jueves, 18 de junio de 2020

Antonio Pérez, el primero entre los traidores (XXVIII)

“Poco tiempo necesitó la penetración del ex−Secretario de Estado para darse cuenta exacta de la política del reino, oyendo á uno de los que más la influían. El Conde de Essex, joven, impetuoso, popular, favorito de la Reina Isabel, en asuntos de gobierno tenía balanceada la influencia por la circunspección de los Consejos del lord Tesorero Cecil, barón de Burghley, antiguo y experimentado Ministro. Mientras el primero, deseoso de fama, procuraba el principio de una campaña ofensiva contra Felipe II, en estrecha unión con Francia, Cecil quería medir la asistencia que se diera á Enrique IV, por las ventajas positivas que produjera á cambio; y como precisamente por entonces, casi vencida la Liga, había abjurado el Príncipe de Bearne, aspirando á concluir con la conquista de la opinión lo que no había logrado del todo con las conquistas de las armas, Burghley pensaba no haber razón que aconsejara otros procedimientos que los apropiados á entretener la guerra en Francia y en los Países Bajos, alejándola de Inglaterra.”



Antonio Pérez, por su parte, y “por mediación del conde de Essex obtuvo una pension de ciento y treinta libras”  procedente del tesoro británico.

El último servicio que prestó a los enemigos de España fue servir de bufón “español” en las cortes francesa y, sobre todo, inglesa.

Presumía Perez de No recibir emolumentos de las cortes extranjeras, si bien es conocido que tanto Francia como Inglaterra le pagaron pensión, y también recibieron dinero los otros traidores que le acompañaron, entre los que destacan Martín de Lanuza y Manuel Donlope. Sus benefactores: Enrique IV de Francia e Isabel I de Inglaterra, que no obstante, acabaron firmando un tratado el 10 de Mayo de 1586 sin que Pérez fuese intermediario. Desengaño cuya amargura apagó en casa del conde de Essex, organizando el asalto de Cádiz a cargo de una armada de 150 naves inglesas con el apoyo de los rebeldes de los Paises Bajos.

En Francia pronto pasó de ser el exiliado triunfador a mostrarse “Exasperado, insufrible en el trato, encerrado en la casa de Coucy, negándose á ir con Enrique IV á la Fere, con pretexto de una caída sobre el hielo, desataba la lengua contra la informalidad de los franceses, que al parecer pretendían hacer con él lo que con un limón, que se arroja después de exprimido, á más de entorpecer sus asuntos y retrasar el pago de la pensión que le habían señalado.”

Pero si en Francia estaba cayendo en picado, todavía era tenido en cuenta en Inglaterra, donde se tramaron una serie de acciones de envergadura. El pirata Drake destruyó la armada española de Cádiz en 1587, y en 1588 se produjo el desastre de la Armada “Invencible”. Después de esto, y como réplica a la “Invencible”, Inglaterra organizó en 1589 la invasión de España que debía ser llevada a cabo por una armada al mando de los piratas Drake y Honréis sobre Santander, la Coruña y Lisboa, para lo que contaban con la colaboración de Antonio de Crato, pretendiente a la corona portuguesa. “La operación acabó en una total derrota sin precedentes para los ingleses y constituyó un rotundo fracaso de dimensiones comparables a las de la famosa Armada Invencible española. A raíz de este desastre, el que había sido hasta entonces héroe popular en Inglaterra, Sir Francis Drake, cayó en desgracia.”

Don Martín de Padilla y don Juan de Portocarrero, al mando de una escuadra de galeras, y tras la campaña de Lisboa, acosaron y derrotaron al pirata Drake, que comandaba una escuadra muy superior compuesta de ágiles veleros. La “contra-armada” inglesa acabó en una gran derrota a Inglaterra y al traidor Antonio Pérez, a manos de la Armada Española.

La guerra se desarrolló durante 19 años (1585 a 1604), con frentes en España, Inglaterra, Francia, Irlanda, Países Bajos, y posiciones españolas a ambos lados del Atlántico. El tratado de Londres del año 1604, que ya no contó con la presencia de Antonio Pérez, puso fin a esta guerra y determinó el predominio de España en los mares.

La muerte de los piratas Hawkins y Drake en 1595 y 1596 en sus intentos por invadir Puerto Rico fue provocada por la acción, no del temporal, sino de D. Bernardino de Avellaneda, quién derroto a los piratas significando un duro golpe para Inglaterra y un respiro para España.

Por su parte, Antonio Pérez se estaba convirtiendo aceleradamente en un bufón; ya no era despreciado sólo en Francia: “Lástima tengo de vuestro hermano, viendo que le acompaña en casa y en el coche ese Pérez, sanguinario, vanidoso, profano, dilapidador. Temo que semejante compañía desvíe la bendición del Señor Dios... Un  miserable como él no puede llevar otra mira que vivir á expensas de Francisco”  Tal decía la madre de Francisco Bacon a su hermano Antonio. En Francia no era mejor su situación, siendo que el origen de sus desdichas era él mismo, agobiado por sus recelos hacia todo el que le rodeaba. No obstante, según el mismo Pérez, “El Rey se le quejaba de que tuviera á Inglaterra más afecto que á Francia; pedíale con abrazos y besos que no le dejara, asegurando que en ninguna parte estaría más seguro que á su lado” .

“Desde su vuelta á Francia, recibia una pension de cuatro mil escudos y se le habia insinuado se le nombraría consejero privado, agraciándosele además con el collar de la orden del Espíritu Santo.”

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/10/antonio-perez-el-primero-entre-los_9.html

0 comentarios :

 
;