viernes, 8 de mayo de 2020

La guerra de los segadores (11)

Poco más tarde moría Pau Claris, a finales de 1641, y la Generalidad proclamó conde de Barcelona y soberano de Cataluña al rey Luis XIII de Francia.



Por otra parte, los problemas que habían presentado los catalanes frente a los requerimientos del Imperio en lo relativo a la leva de tropas requeridas para su propia defensa volvían a surgir, con el mismo carácter, ante las exigencias del invasor francés que, en ese sentido, les exigía lo mismo. “Los catalanes no mostraban mejor disposición a aceptar el servicio militar para defenderse contra Castilla que la que habían mostrado para defenderse de Francia. Así, el 24 de septiembre la Diputació dirigió a París una petición formal para conseguir la protección y ayuda militar de Francia. En octubre firmó un acuerdo con ese país, por el cual permitía que barcos franceses utilizaran puertos catalanes y se comprometía a pagar el mantenimiento de 3.000 soldados que Francia enviaría a Cataluña.”

Por supuesto, Richelieu “recibió con mucho agasajo al enviado de Cataluña, Francisco Vilaplana, y sin entrar en los pormenores y circunstancias de la manera como el astuto cardenal supo continuar estas negociaciones con el monarca francés y con los embajadores catalanes, y del modo como disculpaba que el soberano de una gran nación se declarara protector de los rebeldes y sediciosos de otra, baste decir que dieron por resultado el ofrecimiento por parte del rey cristianísimo, de dos mil caballos y seis mil infantes pagados por la generalidad de Cataluña, con los oficiales y cabos que le pidiesen, mediante tres personas por cada uno de los tres brazos que Cataluña le daría en rehenes, y no pudiendo los catalanes hacer paces con su rey sin la intervención y el consentimiento del de Francia.”  Pero, por supuesto, surgirían los mismos problemas en cuanto al alojamiento de las tropas. La cuestión es que España se enfrentaba a acontecimientos similares a los de los Paises Bajos; con una diferencia: en esta ocasión nadie podría salir victorioso, salvo Francia.
“Para Francia, Cataluña era una pieza clave en el enfrentamiento con la monarquía hispánica. De esta manera se abría un nuevo escenario de conflicto situado en                       la propia península. El apoyo a Cataluña era para los franceses una forma de poner más presión a Felipe IV en su enfrentamiento para la hegemonía europea y la posibilidad de incrementar el territorio de dominio francés…/… El grupo dirigente catalán fue desplazado. Pau Claris murió en 1641 y los otros diputados, Tamarit y Quintana fueron desplazados por sus reticencias a la política francesa…/… La administración francesa se mostró más interesada en defender los intereses que el levantamiento catalán proporcionaba a la causa borbónica que a defender los derechos firmados con los catalanes.”
Pronto empezó la represión contra los catalanes que se negaban a dejar de ser españoles, en cuya labor destacó el bandolero Margarit, especialmente en el verano de 1642, procediendo a la confiscación de los bienes de los encausados. Margarit se apropió de de la segunda hacienda más importante de Cataluña, la de los Moncada, que reportaba 75.000 libras de renta anual.

En cuanto a los intereses estrictamente militares, “después de la dolorosa derrota del marqués de Los Vélez en la batalla de Montjuïc (26 de enero de 1641) y de la posterior retirada del ejército real a la plaza de Tarragona, la prioridad militar del gobierno de Madrid se centró en salvar la antigua Tarraco del asedio que por tierra y por mar la sometieron las tropas francocatalanas del mariscal La Mothe y los navíos del almirante Henri de Sourdis, arzobispo de Burdeos.”

Por otra parte, y aprovechando el río revuelto que estaba ocasionando la situación, se produjo la revuelta secesionista de Portugal, cuyos responsables enviaron embajadores  en enero de 1641 a los sublevados de Barcelona. La misión había sido encargada  a un clérigo, el P. Ignacio Mascarenhas. “Su misión pone de manifiesto un intento de alianza en tres puntos: entablar contacto con los soldados y nobles portugueses, que finalmente habían acudido con el ejército castellano a la ‘Jornada de Cataluña’, para que regresaran a su país; la marcha del propio Mascarenhas a Francia con las peticiones de la Diputación del Principado para conseguir auxilios del rey francés; y en tercer lugar, un embajador de Cataluña llegará a Lisboa a fines de marzo en solicitud de ayuda.”  La misión tuvo resultado diverso, ya que muchos destinatarios de las misivas, lejos de sumarse a la conjura dieron parte a sus superiores.

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