sábado, 25 de abril de 2020

Los agentes británicos en el desastre del 98 (y 6)

En septiembre de 1851 una nueva conspiración contra España  se gestó en Cuba bajo la dirección de Francisco Frías, cuñado de Narciso López.

El conde de Pozos Dulces era el instigador principal de esta revuelta. Siendo descubierto, fue deportado a la Península, donde continuó con su actividad.

Siendo entonces Presidente de los Estados Unidos Mr. Pierce, le fué dirijida una petición por los anexionistas en la que reclamaban su apoyo para apoderarse de Cuba. Es de notarse que tal petición estuviera secundada por algunos senadores americanos. (Mendoza 1902: 24)

En 1854, una nueva expedición filibustera comenzó a pergeñarse: la del general Quitman.
Como respuesta, el Capitán General Juan de la Pezuela administró unas medidas ejemplares: El 22 de marzo de 1854, amnistió a todo el que hubiese tomado parte en conspiraciones, rebeliones o invasiones.
Concha, Serrano, Dulce, Lersundi, Manzano, ocuparían el cargo de Capitán General durante los siguientes años, sin que la actuación desmereciese la de Pezuela. El 30 de noviembre de 1866 era tal la situación que el general Manzano escribía al ministro:

Imposible es, Excmo, señor, al hablar de una conspiración cuya dirección principal y activa está en los Estados Unidos de donde habrán también de salir las expediciones filibusteras, como ha sucedido en otras épocas, dejar de preguntar cual será la actitud probable de aquella vecina república en el caso de realizarse los planes que motivan esta comunicación. (Pirala 1895: 235)

Pero nada más se hacía al respecto, salvo preguntarse cual sería el siguiente paso, fácil de prever gracias a los constantes avisos que no podían pasar desapercibidos ni a Manzano ni al gobierno, que dos meses y medio antes de esa comunicación de Manzano tuvieron noticia de la proclama anti española emitida en Nueva York.

El 10 de Septiembre publicó el comité revolucionario de Nueva York una proclama fechada en Cuba el 16 de Julio, que terminaba con estas Palabras: «Viva Cuba libre. Viva Puerto Rico libre y muera España para siempre en América.» (Mendoza 1902: 31)

Todo parecía acelerase en previsión de una situación, la de la “la gloriosa” de 1868, de la que, si bien no podía entreverse el cómo y el cuando, era manifiesto que todos estaban laborando para que se produjese. El momento, como es lógico vislumbar, sería septiembre de 1868. Hasta entonces, la actuación estaría encaminada a tomar posiciones para actuar, por lo que a mediados de diciembre de 1867 se reunieron en Nueva York los miembros de la junta separatista. Su objetivo, provocar un alzamiento para finales del año siguiente, curiosamente cuando acabaría produciéndose “la septembrina”, o “la gloriosa” en la península. Tal vez sólo era una coincidencia que coincidiese la previsión con la actuación de Topete y de Prim…

D. Manuel Macías propuso dar principio á la revolución en Puerto Rico, antes que á la de Cuba, y D. Domingo Goicouría ofreció un cargamento de armas que iba á recibir de los Estados Unidos. Según comunicaciones que se leyeron, D. Miguel Aldana y Morales Lemus debían dar el grito en Cuba en Septiembre ó en los primeros días de Octubre próximos.
Debido á la complacencia de las autoridades se propalaba en público la causa de la libertad. En las reuniones, en los cafés, en los clubs y periódicos se hacía ostentación de los proyectos, se discutían los planes y hasta se celebraban los triunfos, que tenían por seguros los conspiradores. (Mendoza 1902: 31)

Llegaría la Guerra de los Diez años, llegaría la Guerra Chiquita… y en 1893, el Capitán General Emilio Calleja Isasi mandaba instruir expedientes… a las autoridades de la isla que denunciaban movimientos separatistas. No es de extrañar que el general Calleja fuese tan bien recibido en los ambientes separatistas que los periódicos subvencionados por los usenses, que no tenían ninguna cortapisa para hacer proclamas separatistas, escribiesen de él semblanzas laudatorias.
En contrapartida, y con el inicio de la guerra que acabaría en 1898, en febrero de 1895, Calleja telegrafiaba a Madrid quitando toda importancia al asunto…

á raíz del grito de Baire, la autoridad superior de aquella isla telegrafiaba casi á diario al Gobierno, quitando toda importancia á la insurrección, y diciéndole que no necesitaba ni una peseta ni un hombre más, porque nada significaba lo ocurrido. Triste era que telegrafiase en tales términos el general Calleja, pero era peor que obrase en consecuencia. En efecto, dice un testigo presencial: «El general no hacía nada por reprimir lo que en un principio pudo ahogarse con poco esfuerzo. En esta época puede decirse que no había enemigos de España en los Estados Unidos, ni había prensa filibustera en aquel país, pero no los había porque todos se habían instalado en La Habana y otras poblaciones de la isla. (Isern 1899: 289)

http://www.cesareojarabo.es/2018/09/los-agentes-britanicos-en-el-desastre.html

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