lunes, 25 de mayo de 2020

1868-1898 GUERRAS SEPARATISTAS EN CUBA (3)

Los firmantes del “grito de Yara”, con un importante apoyo en las provincias de Camagüey y Oriente, iniciaban una guerra civil, que acabaría pasando a la historia como la “Guerra de los Diez Años” con el asesinato de un recaudador de impuestos.



Es de destacar la actitud del general Lersundi, gobernador de la isla, cuya indecisión posibilitó que los rebeldes venciesen a la guarnición de Bayazo el 18 de octubre, lugar donde instalaron su primera capital, y desde donde obtuvieron sucesivas victorias sobre varios destacamentos enviados por el capitán general, que contaba con un ejército compuesto por 8.350 soldados del ejército regular, de los que la cuarta parte, por enfermedad, no estaban disponibles, y siendo que los presupuestos generales de 1867 señalaban una fuerza de 20.809 hombres, y unos 35.000 voluntarios.
¿Dónde estaban los 13.000 hombres que faltan en las cuentas?

A partir del 10 de octubre de 1868, con el acto insurreccional de La Demajagua, la escaramuza de Yara, el alzamiento en diversos puntos de Oriente y la toma de Jiguaní, Baire y otros lugares, la guerra se extendió como un incendio por los cañaverales. Carlos Manuel de Céspedes marchó sobre Barrancas y atacó Bayamo, que fue ocupada por los insurrectos al rendirse el gobernador, coronel Julián Udaeta. (Arrozarena 2012: 18)

Las fracasadas expediciones de Lersundi posibilitaron que las fuerzas de la insurrección se incrementasen con nuevas aportaciones, unos, abducidos por las proclamas separatistas, y otros, forzados, lo que posibilitó que la insurrección tomase fuerza a primeros de noviembre.

Los hermanos Cisneros Betancourt, los tres hermanos Roza. Augusto Arango, los tres hermanos Agramonte, Ignacio Mora, junto a otros muchos, se unieron a la insurrección el 4 de noviembre de 1868. A estos pronto se sumaron otras destacadas figuras locales, como Mala, Argilagos, Varona, Silva, etc. La insurrección crecía en tamaño e importancia por momentos. (Togores 2010)

Por otra parte, Lersundi era conocedor de los movimientos de los filibusteros por informaciones que le llegaban, tanto del gobierno español como de informadores de Estados Unidos y de México, pero el 28 de septiembre, emitía telegrama al ministro de Ultramar desmintiendo esos extremos y asegurando que esas informaciones obedecían a un fin político.

me consta, por más que otra cosa se diga, que hoy por hoy los revolucionarios no encuentran dinero, ni tienen buques, ni se hacen aprestos de ningún género para llevar á cabo sus planes, cuya realización inmediata vociferan en todos los tonos y de todas maneras, debo creer que se obedece aquí á un pensamiento utilitario más que á un próximo fin político.(Pirala 1895: 159)

Y dos días después, escribía  al ministro de Ultramar

que el orden en Cuba era inalterable, que la sorpresa causada por los acontecimientos de la Península, había cesado al publicarse los telegramas el gobierno, y que nada haría creer que la marcha tranquila de aquel país se perturbase, porque los Estados-Unidos, de quienes más debía temerse, se hallaban muy ocupados con la elección presidencial. (Pirala 1895: 238)

Una confianza que había desaparecido tan sólo un mes después, cuando el 28 de octubre de 1868 enviaba un telegrama al ministro de la Guerra en el que, explicando la situación declaraba:

esta isla se pierde si se asimila á todo lo que hoy se establece en la Península y mi lealtad y patriotismo me obligan á consignarlo así para el día en que tenga que responder de mis actos ante mi país y ante la historia. (Pirala 1895: 285)

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/05/1868-1898-guerras-separatistas-en-cuba.html

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