miércoles, 4 de marzo de 2020

De la guerra justa (3)

Por su parte, Sepúlveda, que se señala como defensor de la guerra justa, señala que la misma.


debe ser de necesidad, para que de tal necesidad nos libre Dios y nos conserve en paz, porque no se busca la paz para ejercitar la guerra, sino que se hace la guerra por adquirir la paz. (Sepúlveda)
La paz es, así, la justificación de la guerra. Y la paz exige el imperio de la ley, el respeto por el prójimo, el reconocimiento de la superioridad del bien sobre el mal, y el sometimiento del necio a las directrices emanadas del sabio.

escrito está en el libro de los Proverbios: «El que es necio servirá al sabio.» Tales son las gentes bárbaras e inhumanas, ajenas a la vida civil y a las costumbres pacíficas. Y será siempre justo y conforme al derecho natural que tales gentes se sometan al imperio de príncipes y naciones más cultas y humanas, para que merced a sus virtudes y a la prudencia de sus leyes, depongan la barbarie y se reduzcan a vida más humana y al culto de la virtud. Y si rechazan tal imperio se les puede imponer por medio de las armas, y tal guerra será justa según el derecho natural lo declara. (Sepúlveda)
La acción de España, como en su momento fue la de Roma era, así, el establecimiento de la civilización y del derecho, y como consecuencia, estaba legitimada a llevar la guerra a las gentes que no cumpliesen con el derecho natural, con respeto a la virtud, porque, además, el no llevar a cabo esa actitud belicosa significa, como está quedando manifiesto a través de los tiempos, que quienes si llevarán esa actitud belicosa serán los injustos; ellos serán quienes impondrán sus principios; ellos quienes impondrán la prevalencia del necio sobre el sabio; la barbarie sobre la civilización, el vicio sobre la virtud.
Las Casas trata a los indios como seres perfectos y a los españoles como depredadores sin escrúpulo de ningún tipo:

En estas ovejas mansas, y de las calidades susodichas por su Hacedor y Criador así dotadas, entraron los españoles, desde luego que las conocieron, como lobos e tigres y leones cruelísimos de muchos días hambrientos. Y otra cosa no han hecho de cuarenta años a esta parte, hasta hoy, e hoy en este día lo hacen, sino despedazarlas, matarlas, angustiarlas, afligirlas, atormentarlas y destruirlas por las extrañas y nuevas e varias e nunca otras tales vistas ni leídas ni oídas maneras de crueldad, de las cuales algunas pocas abajo se dirán, en tanto grado, que habiendo en la isla Española sobre tres cuentos de ánimas que vimos, no hay hoy de los naturales de ella docientas personas. (Las Casas. América: 4)
Aparte las barbaridades imposibles que señala Las Casas (tres cuentos… tres millones de personas en La Española, cuando en la “brevísima” dice doce cuentos…y quince… y veinticuatro), los presenta como seres inocentes, “ovejas mansas”, obviando que esas ovejas mansas no eran vegetarianas, sino carnívoras que no dudaban en cocinar a otros humanos, para comérselos.
Ni Sepúlveda ni nadie que circunstancialmente esté de acuerdo con Sepúlveda aprobará que esas “ovejas mansas carnívoras” deban ser eliminadas. Y la legislación en la España imperial entendía que ni tan siquiera fuesen objeto de esclavitud, sino de culturización en los principios humanos, cristianos, de los que era portador el espíritu de conquista.
Así, según Sepúlveda, el fin de la guerra justa es el llegar a vivir en paz y tranquilidad, en justicia y práctica de la virtud, quitando a los hombres malos la facultad de dañar y de ofender.
Y con todos los excesos, con todos los errores y vicios de que pueda llegar a ser capaz un ser humano, los conquistadores españoles pusieron límites a esos otros errores, excesos y vicios que conllevaban daños y ofensas en los aspectos más elementales del ser humano, y que lo liberaban de ser parte del menú de un tercero.



http://www.cesareojarabo.es/2018/09/de-la-guerra-justa-texto-completo.html

0 comentarios :

 
;