domingo, 26 de julio de 2020

1868-1898 GUERRAS SEPARATISTAS EN CUBA (4)

Algo más acorde a la realidad, siendo que, cuando cursaba el primero de los telegramas citados, Céspedes y los rebeldes de Oriente habían constituido por sí mismos una república y habían nombrado un Parlamento rebelde, si bien en los enfrentamientos perdieron gran cantidad de combatientes, huyendo los demás en desbandada.



Evidentemente, Céspedes, que había sido capitán de milicianos en Barcelona, y en 1842 había conspirado con Prim con el resultado de verse en la obligación de huir  a Francia y luego a Inglaterra (siempre Inglaterra), estaba más al corriente de la situación.
¿Cómo debe ser calificada la actuación de las autoridades cuando variaban sus apreciaciones en tiempo tan breve?, y sobre todo, ¿cómo debe ser calificada la actuación de una autoridades que permitían los perennes ataques a la patria mientras protegían a quienes los urdían?
Parece inconcebible que, cuando ya la inadmisible permisividad había conseguido que los traidores a la Patria estuviesen en armas, además, las autoridades protegiesen sus actividades y abandonasen sus obligaciones más elementales. Todo ello significó que

Por entonces y en virtud de tales novedades, la Isla entera se vio poblada de periódicos que predicaban descaradamente doctrinas incendiarias; la enseñanza pública costeada por el Estado desde la Universidad hasta la última escuela de aldea, convertida en una conspiración constante contra la unidad nacional; aun á los obreros más  rudos, sin distinción de colores, se les daban lecturas en sus propios talleres encaminadas al mismo fin, consiguiendo con tan diabólico sistema minar por su base dos de los más robustos pilares en que se fundaban el poder de España y el sosiego de esta provincia. (Pirala 1895: 239)

La manipulación educativa, a la que forzosamente no podía ser ajeno, sino cómplice, el gobierno, hacía que algunos observadores se alarmasen; pero entonces, como ahora, esos observadores eran marginados por el propio gobierno:

Nadie se apercibía de que se estaba educando una nueva generación de manera peligrosa, y nadie concedía importancia al hecho de que, en muchas escuelas, se enseñara por separado Geografía e Historia de Cuba y Geografía e Historia de España, y que la distinción entre la Península y aquellas provincias llegaba al Palacio del representante del Rey, donde en anuncio colocado en la escalera se decía: «S. E. no recibirá los días de entrada y salida de los correos de España.»
Y esto, que al parecer no era nada, llegaba a significarse en multitud de detalles, entre los que citaremos como ejemplo una revista demográfica en que se leía:
Fallecidos:
Cubanos, tantos.
Ingleses, tantos.
Españoles, tantos.
Chinos, tantos.
Cuando alguien hacía sobre esto observaciones, se le calificaba de apasionado, intransigente, etc.
Estos y otros muchos detalles formaron conjunto tal en la educación de la generación naciente, que se revelaba en todos los niños. (Gallego 1897: 80)

Pero no era esa la preocupación de las autoridades. Por su parte, Isabel II telegrafió a Lersundi desde el exilio. No era vano su interés si tenemos en cuenta los intereses económicos que la reina exiliada tenía con la trata de esclavos. No obstante sabía guardar las formas. El texto del telegrama era el siguiente:

Lersundi: Como española y como reina ruego y mando resistas todo pronunciamiento y defiendas á todo trance esas provincias de la revolución. Mi residencia actual explica la razón.—Comunica hoy mismo á Pavía á Puerto-Rico. Contesta aquí.—Isabel.—Pau 4 Octubre 1868

0 comentarios :

 
;