viernes, 24 de julio de 2020

El amargo sabor del azúcar (5)

La expansión azucarera -que lleva de un promedio de exportaciones de 480.000 arrobas en 1764-69 a uno de 1.100.000 en 1786-90, y alrededor de dos millones y medio para 1805- se produce en medio de una crónica escasez de capitales, en explotaciones pequeñas, que trabajan con esclavos relativamente poco numerosos (sólo en las cercanías de La Habana hay ingenios de más de 100 negros), cuyos propietarios arrastran pesadas deudas frente a los comerciantes habaneros que les han adelantado lo necesario para instalarse. (Halperin 2005: 31)



Esas actuaciones inicialmente se produjeron de forma “autónoma” o más exactamente fuera del control de una Corona que no era la sombra de la sombra de la Monarquía Hispánica… en 1819, cuando ya habían transcurrido más de 20 años desde que dio inicio esa forma de actuación. En este momento, el rey felón, Fernando VII, dio carta blanca al proyecto, redondeándolo al donar en propiedad las tierras que hasta el momento habían estado en usufructo, sancionado favorablemente el régimen plantacional  a imagen y semejanza, lógicamente, del implantado en las Antillas británicas y francesas.
Con esta estructura, ahora bajo la legalidad de la Monarquía liberal, el gobernador de Cuba recibía un informe emitido por el consejo colonial (la monarquía liberal había privado a Cuba de su condición de provincia para relegarla, algo inaudito, a la condición de colonia), un informe en el que se señalaba la existencia de los ingenios siguientes:

De 400 a 500 esclavos ........................................ 3
De 300 a 400 — ................................................. 4
De 200 a 300 — ............................................... 31
De 100 a 200 — ............................................... 17
De 50 a 100 — ............................................... 141
De 20 a 50 — ................................................. 462
De 10 a 20 — ................................................. 688
De 1 a 10 — ................................................ 4.063
                     ———
Total ........................................................  5.409 (Saco 1879 Vol II: 103)


Estos cambios, lógicamente, tendrían una repercusión inmediata en las condiciones de vida de los esclavos. Faltos ya de la protección patriarcal que había estado vigente hasta el momento, cada paso en la mecanización, cada paso en la mejora de las estructuras productivas de las plantaciones o de los trapiches, significaba, inevitablemente, un empeoramiento manifiesto de las condiciones de vida y trabajo de los esclavos, cuyo servicio ya no era prestado en el seno de una familia que lo acogía, lo mantenía y le guardaba cierto respeto si por su parte él se mostraba sumiso y afable, sino que era observado como mera fuerza de trabajo que debía ser aprovecha al máximo sin consideración alguna que justificase una merma de su potencial. Ahora el propietario sólo precisaba mantener sus esclavos calculando si le resultaba más beneficioso atender la salud de uno que la compra de otro nuevo. Faltaba poco ya para que, finalmente, comprendiese el propietario que más que esclavos le convenía tener trabajadores nominalmente libres a los que, mediante el pago de un salario podía sacar la misma fuerza productiva que a un esclavo al tiempo que se veía liberado de su manutención.
Era la evolución pura, lógica y natural del liberalismo económico, británico, que con el liberalismo político se estaba haciendo amo del mundo. Poco importa en el mismo la persona o la familia, porque lo único que importa es la excelencia productiva.
Y en estos momentos, la excelencia productiva se obtenía haciendo trabajar los ingenios azucareros a su máximo de potencial: veinticuatro horas al día siete días a la semana durante un periodo continuado de seis meses, tiempo en el que los esclavos debían atender tanto las labores agrícolas como las del trapiche, en jornadas que llegaban a alcanzar las veinte horas diarias.
Es de suponer que tales jornadas no serían continuadas sine die… o si, teniendo en cuenta la mortandad de esclavos consecuencia de este método productivo.
En ese sentido, el reglamento de la esclavitud de 1842 marcaba dieciséis horas de trabajo y ocho de descanso diario. Sensible diferencia con la legislación existente desde el siglo XVI que estipulaba jornadas de ocho horas.


Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/12/el-amargo-sabor-del-azucar-texto.html

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