viernes, 20 de marzo de 2020

Siguiendo con la guerra de Sucesión (XXVII)


Pero el retraso de Luis José de Borbón, duque de Vendome, que había sido designado Virrey de Cataluña,  acabaría siendo definitivo, porque falleció en Vinaroz el 11 de Junio de 1712, víctima de un atracón de langostinos. Le sustituiría el príncipe de Tilly.



Paralelamente, en esas mismas fechas se firmaban los acuerdos de Utrecht, en esencia un pacto entre Francia e Inglaterra y contra la voluntad del archiduque, que reforzó con tropas alemanas su presencia en la parte de Cataluña que permanecía bajo su poder. Sitió Gerona, de donde finalmente fue rechazado el 15 de diciembre de 1712, retirándose a Barcelona. Pero la suerte estaba echada, y las tropas austracistas evacuaban Barcelona a pasos acelerados. Staremberg renunció al título de Virrey mientras la Diputación nombraba capitán general a Antonio Villarroel, que hasta 1713  había luchado a favor de Felipe V, con el fin de continuar la guerra. La práctica totalidad del territorio peninsular estaba bajo control de Felipe V. Quedaba sola Barcelona en el intento aunque, presumiblemente, y como nos recuerda Nicolás de Jesús Belando, con promesas de éxito emanadas de quienes estaban interesados en la paz escrita y en la guerra real.

La sensación de inseguridad lo embargaba todo. Asegura Nicolás de Jesús Belando que “muchas perfonas prudentes, con maduro juicio, fe falieron de Barcelona, y fe fueron a Gerona, y à diferentes lugares; otras, por menos cuerdas, fe embarcaron para Italia; y à otras que querian falir para aprovecharfe del perdon, que benignamente concedia el Rey Catolico, no lo permitian los Rebeldes, que llevaban la cofa de mal en peor”.

Señala Andés Cassinello que “en agosto de 1713 se produjo el último intento de los barceloneses por romper el cerco al que estaban sometidos. El diputado militar Antoni Francesc de Berargues y el general Nebot, al frente de 1.000 soldados de caballería y 500 de infantería, se embarcaron en dirección a Arenys de Mar y desde allí recorrieron las comarcas catalanas, siempre perseguidos por las tropas borbónicas. Fue una campaña cruel, que acabó el 5 de octubre con el ingreso en una prisión de Barcelona del mismo Nebot. La incursión no logró el apoyo de la población, pues además de hostigar a las tropas borbónicas, tenía la misión de recaudar las contribuciones atrasadas.”

Mientras Nebot llevaba su campaña de hostigamiento que era repudiada por las poblaciones, éstas iban acogiéndose al perdón ofrecido por Felipe V. Pero señala Nicolás de Jesús Belando que el 20 de Octubre de 1713 “aportò a la Barra de Barcelona un grande Comboy, compuefto de treinta embarcaciones, que iban defde Mallorca, conduciendo dos mil Soldados de todo género de Naciones, cuyo focorro renovò enteramente el contagio de la revolucion, y aumentò el defatinado empeño de los de Barcelona.”

Y es que tampoco Mallorca conoció la paz de inmediato, ya que el comandante alemán se negó a entregar la plaza.  Y la incompetencia de quienes detentaban un simulacro de poder en España impedía que se exigiese el cumplimiento del tratado de Utrecht entregando a las fuerzas de Felipe V las fortalezas y las plazas fuertes. Parece evidente que lo pretendido por los firmantes del tratado era, como poco, que sucediese lo que acabó sucediendo en Barcelona. No en vano llevaban medio siglo barajando las posibilidades del desmembramiento de España.

Contaban que la terquedad histórica de la raza hispánica jugase a su favor, pero a lo que se ve no contaban con que, en medio del desastre nacional, los tercios de Flandes y de Sicilia se habían quedado inoperativos por la cesión de soberanía, por lo que fueron trasladados a Barcelona, y en marzo de 1714 se iniciaba un bombardeo de la ciudad que se paralizó como consecuencia de iniciarse las conversaciones del tratado de Rastadt.

Por su parte, el marqués de Poal, para enero de 1714 había organizado somatenes y migueletes, iniciando una guerra de guerrillas que significaba un gran desgaste. Indica Andrés Cassinello que “ambos bandos lucharon con extrema crueldad. Los borbónicos incendiaron Balsaremy, Torelló, Prats de Lluganes, Oristá, Sallent… entre otros. Pero los somatenes no le fueron a la zaga: en Oristá y Balsareny fueron degollados 700 y 500 soldados borbónicos. Otros 600 soldados de los regimientos de León, Niewport, Ostende también fueron degollados por los somatenes después de rendir sus armas. A su vez, 100 de esos somatenes fueron ahorcados o enviados a galeras. El párroco de Arbucias también fue señalado como jefe de estos somatenes.”  Pero la acción de estos somatenes declinó rápidamente y Nebot se entregó a las tropas borbónicas, mientras se constituían partidas de bandidos, contra las que acabaría constituyéndose el cuerpo de mozos de escuadra.

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