miércoles, 29 de enero de 2020

LA MARINA ESPAÑOLA ANTE EL DESASTRE DE 1898 (3)

¿Para qué había de servir esa inventiva y ese esfuerzo en una nación cuyo gobierno se vanagloriaba de sentirse protegido por Inglaterra? (1)

Y en cuanto a la aplicación de los recursos ¿Dónde se iban los presupuestos archimillonarios de la Marina a que hemos referencia líneas más arriba?...
El 10 de noviembre de 1897, el ministro de Marina, Segismundo Bermejo, expuso la penosa situación de la Armada, indicando que el personal contratado llegaba a las 6000 personas, a lo que hay que añadir el personal militar. Esas 6000 personas consumían el presupuesto de la Armada, cuyos responsables habían boicoteado el desarrollo del submarino, que tenía un costo de 300.000 pesetas por unidad.
Esa malversación de fondos tenía su consecuencia lógica en el desarrollo de la fuerza naval. La situación de la misma era exactamente conocida por los responsables, que efectivamente botaban barcos, pero, ¿en qué condiciones?

Aproximadamente desde el año 1883 hasta 1896, España y Estados Unidos lanzan al agua el mismo número de barcos pero el del segundo más que quintuplica en tonelaje al de España. (Giner 1999: 76)

Y en lo relativo a la potencia del armamento, la progresión sería similar, muy a pesar de los avances aportados por inventores españoles al respecto, siendo que a la hora de producirse la guerra hispano usense,

en piezas de artillería, de calibre superior a 200 mm. la proporción era de 7,7 a 1 para Estados Unidos. (Giner 1999: 77)

En el periodo que nos ocupa, 1898, el gobierno español era consciente de la necesidad que comportaba la defensa de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y el Pacífico, dadas las insistentes señales de alarma que sobre esos territorios se producían, muy especialmente desde los Estados Unidos, donde la gran influencia de las teorías de Mahan hacían que los planes militares usenses contemplasen atacar la península, Cuba y Filipinas. Con esos conocimientos, no sólo fueron desatendidas las necesidades de la Armada, sino que ni tan siquiera se reforzaron las defensas terrestres.
Durante varios años, la actividad armamentista de los Estados Unidos era manifiesta, y ocho años antes del gran desastre, en 1890, Alfred Mahan había hecho públicas las intenciones que marcarían la actuación de los Estados Unidos.

Como la distancia que los separa del istmo, aunque relativamente pequeña, es aún considerable, los Estados Unidos deberían obtener en el Mar Caribe bases adecuadas para servir de centros de operaciones accidentales o secundarias, las cuales, por sus ventajas naturales, susceptibilidad de defensa y proximidad al paso estratégico central ya referido, facilitarían a que sus escuadras permaneciesen tan cerca del teatro de la guerra como cualquier otro enemigo. Protegiendo suficientemente la entrada y salida por el Missisipi, con esos puertos avanzados en sus manos y manteniendo aseguradas las comunicaciones mutuas entre ellos y el continente; o en una palabra, con una preparación militar adecuada, para lo cual se tienen todos los medios necesarios, obtendrían los Estados Unidos en este lugar, con matemática certeza, la preponderancia que le confieren su situación geográfica y su poderío. (Mahan: 11)

En la consecución de sus objetivos, y como pasos previos, las incursiones filibusteras comenzaron a menudear especialmente a partir de 1868 en Cuba, cuyo litoral es de unos 3.575 km de longitud.


(1) En 1842, el  secretario del Consejo de Ministros, Vicente Sancho, testificó que la actitud inglesa representada por el secretario de Negocios Extranjeros, el conde de Aberdeen, fue de total conciliación entre los reinos de España y Portugal, a los que consideraba sus protegidos. (Armario 1984: 156)

Texto completo en http://www.cesareojarabo.es/2018/06/la-marina-espanola-ante-el-desastre-de.html

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