sábado, 4 de julio de 2020

De la guerra justa (5)

Pero por supuesto también combatió. No todos los indios adoptaron una actitud pacífica… Y no sólo en el caso de Perú y de México… Pensemos, por ejemplo, en Diego de Ercilla y en su “Araucana”. Pero utilizando esta obra, de muy recomendable lectura, observamos que el ejército no era lo que podemos decir algo ejemplar en cuanto a organización… Y en que el problema militar, España lo tenía en Europa, no en América.

Y algo significativo en lo relativo a La Araucana… Una vez vencidos los araucanos, una vez construido el fuerte Santiago, dentro del fuerte durmieron araucanos. ¿Prisioneros?, ¡libres!
 En fiel cumplimiento de los principios que señalaba Sepúlveda.
Y es que, por lo general, y conforme instruían las leyes, las guerras sólo podían iniciarse por causa justa, entendiendo por tal desde el hecho de repeler agresiones hasta el hecho de evitar actuaciones contra natura.
Contra este principio se manifestaba abiertamenrte Bartolomé de Las Casas, quién afirmaba que

Los indios no son súbditos nuestros ni de la Iglesia, porque son paganos y tienen en sus propios reinos soberanos legítimos y libres; luego, no podemos darles leyes. Pues nadie puede imponer una ley a otros si no son súbditos suyos. (Las Casas, Apología: 321)
Pero ese principio es base de un buenismo letal, y no puede ser admitido, dado que abre las puertas a que los otros se introduzcan en la sociedad que se cuestiona tales cosas y acaben imponiendo su filosofía, tan contraria como queda manifiesto al derecho natural.
Bien al contrario, es justo, conveniente y conforme a la ley natural que los varones probos, inteligentes, virtuosos y humanos dominen sobre todos los que no tienen estas cualidades. (Sepúlveda)

Por su parte, Francisco de Vitoria
afirma que incluso en la primitiva sociedad indígena se aprecia un orden político y social que evidencia la condición “humana” del indio y de lo que se deriva su derecho a organizarse como tenga por conveniente, con independencia de su condición no cristiana… Continúa refiriéndose a otro derecho cuya obstaculización también era una causa de guerra justa. Los indios podían rechazar voluntariamente la conversión, pero no impedir el derecho de los españoles a predicar, en cuyo caso la situación sería análoga a la del primer título. (Monje)
Sin embargo, en la actualidad parece que sean esos principios proclamados por Bartolomé de las Casas los que se han impuesto en nuestra sociedad, donde las cuestiones que siempre han sido vicios (recordemos el vicio nefando), han pasado a ser virtudes, y las virtudes son menospreciadas, cuando no ridiculizadas y perseguidas jurídicamente.
El doctor Sepúlveda, defensor de la guerra justa, no admitía con ello la absoluta libertad de acción de quien lucha por la implantación del bien. La guerra justa debe ser justamente eso, justa, en defensa de principios que garanticen una convivencia más humana; por tanto, las actuaciones llevadas durante la misma, también deben atenerse al sentimiento de justicia.

En la guerra, como en las demás cosas, se ha de atender también al modo; de suerte que, a ser posible, no se haga injuria a los inocentes, ni se maltrate a los embajadores, a los extranjeros ni a los clérigos, y se respeten las cosas sagradas y no se ofenda a los enemigos más de lo justo, porque aun con los enemigos ha de guardarse la buena fe, y no ser duro con ellos sino en proporción a su culpa. (Sepúlveda)
Porque la guerra, señala el mismo Sepúlveda, nunca debe buscarse para satisfacer los intereses de quién la plantea, sino que la misma debe servir para cortar las injusticias y las leyes contra natura que oprimen a los pueblos.



http://www.cesareojarabo.es/2018/09/de-la-guerra-justa-texto-completo.html

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