lunes, 20 de enero de 2020

Siguiendo con la guerra de Sucesión (XXVI)

Starhemberg acudió en apoyo de Stanhope, pero también las tropas alemanas fueron derrotadas y diezmadas en la batalla de Villaviciosa. Esta situación propició que Inglaterra se acercase a Francia buscando el final de la guerra en lo que sería el esbozo del tratado de Utrecht.



La batalla de Villaviciosa tuvo ocasión el 10 de Diciembre de 1710, cuando Starhemberg, tras la derrota sufrida en Brihuega, se enfrentó a Vendome. La batalla, que no tuvo un resultado claro, significó el fin del ejército austracista, que se batió en retirada hasta Barcelona, permanentemente hostigado por la guerrilla, que le causó muy importantes pérdidas.

Pero no sería Vendome la única aportación francesa a la reavivación de la guerra. Por el Rosellón entraba Noailles y acosaba Gerona, en la que entraba vencedor el día 1 de Febrero de 1711. Por su parte, Melchor de Avellaneda, el marqués de Valdecañas, tomaba Zaragoza y toda la comarca del Ribagorza, consiguiendo en el empuje que las tropas británicas y alemanas que ocupaban Balaguer, abandonasen la plaza sin esperar combate. Las plazas continuaron cayendo como cuentas de un rosario sin apenas resistencia.

Ante esta situación, y siendo que Carlos era llamado a coronarse emperador de Alemania al haber fallecido el emperador José I, y los británicos habían centrado sus intereses en los Países Bajos, Guido von Starhemberg se vio más preocupado en proteger el embarque que acabaría haciendo el Archiduque en una escuadra inglesa, el 27 de Septiembre de 1711, que en otras cuestiones, lo que permitió que el francés tomase posiciones.
Ahora sí, la suerte estaba echada porque Francia e Inglaterra acabarían alcanzando la paz en agosto de 1712, e Inglaterra comenzaba a dar más apoyo espiritual que militar a sus aliados. Ya no miraban con buenos ojos los ingleses la causa del archiduque porque no estaban dispuestos a que bajo una misma corona estuviesen Austria y España.
Ante esta situación, y siendo que las tropas borbónicas estaban muy activas en las inmediaciones de Barcelona, los procuradores de Cataluña, encabezados por el conde de Saballá y Pinós, llegaron a pedir ayuda al Imperio Otomano , al que ofrecieron vasallaje, pero no obtuvieron la ayuda demandada dado que Ahmed III se sentía débil y precisaba el apoyo francés.
Los acontecimientos se aceleraban. El 15 de mayo de 1712 abandonaba Barcelona Staremberg con el último contingente de tropas austracistas.

Pero estando Inglaterra por medio, no podía acabar el asunto de forma tan sencilla. Señala Nicolás de Jesús Belando, que Staremberg “no cumplia con lo estipulado en el Convenio de evacuación, hecho en hospitalet, y en conformidad del Tratado de Utrech, porque dexaba en manos de los voluntarios el Caftillo de Monjui, y Señores de la Ciudad de Barcelona, a los que no querian fujetarfe, quando todo havia de quedar en poder de las Armas del Rey Catolico, y tambien no llevandofe todas las Tropas, con la efcufa, que no havia embarcaciones. Al mifmo tiempo no fe podia creer, que todos los hombres eftuvieffen tan dementados, que fe pufieran à negar enteramente la obediencia, y à eftàr agenos de todo temor de caftigo, fi no tuvieffen alguna promeffa, y mucha efperanza de focorro, y de patrocinio de un Principe poderofo.”

Es el caso que, de las tropas que debían abandonar Barcelona, con consentimiento de su general (y presumiblemente de Inglaterra), desertaron unos 4000 hombres que aprovecharon el retraso de Vendome para intentar ocupar Tarragona.

Pero la acción no tuvo las consecuencias previstas, ya que Tarragona les cerró las puertas. Bien al contrario, dieron parte al gobernador, el marqués de Lede, que todavía no estaba en la ciudad, y quién ante la demanda de ayuda, la ocupó.   Otras ciudades, ajenas a la oligarquía de Barcelona, también se avinieron a la nueva situación; así, p.e., Torredembarra cerró las puertas a las fuerzas que, habiendo salido de Barcelona para atacar Tarragona, huían perseguidas por la guarnición de esta ciudad, mientras en la Plana de Vic, acudían las poblaciones al duque de Populi a presentar su fidelidad.   Lo mismo hicieron otras poblaciones, como Manresa y Mataró.

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