion y el Judith, siendo este último comandado por Francis Drake, acérrimo anticatólico. 
También el Salomón, capitaneado por John Hawkins, tenía el mismo régimen y fue tomado por la Armada española, como fue tomado el  Jesus of Libeck. Esto, para Inglaterra, fue una afrenta, como también lo fue para la comunidad judía, cofinanciadora de la expedición (de ahí el nombre de las embarcaciones, en las que, por otra parte, se seguía un estricto régimen judío, tanto de alimentación como religioso). 
Hawkins fue honrado por Isabel I con el título de caballero, pero resultga curioso que de lo que se jactaba no era de ese, sino de algo que le resultó de vital importancia para engañar a los comandantes de los puertos que pretendía atacar.

John Hawkins se jactaba de haber sido nombrado caballero por el mismísimo Felipe II, cuando éste visitó Inglaterra años antes, hecho en el que se amparaba, junto con las cartas de “buena conducta” obtenidas de algunas autoridades portuarias españolas, lo que le permitía negociar antes de que su presencia generara desconfianza y violencia. (García de León: 182)

Drake figura sin dudar entre los más famosos piratas y nobles ingleses. Discípulo y sobrino de Hawkins inició su actividad en 1571 como sucesor de éste al mando de cinco buques propiedad de diversos hacendados ingleses y uno propiedad de la reina de Inglaterra; su destino, Guinea, donde cargaron las bodegas con esclavos cuyo destino era América, pero en el Golfo de México fue hecho preso.
Había empezado la carrera de los piratas, que iría in crescendo al compás del lucro obtenido, acabando representando, en especial para Inglaterra y para Holanda, unas potentísimas armadas que, si no obtuvieron grandes éxitos sobre el terreno, fueron imprescindibles para el desarrollo del tráfico esclavista... y en tiempos modernos, magnificados sus exiguos éxitos (manifiestos en los enclaves obtenidos por Inglaterra, Holanda y Francia en América), para ridiculizar a quien no supo acabar con estos delincuentes cuando podía haberlo hecho.
Así, en 1599 Holanda eximía de impuestos a los buques que regresaban a Holanda cargados de oro, y el oro, en el imaginario europeo, estaba en España, por lo que multitud de buques holandeses iniciaron su particular carrera de Indias siguiendo las estelas de los barcos españoles.
Pero el oro no sólo estaba en los galeones españoles, sino en el tráfico de esclavos, que curiosamente se vio cortado en Amsterdam, donde por cuestiones morales no podían ser vendidos.
Todo cambiaría tras el desastre de la Grande e General Armada acaecido en 1588. Al rebufo de la misma los holandeses tomaron la isla de Santo Tomé en 1599.
A partir de ese momento se desarrolló un tráfico ilegal que, al amparo de las flotas piratas inglesas y holandesas trasegaba esclavos obtenidos en África hacia el Caribe; tráfico que seguiría un ritmo creciente especialmente significado a partir de 1612 cuando Inglaterra tomó las islas Bermudas. Y todo, al amparo de compañías por acciones que cotizaban en bolsa y tenían un importante peso político.

En Inglaterra, Holanda y Francia fueron donde se fundaron la mayor parte de estas Compañías. En el caso holandés distinguimos principalmente tres: la Compañía de las Indias Orientales (VOC, 1602), la Compañía del Norte (1614) y la Compañía de las Indias Occidentales (VIC, 1623). (Eiré)

Las acciones de piratería llevadas a cabo por la armada británica, (que al cabo esa era la condición de los piratas), se desarrollarían durante toda la historia de la trata, y el resto de actuaciones, como no podía ser de otro modo, iban por el mismo camino, desatendiendo el derecho internacional.
En ese sentido, un personaje torcido, el padre  Antonio de Crato, pretendiente a la corona de Portugal que por derecho correspondía a Felipe II, concedió a Inglaterra, con su supuesta autoridad, el derecho a comerciar pacíficamente en la costa de Guinea...
Y en este caso, ese fue el argumento utilizado por la que justamente ha venido a ser conocida como la Pérfida Albión, para invadir territorios ajenos de forma pacífica... o de forma violenta.
Lógicamente Antonio de Crato, como posteriormente sucedería con los próceres americanos (todos los promotores de las guerras de separación del siglo XIX), vivió en Londres como un títere, cebado y observado por las autoridades inglesas, siempre alertas en vigilar sus propios intereses y expertas en crear quintacolumnistas que defiendan sus intereses en casa ajena.
Y es que Inglaterra siempre ha pretendido dar carácter de legalidad a sus actuaciones de delincuencia internacional.
Es el caso que al compás de estas actuaciones, la piratería seguía cumpliendo sus funciones como adelantada de Inglaterra, que seguiría formando generaciones de piratas.
Así, a la sombra de John Hawkins se formó su hijo Richard, y Francis Drake, su sobrino, que en poco tiempo llegó a eclipsarlo por la audacia de sus hazañas en la guerra contra España.

Texto completo: https://www.cesareojarabo.es/2019/09/la-esclavitud-y-la-pirateria-texto.html

0 comentarios :

 
;