lunes, 10 de febrero de 2020

La esclavitud en España. Generalidades (1)


Generalidades sobre la esclavitud en España

La esclavitud es un fenómeno que hinca sus raíces en el tiempo y absolutamente en todas partes, incluida España, donde curiosamente, nunca el tráfico tuvo un significado de envergadura.
Consiguientemente, la conquista de España por el Islam no inventó la esclavitud, sobre la que ya era conocida una minuciosa legislación en el mundo visigodo, pero si aportó novedades productivas en la que se aplicaba esa mano de obra forzada, en particular en las plantaciones agrícolas y en la industria,…  y la trata de esclavos, de los cuales la mayoría  eran cristianos. 
Posteriormente, con las Cruzadas se dio empuje en todo el ámbito mediterráneo al surgimiento de mercados internacionales, particularmente activados por la acción de la Orden del Temple, que mantenía un sistema bancario de una enorme efectividad, que permitía efectuar transferencias de fondos con la garantía de la Orden. Y en el desarrollo de esos mercados, una actividad normal en la que tomaban parte todas las comunidades ribereñas de Mediterráneo era la compra-venta de esclavos. Puede suponerse, pues, que la existencia de comercio de esclavos estuvo presente en España prácticamente siempre.

Ciertamente, esclavos hubo en España desde tiempos remotos; la guerra de reconquista le permitió la adquisición de grupos numerosos; sin embargo, su existencia legal no implicó el establecimiento de un sistema de economía basado en la explotación de los cautivos, ni el desarrollo de un comercio regular de hombres. (Aguirre 1946: 15)

Por otra parte, la pregunta que permanentemente nos surge es: ¿De cuántos esclavos estamos hablando? Parece ser que durante los siglos VIII al X Al Andalus importó un número importante  de esclavos cristianos que seguiría en importancia al tráfico desarrollado en Egipto en los siglos XIII y XIV, donde llegaron a comerciarse hasta 10.000 esclavos al año. 
Teniendo bien presente estos precedentes, nos centraremos en un periodo muy concreto de la Historia, los siglos XV a XIX, y en una zona también muy concreta: España, donde durante ese tiempo, y en relación a esta cuestión, perduró una legislación que tiene su origen en el Código de las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, y procuraremos determinar hasta dónde es cierta también la segunda premisa.
En cuanto al color de la piel del esclavo, comenzó a cambiar en el siglo XVI  con el cambio de control en el Mediterráneo. Al respecto, la literatura española del Siglo de Oro refleja la naturalidad de la presencia de esclavos, y ya en esta ocasión, de esclavos negros. Sirva como ejemplo el pensamiento que tiene Sancho en el capítulo XXIX de la primera parte de la inmortal obra de Cervantes:

Sólo le daba pesadumbre el pensar que aquel reino era en tierra de negros, y que la gente que por sus vasallos le diesen habían de ser todos negros, a lo cual hizo luego en su imaginación un buen remedio y díjose a sí mismo: ¿Qué se me da a mí que mis vasallos sean negros? ¿Habrá más que cargar con ellos y traerlos a España, donde los podré vender, y adonde me los pagarán de contado, de cuyo dinero podré comprar algún título o algún oficio con que vivir descansado todos los días de mi vida?

Lo extraño de la negritud, así, no era para los autores españoles, sino para los autores europeos,  para quienes el negro era un ser exótico, ajeno a su sociedad. Para los autores ibéricos el esclavo negro es conocido de antiguo merced a la relación existente con el mundo árabe, en el que estuvo presente durante siglos ya sea como soldado ya como servidor en distintas funciones.
En el siglo XV la esclavitud era tenida por una relación normal en  todas las sociedades, y aunque con estructura ciertamente débil en la Europa alejada de las fronteras con el Islam, tenía plena vigencia en España, Portugal, Venecia, Génova, el Mediterráneo oriental y África, donde la lucha entre el Islam y el Cristianismo estimulaba la llegada de un torrente de esclavos en ambos sentidos.

El número de esclavos no era sorprendente. La esclavitud en el Mediterráneo nunca desapareció desde los días de la antigüedad, y quizá fue incrementada por los siglos de guerra en España entre cristianos y musulmanes. Los cristianos acostumbraban a esclavizar a los musulmanes cautivos y los musulmanes hacían lo mismo con los prisioneros cristianos, a los que en ocasiones llevaban al norte de África para trabajar en empresas públicas, del mismo modo que los cristianos empleaban a sus esclavos musulmanes en la construcción. Muchos esclavos eran empleados como servidores domésticos, pero otros trabajaban en los molinos de azúcar en las islas del Atlántico (las Azores, Madeira o en las Islas Canarias). Algunos eran alquilados por sus dueños a cambio de dinero. La ley cristiana, como se aprecia en la obra medieval Las Siete Partidas del rey Alfonso, y la ley musulmana, como se conserva en el Corán, indicaban detalladamente el lugar que un esclavo debía ocupar en la sociedad. (Thomas, el imperio español)



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