martes, 14 de enero de 2020

Las Casas, un payaso al servicio de la corona (8)

Lamentablemente este tipo de pago a sus grandes hombres no es extraño en España. El mismo Hernán Cortés, que en esas fechas se encontraba en España, fue manifiestamente desdeñado, despreciado y marginado después de haber llevado a efecto una de las hazañas más grandes jamás realizadas por el género humano, de la que España siempre deberá sentirse sumamente orgullosa. Evidentemente, Hernán Cortés pagó la culpa del sarampión y de la gripe, y Sepúlveda, también, y todo para que, además, España entera esté pagando durante cinco siglos su incompetencia al ser incapaz de poner a sus héroes y sus hazañas en el lugar que les corresponde, mientras ignora como perrito fiel los genocidios de sus eternos enemigos, a quienes sigue y obedece lacayunamente mientras digiere como ejemplos de perfección las mentiras que sobre la actitud de cada pueblo en la Historia han compuesto los ilustrados.

Es de destacar lo que el franciscano decía sobre Hernán Cortés, sin llegar nunca a nombrarlo:

desde la entrada de la Nueva España, que fué a dieciocho de abril del dicho año de dieciocho, hasta el año de treinta, que fueron doce años enteros, duraron las matanzas y estragos que las sangrientas e crueles manos y espadas de los españoles hicieron continuamente en cuatrocientas e cincuenta leguas en torno cuasi de la ciudad de Méjico e a su alrededor, donde cabían cuatro y cinco grandes reinos, tan grandes e harto más felices que España…/… Estas tierras todas eran las más pobladas e llenas de gentes que Toledo e Sevilla, y Valladolid, y Zaragoza juntamente con Barcelona, porque no hay ni hubo jamás tanta población en estas ciudades, cuando más pobladas estuvieron, que Dios puso e que había en todas las dichas leguas, que para andarlas en torno se han de andar más de mil e ochocientas leguas. Más han muerto los españoles dentro de los doce años dichos en las dichas cuatrocientas y cincuenta leguas, a cuchillo y a lanzadas y quemándolos vivos, mujeres e niños, y mozos, y viejos, de cuatro cuentos  de ánimas. (Las Casas. Brevísima, Indias: 13)

Estas acusaciones debieron pesar en la orden de la que era portador el nuevo gobernador de la Nueva España, Diego Colón, que en 1522 estaba obligado a proceder con todo rigor contra Cortés, hasta matarle si ofrecía resistencia.
Parece como si la labor de Las Casas tuviese cierta relación con la amistad que le unía al gobernador de Cuba, Diego Velázquez, que por su parte llevaba ejerciendo una guerra declarada a Hernán Cortés. En ese orden, el monje hace un relato de la “Noche Triste”, y de las acciones heroicas de Cortés, que podemos calificar de penoso, y por supuesto, de base para la leyenda negra.
Un hecho concreto, el de Cholula, puede servirnos de ejemplo. En este lugar  presentaron una celada a Cortés, con ánimo de matar a todos los españoles que fue desarticulada por Malinche, que fue avisada por una india conspiradora para que abandonase la compañía de los españoles.

y si ella se quería salvar, que se fuese con ella, que ella la guarecería…. después que tuve los Señores dentro en aquella sala, los dejé atando, y cabalgué, e hice soltar la escopeta, y dímosles tal mano, que en dos horas murieron más de tres mil hombres. Y porque Vuestra Majestad vea cuán apercibidos estaban, antes que yo saliese de nuestro aposentamiento, tenían todas las calles tomadas, y toda la gente a punto, aunque como los tomamos de sobresalto, fueron buenos de desbaratar, mayormente que les faltaban los Caudillos, porque los tenía ya presos, e hice poner fuego a algunas torres, y casas fuertes, donde se defendían, y nos ofendían. Y así anduve por la ciudad peleando, dejando a buen recaudo el aposento, que era muy fuerte, bien cinco horas, hasta que eché toda la gente fuera de la ciudad, por muchas partes de ella, porque me ayudaban bien cinco mil indios de Tascaltecal, y otros cuatrocientos de Cempoal…./… Muteczuma tenía allí, en tal parte, que según después pareció, sería legua, y media, cincuenta mil hombres en guarnición para hacerlo. Pero que ya conocían cómo habían sido engañados, que soltase uno, o dos de ellos, y que harían recoger la gente de la ciudad, y tornar a ella todas las mujeres, y niños, y ropa que tenían fuera, y que me rogaban, que aquel yerro les perdonase, que ellos me certificaban, que de allí adelante nadie los engañaría, y serían muy ciertos, y leales vasallos de Vuestra Alteza, y mis amigos. (Cortés: 56)


Texto completo en http://www.cesareojarabo.es/2018/08/las-casas-un-payaso-al-servicio-de-la.html

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