miércoles, 8 de enero de 2020

La guerra de los segadores (9)

La Guerra de separación (1640-1642), o guerra de los Segadores, también fue una guerra civil entre catalanes. La participación de las clases dirigentes de las ciudades en la revuelta, al lado de los nobles arruinados y marginados, especialmente los juristas,era un hecho que habían adquirido un gran prestigio en las ciudades catalanas, y que fueron los que aportaron argumentos legales para justificar la ruptura con el rey, y daban cohesión al movimiento revolucionario. El argumento utilizado era el pactismo: el rey había roto el pacto constitucional y Cataluña quedaba por tanto, libre, abocada a defenderse contra el ejército que se disponía a invadirla.”



La guerra civil estaba servida, y el único beneficiario de la misma sería, en exclusiva, Francia. “Los líderes catalanes habían liberado a una fiera auténticamente salvaje y su país no tardó en ser presa de la guerra civil y de la revolución. Los cabecillas de la revolución política, atrapados entre la autoridad del rey y el radicalismo de la multitud, dirigieron sus ojos a Francia. En ese momento quedó de manifiesto hasta qué punto su posición era incoherente. En efecto, a pesar de su oposición al rey eran incapaces de gobernar Cataluña por sí mismos y por ello buscaban la protección de los enemigos del monarca. La Diputació, o algunos elementos que actuaban en su nombre, habían establecido, al parecer, contacto con Francia ya en abril de 1640, antes de que estallara la revolución. Esta iniciativa correspondió a Pau Claris, canónigo de Urgel, miembro de la Diputació y uno de los cabecillas de la resistencia a Madrid, y a Francesc de Tamarit, otro miembro de la Diputació, cuyas actividades políticas habían dado con él en la cárcel recientemente. Por su parte, Richelieu tenía sus agentes en Cataluña.”

A resultas de las salvajadas ocasionadas por los segadores, el conde-duque envió un ejército de 30.000 soldados, mientras que Pau Claris vendía la libertad de Cataluña al albur del cardenal Richelieu y de Luis XIII de Francia. Así estaría el asunto hasta 1652.

La revuelta del día del Corpus, “el Corpus de sang” pudo quedar en un mero incidente si el ejército hubiese tenido capacidad operativa, pero no era el caso. Gran parte del territorio catalán quedó fuera de control, y muy especialmente Barcelona, principal puerto para todo tipo de transacciones quedó fuera del control de la Monarquía hispánica “en un momento muy delicado, a causa de la guerra que se mantenía con Francia. Este hecho convirtió a Tortosa (entonces un activo puerto fluvial muy cerca del puerto marítimo de los Alfaques, y con el puente de barcas, en el único paso estable sobre el rio Ebro entre Zaragoza y el mar) en un gran almacén al servicio de los intereses del gobierno de Felipe IV.”

Tortosa quedó del lado realista. En septiembre, el ejército de ocupó la ciudad gracias a la colaboración de la ciudad, y al frente su obispo que, como la totalidad de los obispos que ocupaban las sedes catalanas, era políticamente realista. “Preparada meticulosamente, y aprovechando una bajada de guardia de los revoltosos, los oligarcas consiguieron hacer triunfar una contra revuelta la mañana del día 4 de septiembre de 1640. Una vez dominada totalmente la ciudad, y para hacer valer las gestiones del prior Isern en Madrid, comenzaron las represalias contra los sublevadosy algunas personas que los ayudaron…/… se intentó un asalto de la ciudad a finales del mes de septiembre, pero fracasó tanto por el comportamiento de rapiña llevado a cabo por las tropas enviadas por la Generalidad…/… Este decantamiento tan claro hacia el gobierno de Madrid, provocó que, el día 3 de noviembre, los brazos, reunidos en Barcelona, declarasen a los tortosinos enemigos de la patria.”

Y es que la guerra civil estaba servida desde el principio; antes incluso de producirse los alborotos del Corpus de Sangre. La Generalidad, perdido el control de la situación, propició que “comenzaran a apatecer folletos propagandísticos donde se explicaban, de forma más o menos exagerada, toda una serie de barbaridades cometidas por los soldados, o denunciando conjuras para saquear la ciudad y matar a sus habitantes.”

El enfrentamiento civil que estaba padeciendo Cataluña  queda manifiesto en los hechos acaecidos en algunas poblaciones; así, “Xerta fue saqueada durante la Guerra de  los Segadores hasta en once ocasiones, tanto por las tropas de la Generalitad, como por las tropas de Felipe IV.”

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