domingo, 24 de mayo de 2020

El amargo sabor del azúcar (4)

Esa asociación de intereses, o de subordinación vil provocó que en la última década del siglo XVIII Cuba se viese convertida en la primera productora mundial de azúcar… Con el consiguiente beneficio reportado a los capitales británicos, lo que propició la masiva importación de esclavos.



Según un informe del Consulado de La Habana en los años comprendidos entre 1789 y 1802 entraron en Cuba 65.745 esclavos y de ellos se dedicaban al cultivo de la caña 25.000. (García Fuentes 1976: 49)

Pero esas cifras quedarían pequeñas en comparación con lo que había de venir, ya que la introducción de mano de obra esclava durante el siglo XIX fue especialmente significativa. Parece como si la nueva colonia británica (la España peninsular) quisiese borrar las glorias de la España Imperial, con la que nada tenía en común, en el menor espacio de tiempo posible.

Entre 1780 y 1873 se importaron 841.200 esclavos a Cuba, siendo que hasta entonces habían sido introducidos no más de 80.000. (Castellanos 1988: 137)

Y uno de los motivos que ocasionó ese tráfico masivo fue que esa importación de mano de obra esclava estaba en gran parte limitada a esclavos varones, con lo que se ocasionó un grave desequilibrio de sexos desconocido hasta el siglo XIX, y que estaba motivado por la teoría económica que sustentaba el principio de la economía de plantación.
La importancia de la cuestión queda marcada en el análisis poblacional del momento, en el que se observa la diferencia existente entre los esclavos urbanos, que podemos identificar como anteriores a la política económica de plantación, y los esclavos rurales, que son los que eran importados en esos momentos.

En 1855, el 63,4% de los esclavos del campo eran varones y el 36,6% eran hembras; mientras que en esa misma fecha los varones eran el 47,5% y las hembras 52,5% entre los esclavos urbanos. (Castellanos 1988: 140)

En ese desarrollo de la economía de plantación es destacable la figura de Francisco Arango y Parreño, anglófilo, ministro que fue del Consejo de Indias; se formó en las plantaciones esclavistas británicas con el objetivo supuesto de recopilar información que pudiese ayudar a Cuba a establecer su industria azucarera, y planteó al gobierno lo que consideraba necesario para la expansión de la industria azucarera:

Había que rebajar los costos (el costo de los utensilios y el de los negros que los trabajaban) y, además, había que aumentar la productividad de la mano de obra esclava, gastando menos en mantener los negros y buscando medios para hacerlos trabajar más. Como si eso fuera poco, el discurso agrega que era preciso intensificar progresivamente la represión contra los negros esclavos y limitar las escasas prerrogativas obtenidas por los negros y mulatos libres. (Castellanos 1988: 122)

Muestra fiel de su adscripción a los principios británicos. Muestra que, acorde siempre en la subordinación a los intereses foráneos, pocos años después no le impediría formular el “donde dije digo, digo Diego” cuando en 1820, siguiendo la actuación de Inglaterra, y de la noche a la mañana, pasó de ser el adalid del esclavismo al adalid del anti esclavismo.
Pero en esta época, Inglaterra estaba interesada en el desarrollo de la industria azucarera en Cuba, entre otras cuestiones porque la situación política y social de las colonias en el Caribe apuntaba una situación en la que era previsible determinar que los intereses económicos británicos se iban a resentir de manera sensible.
Por ese motivo se observará en Cuba un importante crecimiento de las explotaciones azucareras que mantendrían sus respectivos ingenios o trapiches a base de la utilización de esclavos africanos.
Y a Inglaterra le interesaba especialmente Cuba, sobre todo por las condiciones sociales de los esclavos, que, a pesar del manifiesto deterioro que habían sufrido desde 1762, seguían siendo envidiables para los esclavos de las posesiones francesas y británicas en el Caribe, todo lo cual hacía posible predecir la paz social que en esos momentos estaba rota en Haití y anunciaba su ruptura en el resto de las posesiones esclavistas británicas y francesas.
Con esos precedentes, en 1797 se utilizó por primera vez la máquina de vapor y la energía hidráulica en un trapiche cubano. Su generalización se produciría en los años 20 del siglo siguiente. La producción masiva dejó sus cifras para la historia.


Texrto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/12/el-amargo-sabor-del-azucar-texto.html

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