domingo, 14 de junio de 2020

La esclavitud en las colonias europeas (6)

Como contrapartida a la forma de entender la vida, veamos la opinión de un soldado norteamericano participante en el expolio de México:

Una cosa en particular me gustó mucho, y era la igualdad de todas las clases ante el altar de Dios. Porque aquí [en México] vi arrodillándose... al orgulloso castellano en cuyas venas corría la pura sangre de Cortés, al amarillo azteca, al estúpido indio y al decrépito negro, juntos, codo con codo; las distinciones de razas, de color, de riqueza, de clase era [sic] dejada de lado o desconocida y todos
parecían considerarse mutuamente, al menos en el santuario, como iguales ante Dios. En una ocasión (y me alegro de que fuera un suceso común) vi a una muchacha española, bonita, joven y rubia, evidentemente de la clase superior, arrodillada y enfrente mismo de ella estaba un viejo mendigo negro en la misma posición, mientras que al lado del negro estaba un caballero castellano y su hijito... todos elevando devotamente sus oraciones... sin ni siquiera un pensamiento de “banco para negros” o “asientos de los pobres”, y entonces deseé que fuera así en mi propia tierra nativa, donde presumimos que todos los hombres son libres e iguales. (Un soldado de Ohio) (cf. Slotkin, The Fatal Environment, p. 186). De interés excepcional es el abandono de muchos soldados irlandeses y católicos de su lealtad americana, no simplemente desertando sino transfiriendo su lealtad a México. El famoso batallón San Patricio, que se distinguió en Buena Vista, fue formado por Santa Anna con esos desertores, cuya voluntad de combatir testimoniaba su motivo para desertar. (cf. Slotkin, The Fatal Environment, p. 187). Desde 1845, Irlanda estaba sufriendo la epidemia de la patata. Los irlandeses cultivaban la tierra de los ingleses, pero se alimentaban de pequeños huertos de patatas que, al ser atacados por un insecto, ocasionaron la muerte de cientos de miles y la emigración de otros muchos a Estados Unidos. En Irlanda había comida, cereales y ganado, pero estaba destinada a bocas inglesas. Inglaterra, tras tres siglos de colonización de la isla, había confiscado el 95 por ciento de las tierras a los nativos. Los soldados irlandeses del ejército norteamericano comprendieron que la guerra de Méjico – una guerra ofensiva en pro de la extensión de la esclavitud– era un acto de tiranía, como la que ellos sufrían en su patria, y decidieron ponerse de parte de la justicia, pasándose al bando mejicano.” (Sáez)

Evidentemente estamos ante una cosmovisión, la británica, que poco tiene que ver con la cosmovisión hispánica. En medio de una campaña mundial para la supresión de la esclavitud, resulta curioso comprobar qué pensamientos anexos eran propios de aquellos que se abanderaban como campeones del abolicionismo. Así, Abraham Lincoln declaraba:

No soy partidario -nunca lo he sido, bajo ningún concepto- de la igualdad social y política entre la raza blanca y la raza negra... Existe una diferencia física entre ellas que les impedirá, siempre, vivir juntas en igualdad social y política. Existe naturalmente una situación de superioridad e inferioridad, y mi opinión es asignar la posición de superioridad a la raza blanca». (Sáez)

Se oponía a la esclavitud, y esa idea la utilizó para defender sus intereses políticos y económicos, pero no podía ver a los negros como a ciudadanos con igualdad de derechos, sino que pretendía su libertad con el único objetivo de mandarlos a África. 
De hecho  llegó a expresar públicamente:

Diré, pues, que no estoy, ni nunca he estado, a favor de equiparar social y políticamente a las razas blanca y negra (aplausos), que no estoy, ni nunca he estado, a favor de dejar votar ni formar parte de los jurados a los negros, ni de permitirles ocupar puestos en la administración, ni de casarse con blancos...
Y hasta que no puedan vivir así, mientras permanezcan juntos debe haber la posición superior e inferior y yo, tanto como cualquier otro, deseo que la posición superior la ocupe la raza blanca. (Zinn 2005)

Y si de presidentes de los Estados Unidos hablamos, hay que señalar que para Thomas Jefferson  no era posible que blancos y negros vivieran bajo un mismo gobierno, y negaba la relación entre ellas si no era mediante la sumisión.
Era absolutamente contrario a la mezcla entre las dos razas, circunstancia que se basaba fundamentalmente en su creencia en la inferioridad de los negros. En sus «Notes on the State of Virginia», afirmaba:

Entre los romanos la emancipación sólo requería un esfuerzo. Una vez manumitido el esclavo podía mezclarse sin manchar la sangre de su amo (ya que fundamentalmente se trataba de esclavos blancos) . Pero, entre nosotros hace falta un segundo esfuerzo, desconocido para la historia . Una vez liberado, debe ser desplazado más allá de la posibilidad de una mezcla. (Aparisi 1990: 462)

Texto completo: https://www.cesareojarabo.es/2019/09/la-esclavitud-en-las-colonias-europeas.html

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