sábado, 14 de marzo de 2020

Las Casas, un payaso al servicio de la corona (9)

Las cosas empeorarían cuando Cortés estaba en Tenochitlán, ya que a socapa de la alianza que pactó con Moctezuma, se gestó una traición en Veracruz, donde los indios acabaron asesinando a unos españoles que, confiados en la alianza, acompañaron a servidores de Moctezuma.

En sus Cartas de relación, Cortés deja perfectamente expresada la situación, pero Las Casas, que demuestra conocer el texto, lo interpreta, como hace con las otras cuestiones, a su aire; obvia la retahíla de traiciones y celadas que Moctezuma hizo a Cortés; obvia que el ejército de Cortés estaba compuesto en porcentajes cercanos al 100% por indios; obvia que estos indios no pudieron entrar en Tenochitlan por expresa imposición de Moctezuma, y obvia la traición que directamente provocó su captura.
Las Casas relata así el hecho, prácticamente calcado del relato hecho por Cortés, salvo en el hecho, significativo por demás, que el plazo del prendimiento de Moctezuma lo reduce, de seis días, a prácticamente la inmediatez.

De Cholula caminaron hacia Méjico, y enviándoles el gran rey Motenzuma millares de presentes, e señores y gentes, e fiestas al camino, e a la entrada de la calzada de Méjico, que es a dos leguas, envióles a su mesmo hermano acompañado de muchos grandes señores e grandes presentes de oro y plata e ropas; y a la entrada de la ciudad, saliendo él mesmo en persona en unas andas de oro con toda su gran corte a recebirlos, y acompañándolos hasta los palacios en que los había mandado aposentar, aquel mismo día, según me dijeron algunos de los que allí se hallaron, con cierta disimulación, estando seguro, prendieron al gran rey Motenzuma y pusieron ochenta hombres que le guardasen, e después echáronlo en grillos. (Las Casas. Brevísima, Indias: 14)

No paró ahí en sus ataques a Cortés, a quién acusa de acosar a los indios y buscar esclavizarlos.

Pasó este gran tirano capitán, de la de Mechuacam a la provincia de Jalisco, que estaba entera e llena como una colmena de gente poblatísima e felicísima, porque es de las fértiles y admirables de las Indias; pueblo tenía que casi duraba siete leguas su población. Entrando en ella salen los señores y gente con presentes y alegría, como suelen todos los indios, a rescibir. Comenzó a hacer las crueldades y maldades que solía, e que todos allá tienen de costumbre, e muchas más, por conseguir el fin que tienen por dios, que es el oro. Quemaba los pueblos, prendía los caciques, dábales tormentos, hacía cuantos tomaba esclavos. Llevaba infinitos atados en cadenas; las mujeres paridas, yendo cargadas con cargas que de los malos cristianos llevaban, no pudiendo llevar las criaturas por el trabajo e flaqueza de hambre, arrojábanlas por los caminos, donde infinitas perecieron. (Las Casas. Brevísima, Indias: 19)

Pero por las leyes dictadas por el propio Cortés, y por la existencia de esclavos marcados en la cara con la “G” de guerra en los bienes que le restaban en la hora de su muerte se puede inferir que lo señalado por Las Casas a este respecto también es falso, porque si bien es cierto que esos esclavos existían, también es cierto que todos eran viejos, procedentes de las incursiones de primera hora.
Lo que es cierto es que la filosofía de Bartolomé de las Casas fue atendida y auspiciada por el Imperio español. Carlos I no fue ajeno a los escritos de de las Casas, siendo que sus tesis, mucho antes que la “declaración universal de derechos”, de corte liberal, tuvieron reflejo en su “declaración y defensa universal de los derechos del hombre y de los pueblos”. Ciertamente, las explicaciones de Las Casas pasan de lo peregrino, sin embargo hay una cuestión que prima incluso sobre las fábulas que cuenta, y que primaron también sobre el Emperador: Lo primero era la defensa de los derechos del indio.
Y para ello se tomaron medidas jurídicas con todas las consecuencias. Pero después de todo, ¿es justificable la acción de Bartolomé de Las Casas? ¿No es suficiente la denuncia veraz?, ¿No basta con la pléyade de defensores honestos del indio que adornan la conquista?
Parece que el ardor de Bartolomé de las Casas hubiese estado mejor dedicado a otros objetivos, puesto que resulta evidente, a la vista de la relación de fuerzas existente en el momento de la Conquista que los conquistadores se apoyaron mucho en la fe cristiana en las distintas conquistas, lo que causó su triunfo.


Texto completo en http://www.cesareojarabo.es/2018/08/las-casas-un-payaso-al-servicio-de-la.html

0 comentarios :

 
;