martes, 25 de febrero de 2020

Los agentes británicos en el desastre del 98 (5)

Con una fuerza de unos 450 combatientes, Narciso López desembarcó el 12 de agosto en El Morrillo, cerca de Bahía Honda, en Pinar del Río, en apoyo de la  sublevación de Joaquín Agüero. Serían sus últimos días.

Sería capturado en Pinos de Rancel y conducido a La Habana, donde fue juzgado, condenado a muerte y pasado por el garrote vil el 1 de Septiembre de 1851, mientras cincuenta filibuteros usenses más fueron fusilados frente al castillo de Atares el día 10.

cuya ejecución se retardó desde las siete y media hasta las once, por la falta material de tiempo para tomar las necesarias declaraciones á los reos ,á bordo de la fragata Esperanza, y necesitarse intérprete para muchos. A gran número se sentenció á presidio y á ser deportados, y un indulto, de muy distintas maneras apreciado, salvó después la vida de infinitos desgraciados, que no se mostraron luego muy agradecidos.  (Pirala 1895: 101)

La ejecución de filibusteros americanos creó algunas dificultades al Gobierno de España en sus relaciones con el de los Estados Unidos. Estas llegaron á tal grado de tirantez, que el Cónsul en Nueva Orleans tuvo que abandonar su puesto y aun fueron enviados algunos buques de guerra americanos para apoyar las demandas de una explicación por el hecho referido. No obstante, la claridad con que aparecía la justicia por parte de España hizo á aquella nación deponer su actitud y al año siguiente volvió el Cónsul español á Nueva Orleans y los buques de guerra fueron retirados. (Mendoza 1902: 23)

Muy de destacar entre los agentes británicos es José Morales Lemus, que había sido uno de los comisionados reformistas convocados por Cánovas del Castillo en lo que se denominó “Junta de Información” en 1866, para exponer en Madrid las quejas de los cubanos, se significaría como uno de los más importantes exponentes separatistas en la labor de sometimiento a los intereses usenses, siendo presidente de la Junta Central Republicana de Cuba y Puerto Rico, con sede en Nueva York.
Quedaba por surgir el que sería principal entre los agentes británicos, José Martí, que con dieciocho años, en 1871, se encontraba en la península estudiando Derecho, cuya carrera terminó en 1874. En este tiempo es cuando, parece, se acercó a la masonería. En 1878 volvió a Cuba y al año siguiente fue deportado a la Península. Regresó a Nueva York al poco tiempo y se dedicó al periodismo, al tiempo que se ocupaba de las actividades de los exiliados. Pasó a ser presidente y coordinador del Comité Revolucionario Cubano de Nueva York. En enero de 1890 fundó la Liga de Instrucción, para que hiciera de escuela en la formación de revolucionarios. Cónsul de Argentina y Paraguay, representó a Uruguay en la 1ª Conferencia Monetaria internacional que tuvo lugar en Washington en 1891. En 1892 creó el Partido Revolucionario Cubano y fundó en Nueva York el periódico Patria.
Del análisis de estos asuntos podemos inferir la tolerancia y el fomento de las sublevaciones por parte de los Estados Unidos, pues resulta de todo punto inconcebible que sin un consentimiento tácito de un gobierno fuerte como el de los Estados Unidos, salieran impunemente de uno de sus puertos más concurridos, expediciones armadas con destino a socavar la autoridad de un país amigo.
Pero resulta evidente que con el fomento de las revoluciones, Estados Unidos aseguraba su intervención.
No obstante, eso no era lo más grave para España. Podremos pensar, a pesar de lo señalado, a pesar de las actuaciones llevadas a cabo desde primeros de siglo, que las autoridades nacionales no tenían conocimiento del asunto. Podemos pensar que eran unos inútiles, que algo hay a tenor de lo que nos cuenta Damián Isern, pero no unos pérfidos. Sin embargo parece que había más de lo segundo, pues aunque tarde, se enteraron de la situación con tiempo sobrado para resolverla, y no hicieron nada por corregirla.

La voz de los peninsulares, que una y otra vez protestaba contra estado de cosas tan vergonzoso, se oyó muchas veces en el Ministerio de Ultramar, pero fue siempre la voz del que clama en el desierto. Ministro hubo que llevaba algunos meses de serlo, y apenas tenia noticia de que hubiese Institutos de segunda enseñanza en Cuba, y no volvía de su asombro; cuando una comisión que le visitó, hubo de hablarle de irregularidades cometidas en la provisión de cátedras del doctorado de la Universidad de la capital de la gran Antilla, y su asombro nacía, según averiguaron los presentes, de que ignoraba que existieran tales enseñanzas en la indicada Universidad. (Isern 1899: 162)

http://www.cesareojarabo.es/2018/09/los-agentes-britanicos-en-el-desastre.html

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