domingo, 16 de febrero de 2020

1898, GUERRA HISPANO USENSE EN CUBA (5)

José María González Bernad no duda en llamar mentiroso al embajador usense:

No podemos continuar sin formular la más solemne y enérgica protesta, el más violento mentís á la atroz impostura que se advierte en esos despachos de Mr. Lee, especialmente en lo que se refiere á la sedición del Ejército al grito de ¡muera Blanco! su ilustre General en Jefe entonces. (González 1903: 86)



Los EE.UU. desplegaban su marina en torno a Cuba y el día 25 entraba el Maine en La Habana, al respecto de cuya visita escribía Juan Valera el 7 de febrero de 1898:

A despecho de las autoridades de Cuba, á pesar de toda la prudencia y paciencia del pueblo y de los voluntarios armados, la gente de la tripulación del Maine, saltando en tierra y paseando en la Habana por calles y plazas, pudiera ser mal mirada y tal vez ofendida. Esperemos que no suceda esto; pero si no sucede, se deberá á la circunspección y al juicio de nuestros compatriotas, que harán estéril la intención aviesa que algunos atribuyen al envío del Maine á Cuba. (El mundo naval ilustrado: 78)

Evidentemente se trataba de una provocación… y de algo más. A principios de febrero de 1898, los usenses tenían merodeando Cuba los acorazados Maine, Masachussest, Indiana, Iowa y Texas; los cruceros Montgomery, Detroit, Nashvill, Brooklin, New-York y Marblehead, y los torpederos Vesuvius, Forter, Dupont, Ericson y Terror. Total, 16 barcos de guerra. (Soldevilla 1898: 34)
En la noche del 15 de febrero de 1898 se producía el primer acto importante de la parodia: el acorazado "Maine" sufría una serie de explosiones que lo llevaron a pique, mientras la armada española prestaba las ayudas oportunas a la tripulación. Corrió gravísimo peligro el crucero Alfonso XIII debido a lo muy cerca que estaba el Maine, sin embargo maniobró con tanta habilidad, que anclado junto al Maine soltó sus botes, y tomó activo participio en el empeño de rescatar á los tripulantes ayudado por los botes de los demás vapores españoles.

A mayor abundamiento, un notable marino norte-americano el vice-almirante Erben, declara, según se lee en un telegrama fechado ese día en Nueva York, que el Maine voló por explosión originada en sus propios almacenes y que esas cosas ya han sucedido antes.» (Mendoza 1902: 68)

Opiniones que eran apoyadas por el mismo embajador usense, Lee, quién declaró que su opinión respecto á la explosión era que se había producido por descuido en la limpieza de los torpedos. (Soldevilla 1899: 55)
No obstante, y ante las noticias procedentes de Estados Unidos, como si las circunstancias vividas hasta el momento no fuesen suficiente para atender estas cuestiones, en oficio de 23 de febrero se señalaba que:

no había en La Habana, ni en los arsenales de la Península, elementos para remediar siquiera las averías de los buques en los combates, y así la primera consecuencia del primer choque naval había de ser necesariamente dejar inactiva á la mayor parte de la escuadra, para todo el resto de la campaña, aunque se triunfara del enemigo. (Isern 1899:344)

Pero inmediatamente, la prensa usense presentó el hecho como un acto de guerra provocado por España, mientras el 25 de febrero se cursaba el siguiente telegrama desde Washington

Informes alarmantes de Cuba, recibidos ayer, tarde, indicando que la catástrofe del Maine se debió a una mina submarina, han producido la mayor agitación, hasta el punto de que aún los hombres más importantes y conservadores han perdido sus cabezas. Se aguarda con ansiedad el informe oficial americano. Si éste declara que la catástrofe se debió a un accidente, creo que puedo asegurar a Su Excelencia que el peligro actual terminará; pero, si por el contrario, el informe alega que el accidente se debió a una mano criminal, tendremos que afrontar la más grave situación. (Soto 1922: 105)
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