miércoles, 10 de junio de 2020

La esclavitud en España. Generalidades (3)

No obstante, no se vería una importación considerable de mano de obra negra hasta 1518, cuando Carlos I, cediendo a las presiones de Fray Bartolomé de las Casas, autorizó un  primer contingente de cuatro mil africanos, para cuya labor encargó a Lorenzo de Garrevod, que pronto vendió las licencias para hacer dinero rápido, conforme a lo que hacían los valones de la corte de Carlos.

Parte de este contingente de esclavos no quedaría en La Española, ya que en 1526, Lucas Vázquez de Ayllón, que se dedicaba a encontrar un camino para alcanzar las Islas de las Especias, exploró los estados de Virginia y Carolina del Norte, donde trató de establecer una colonia con la ayuda de 100 esclavos negros. Fueron los primeros negros que entraban en lo que iba a ser Estados Unidos.
Pero pronto habría en América otros puntos de destino para la esclavitud procedente de África, ya que en 1531 Portugal daba comienzo a la colonización de Brasil.
¿Y quién hacía uso de esta mano de obra esclava? Sencillamente todo aquel que podía: europeos ricos y pobres, indígenas ricos y pobres… negros y mulatos libres… Todos deseaban mostrar su alcurnia poseyendo esclavos. La esclavitud no era tenida como algo inaceptable. Algo impropio sí, a la vista del volumen de las manumisiones y del manifiesto declive que marcaba el hecho esclavista hasta el momento de cambio de dinastía primero y de pérdida progresiva de todo norte en el proceso de desmontaje de la Monarquía Hispánica iniciado incluso antes de la Guerra de Sucesión, pero algo que daba cierto relumbrón y la posibilidad de tener la gloria de manumitir a alguien.

Juan Garrido, ex esclavo nacido en África oriental y convertido al cristianismo en Portugal, participó en las expediciones de conquista de Puerto Rico y la Florida y tal vez fue el primer africano que llegó con Hernán Cortés a estas tierras. Garrido fue pregonero, portero y guardián del acueducto de Chapultepec. Se le atribuye haber sido la primera persona que plantó trigo en el Nuevo Mundo y algunos historiadores sostienen que se le otorgó un terreno dentro de la nueva traza de la Ciudad de México, privilegio del que sólo gozaban los españoles. (Velázquez 2012: 59)

Pero el caso de Juan Garrido no es un caso aislado, pues fueron bastantes los conquistadores de  América que eran de raza negra y que, tras las empresas de colonización, ocuparon diversos oficios en los ayuntamientos e incluso llegaron a ser poseedores de encomiendas, las mismas que eran combatidas por Bartolomé de las Casas, quién proponía que el trabajo de los indios en las mismas fuese sustituido por el trabajo forzado de esclavos negros.
Era, sin lugar a dudas, los signos de los tiempos, y tener un esclavo no era pecado mortal siempre que el trato dispensado fuese humanitario.

Los miembros de la corte española, la nobleza y los comerciantes, los miembros del clero y los panaderos poseían, generalmente, uno o dos esclavos cada uno y, en el caso de los nobles, muchos más. El duque de Medina-Sidonia, por ejemplo, tenía noventa y cinco esclavos en 1492, muchos de los cuales eran musulmanes y casi cuarenta eran negros. En España, en el año 1490, debe de haber habido aproximadamente 100000 esclavos. Sevilla era la ciudad con mayor número. Algunos esclavos podrían haber sido los descendientes de los muchos esclavos de Europa del Este, que habían sido vendidos en Europa occidental durante la Edad Media, dándole así, seguramente, a la palabra slav el significado de servidumbre o servicio en lugar de la antigua palabra latina servus. (Thomas, el imperio español)

Mientras tanto, los europeos estaban expectantes. Tardarían aún dos décadas en tomar decididas cartas en el asunto, y no fue sino hasta 1553 hasta cuando se difirió esta decidida actuación, cuando los primeros comerciantes negreros de Londres embarcaron rumbo a África.
La piratería, base de la marina y del comercio internacional ingleses, sería la primera encargada de poner las bases del comercio de esclavos, siendo el famoso pirata John Hawkins quién en 1562 trasladó el primer cargamento de negros, dando comienzo así a una trayectoria que no cesaría de crecer de forma espectacular hasta finales del siglo XVIII.
Dos décadas después esa misma actividad sería iniciada por los holandeses, quienes en el asunto de la piratería y del esclavismo serían el complemento perfecto de Inglaterra, y en 1580, en sus merodeos por el mundo hispánico, tomaron tierra en la Guyana, donde acabarían asentándose.
A pesar de todo, hay que tener en cuenta que los traficantes en general, y por lo general, acudían a África, no a capturar y secuestrar esclavos, sino a comprarlos a quienes se los suministraban, que no eran sino esclavistas negros.
Estos esclavistas negros se encargaban de capturarlos para después venderlos conforme a las exigencias de los compradores, entre los que había de dos maneras bien distintas que hace mirar el tráfico posterior también de dos maneras: mal o peor.
Los traficantes ibéricos, en esencia portugueses, exigían que los esclavos lo fuesen por motivos de guerra, lo cual era al fin una situación piadosa, pues la esclavitud era la alternativa a la muerte.
Por otro lado estaban los traficantes europeos, para los que el asunto de conciencia ibérico siempre les ha parecido un  remilgo impropio, y que, actuando en esencia igual que los traficantes ibéricos, acudían a la costa y compraban a negros de alguna tribu los prisioneros de otras tribus de negros que previamente habían capturado.
El trato dispensado también era distinto en general entre los protestantes y los católicos. Se deduce de las instrucciones y de las formas que los ingleses y holandeses trataban peor a los esclavos, mientras que los católicos los trataban de forma más humanitaria y con gran sentimiento de culpa, ya que no en vano eran conocedores de la humanidad de la mercancía que trataban, y del contrasentido que existía entre la creencia religiosa, por otro lado presumiblemente firme y verdadera, y la actividad realizada, sin aceptar el principio liberal que admite la mentira como argumento que puede ser usado por cualquiera, cuando esa afirmación es literalmente mentira, ya que los principios católicos prohíben mentir y llegan a castigar la mentira más allá de la muerte, mientras los principios liberales animan a utilizar la mentira para la consecución de sus fines. Y quién tenga alguna duda al respecto, lo que no parece proceder atendiendo lo generalmente conocido del liberalismo, puede acudir a la consulta de sus ideólogos, como por ejemplo John Knox, donde encontrarán perfectamente plasmado ese principio.


Texto completo en el enlace: https://www.cesareojarabo.es/2018/10/la-esclavitud-en-espana-generalidades.html

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