domingo, 8 de marzo de 2020

La guerra de los segadores (10)

El asunto convulsionó aún más, si es que acaso podía ser, la vida nacional; por su parte,  el conde Duque asumió como propio el memorando de García Álvarez de Toledo Osorio, marqués de Villafranca, quién aseguraba que “el régimen de libertades había hecho de los catalanes unos vasallos insolentes y, a su parecer, sólo con la fuerza de las armas y una férrea sujeción posterior era posible enderezar aquel estado de cosas…/… para qué, de aquí adelante, no quiten obediencia con tanta facilidad a su Rey y Señor natural. Quíteles V. Majestad todos los privilegios, que si algún tiempo los merecieron como fieles vasallos de sus reyes, agora los han perdido con su inobediencia y rebelión voluntaria. Ponga V. Majestad en libertad la justicia, que no tiene V. Majestad provincia donde más graves y enormes delictos se cometen y menos se castigue que en Cataluña.”  Pero la campaña resultante fue un fracaso, y cuando García Álvarez se negó a iniciar una campaña marítima en el Rosellón, Gaspar de Guzmán ordenó la prisión del marqués.



Pero si la revuelta significó un varapalo para el mantenimiento del orden de la Monarquía, “las consecuencias, mayores en el orden político que en el militar, fueron irrestañables. La brecha de desconfianza que entonces se abrió entre la Corte y Barcelona fue definitiva. El pueblo ignorante o mal intencionado —escribe Grau y Monfalcó— culpaba a los catalanes, por no reconocer la responsabilidad de los castellanos. Los consejeros de Estado y Guerra, fundándose en los informes del duque de Cardona, trataron (aunque no lo llevaron a efecto) de exigir responsabilidades al Principado, por su falta de colaboración a la empresa.”

La contraofensiva se incrementaría en Noviembre. El marqués de los Vélez fue nombrado Virrey de Cataluña, quién llegaría a Tortosa el día 25 de Noviembre, y el mismo día juró su cargo en la catedral, convirtiendo la ciudad de Tortosa en la base de operaciones del ejército del rey Felipe IV en Cataluña.

“Un edicto de perdón que publicó el marqués de los Vélez para los que voluntariamente abandonaran la rebelión y se sometieran al rey, redujo a la obediencia los pueblos de la comarca de Tortosa, sin que sirviera a los catalanes ofrecer a su vez indulto a los que desertaran de las banderas reales, y se retiraran a su país, o quisieran servir a su república.”  El 24 de Diciembre tomaba Tarragona, donde el núcleo de leales era muy importante.

“La rendición de Tarragona causó tal desesperación a los barceloneses, que llenos de furor tocaron las campanas a rebato y se pusieron todos en armas. Habiendo sabido por un cochero que en la casa de la Inquisición había algunos castellanos escondidos, dirigióse allá arrebatadamente el populacho: encontraronse en efecto tres oidores; y estos infelices, después de asesinados por las feroces turbas, fueron arrastrados por las calles hasta la plaza del Rey, donde la plebe barbara los puso todavía para que sirvieran de ludibrio en la horca.”

El marqués de los Vélez había iniciado una incursión hacia el norte, contra su criterio, e instado por las órdenes de Olivares. Acabó sufriendo una derrota en Barcelona, en la batalla de Motjuich. “Con la marcha del marqués de los Vélez y su ejército hacia el norte, las ciudades de Tortosa y Tarragona, que se rindieron a las tropas castellanas de forma pactada y sin resistencia a finales del mes de diciembre de 1640, se convirtieron en unas plazas fuertes indispensables para el controlpor parte del gobierno de Madrid del sur de Cataluña, aunque debemos tener presente que buena parte del territorio de la veguería de Tortosa osciló entre los dos bandos durante toda la guerra.”

Bajo el paraguas francés“En enero, Pau Claris efectuó la proclamación de la República catalana y días después, ante la amenaza que suponían las tropas castellanas que ya penetraban por el sur de Cataluña, se materializó la entrega del Principado de Cataluña al rey Luis XIII de Francia. El 26 de enero de 1641, el marqués de los Vélez fue derrotado por los catalanes en la batalla de Montjuïc.”  Las tropas realistas se vieron obligadas a retirarse hasta Tarragona, que en mayo de 1641 sería sitiada por las tropas francesas, donde el 30 de junio se produciría una batalla naval con la marina francesa y un nuevo asedio que duró hasta el 20 de Agosto.

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