miércoles, 20 de mayo de 2020

Siguiendo con la guerra de Sucesión (y XXVIII)

Mientras crecía la presión sobre la carga de profundidad dejada por quienes llevaban décadas tratando sobre el descuartizamiento de España, en Europa la guerra continuaba entre Austria y Francia. El emperador Carlos planteó un congreso en Rastadt donde Luis XIV negoció a costas de España, renunciando a apoyar a su nieto.



Poco iba a significar la firma del nuevo tratado para la situación creada en Barcelona, y eso también debían saberlo los aliados. Tras la firma del tratado de Rastadt, el 6 de marzo de 1714, Luis XIV envió un ejército de 20.000 hombres al mando del duque de Berwick, destinado a la sumisión de Barcelona, al tiempo que Inglaterra enviaba una escuadra que, destinada a bloquear la ciudad, llevaba instrucciones de no ejercer el bloqueo, con lo que se repetía la actuación llevada en el momento de la evacuación de tropas.

Mientras, los agentes de la resistencia barcelonesa (y posiblemente agentes británicos), procuraban encender la guerra en apoyo de la Barcelona sitiada, pero según señala Germán Segura, “todas las tentativas de movilizar las poblaciones en contra de Felipe V y aligerar de alguna manera el cerco sobre Barcelona tuvieron poca fortuna. Solo a principios de 1714 la imposición de un subsidio para el mantenimiento de las tropas borbónicas produjo un alzamiento general en diversas comarcas catalanas, movimiento que no tuvo ninguna conexión con Barcelona y que acabó siendo sofocado gracias a la actividad de Bracamonte, Vallejo o Carrillo.”

Es en estos momentos cuando la resistencia barcelonesa redactó el manifiesto titulado “Crisol de Fidelidad”, en el que, además de afirmarse en su lucha por las libertades de España, finaliza con una afirmación que ocultaba alguna promesa desconocida; la misma que posibilitó la “desobediencia” de miles de soldados austracistas que permanecieron en Barcelona cuando iban a ser evacuados y el incumplimiento en caliente de los términos del Tratado de Utrecht: “ Tened por cierto que no nos faltará nuestro soberano en suministrarnos prontas y seguras asistencias, según el poder de su Cesárea Diadema, y que en el seno excelso de su amor ocuparemos el lugar de primogénitos, pues cuando no lo merezcamos de justicia se lo mereceremos de gracia, Respiremos con la confianza de que lo veremos en España, Vencedor invicto de Galicanos:
PARA QUE CORONADA SU AUGUSTA FRENTE CON EL LAUREL CESÁREO, Y ORLEADO SU MANTO REAL DE BARRAS, CASTILLOS Y LEONES, SIEMPRE VIVA, SIEMPRE TRIUNFE, Y SIEMPRE REINE.”

El 7 de Julio de 1714 llegó a Barcelona el ejército del duque de Berwick, que quedaba como comandante de todas las tropas. Germán Segura señala que “las tropas sitiadoras se elevaron entonces a 40.000 hombres, mientras que dentro de la ciudad había poco más de 10.000 combatientes.”

Paralelamente se tomaban otras medidas tendentes a la pacificación. Andrés Cassinello señala que, “nombrado capitán general de Cataluña, como ya se ha señalado, el duque de Pópoli publicó en nombre del Rey un perdón general y el olvido de todo lo pasado para quienes volvieran a la obediencia de Felipe V y se presentaran ante su persona para prestarle homenaje, lo que hicieron los habitantes de Vich. El 29 de julio envió un mensajero a Barcelona, advirtiendo que si la ciudad no abría sus puertas, sometiéndose a la obediencia de su legítimo rey y acogiéndose a su perdón, se vería obligado a tratar a la ciudad con todo el rigor de la guerra, pero sus autoridades le respondieron que estaban decididos a resistir.
Pópoli se trasladó a Hospitalet de Llobregat, comenzando el sitio de Barcelona el 25 de agosto. Barcelona era una ciudad circundada por una muralla abaluartada de gran solidez, además de contar en sus inmediaciones con la fortaleza de Montjuich. Su puerto quedaba fuera del alcance de los fuegos de los sitiadores, lo que aumentaba sus posibilidades de resistencia, asistida casi continuamente por los socorros enviados desde Mallorca.”

A partir de la llegada de Pópoli se inició un bombardeo de la ciudad, y el 6 de Septiembre de 1714 Villarroel presentó la dimisión al considerar que no se tenían en cuenta sus consejos y que se pasaban por alto las reglas militares. Se reincorporaría al mando el 11 de Septiembre. Ese mismo día, “el Consejo de Ciento publicó todavía un bando para pedir un último esfuerzo a los defensores a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España”.

Todo acabó con un asalto generalizado el día 11 de Septiembre, dando lugar a una feroz lucha calle por calle y casa por casa hasta que la razón de la fuerza se impuso sobre cualquier otra consideración. Los caudillos más destacados, Antonio de Villarroel, Armengol Amill…, serían condenados a pena de cárcel. Día aciago para la Patria.

Las ofertas de Pópoli no habían sido aceptadas y la represión tomó cuerpo, si bien José González Carvajal señala que “las vidas y propiedades de los habitantes fueron conservadas, pero veinte jefes, entre ellos Villarroel, Armengol, el marques de Peral y Nebot fueron encerrados sin limitacion de tiempo en el castillo de Alicante. El obispo de Albarracin y 200 eclesiásticos fueron desterrados á Italia; los oficiales subalternos quedaron en libertad de volver á sus hogares prestando juramento de fidelidad al rey; las banderas de la ciudad fueron públicamente quemadas y la ciudad perdió sus privilegios.”

El 2 de julio de 1715 fueron conquistadas Palma e Ibiza, y se intentó recuperar los territorios italianos.

Muerto el emperador Carlos VI el 20 de octubre de 1740, se produjo un nuevo enfrentamiento: por una parte, Francia, España, Prusia y Baviera, en contra de Maria Teresa de Austria, y Austria, Inglaterra, Holanda, Rusia y Saboya, a favor.

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