lunes, 27 de julio de 2020

El tráfico de esclavos en la edad moderna (6)

En las islas que iban ocupando, en principio sin valor productivo, comenzaron la instalación de plantaciones de azúcar, que necesariamente serían atendidas por esclavos africanos  al haber fracasado su funcionamiento con los esclavos blancos tomados en la misma Inglaterra, que no sobrevivían en un clima que les resultaba adverso.



Fue esta circunstancia la que posibilitó que Inglaterra, Francia y Holanda creasen un inmenso tráfico de África al Caribe que acabaría trasegando millones de personas que se concentraron en una serie de islas que, como Jamaica (bajo poder inglés desde 1655, acabasen teniendo una población de raza negra cercana al 100%.

Con el establecimiento de las haciendas azucareras en las Antillas, las cafeteras en Brasil y las algodoneras en el sur de los EEUU, el tráfico de esclavos se constituyó en uno de los negocios más fructíferos del Viejo Mundo. Portugal, Holanda, Francia y fundamentalmente Inglaterra armaron barcos negreros para el cruce del Atlántico. España no tuvo flota propia pero aprovechó las ajenas, que actuaron en forma legal o contrabandeando con el compromiso o la “vista gorda” de las autoridades americanas, especialmente a partir del descubrimiento de las minas de plata de Potosí. (Ceruti)

Por su parte, en los años finales del siglo XVI, los holandeses arrebataron en el Congo posiciones a los portugueses, desde donde remitirían remesas de esclavos especialmente destinados a las colonias francesas e inglesas del Caribe, cuya distribución la realizarían desde la isla de Curasao, que había sido conquistada en 1634 por Joanes Van Balbeque, de la Compañía de las Indias Occidentales, compañía del fomento de la piratería controlada por judíos sefardíes. Desde esta pequeña isla se dedicarían, además de al cultivo de la caña con mano de obra esclava,  al contrabando de esclavos a toda la zona, en especial a Bermudas, que habían sido ocupadas por Inglaterra en 1612.
En 1595 Los holandeses envían su primera expedición a Guinea y en 1612 los ingleses se establecen en las Bermudas. Es en este periodo cuando se observa un importante incremento en el tráfico, que conocería varios periodos coincidentes con hechos de envergadura histórica, con hitos en 1640, año de la separación de Portugal de la Corona Hispánica y 1700, inicio de la Guerra de Sucesión y posterior Tratado de Utrecht en 1714.  En 1642 Francia introduce esclavos africanos en la Martinica.
Uno de los motivos que dieron ocasión a la guerra de Sucesión española,  es sin  duda el control del tráfico de esclavos. España, descabezada y destinada a ser comparsa de intereses ajenos, sería el campo de batalla en el que las potencias emergentes, esclavistas, y ávidas de llevar a término la venganza sobre quién había evitado su expansionismo depredador, dirimirían la cuestión en qué nación tendría el asiento, con el añadido de poder desarrollar esas mismas acciones esclavistas en los inmensos territorios de la Corona Hispánica.
 Es en estos momentos cuando el tráfico, en manos de ingleses, franceses y holandeses, alcanzaría cotas de escándalo que se mantendrían vigentes hasta que los intereses comerciales determinaron la abolición de este tipo de esclavitud para dar paso a la nueva esclavitud basada en el salario. En este periodo se desarrolló un  tráfico que hasta la supresión de la esclavitud conforme era entendida hasta el momento, llegaron a cruzar el Atlántico las cuatro quintas partes del total de esclavos enviados en todo el periodo de la trata.
Con el posicionamiento de los holandeses llevado a cabo en Angola el año 1641, a partir de 1645 Portugal desplazó su captura de esclavos en las costas de Mozambique, de donde hizo sus más importantes sacas a partir del siglo XVIII, cuando las relaciones comerciales de la zona dependían casi en exclusiva del tráfico de seres humanos que cubrían la demanda no solo de América, sino también de las costas del Índico.
En breve, Inglaterra dominó el tráfico negrero, alcanzando cuotas que superaban ampliamente el cincuenta por ciento, con una flota esclavista que, sólo en Liverpool, superaba las cien embarcaciones, que aprovechaban el espacio útil de forma que el habitáculo que ocupaba un esclavo consistía en un espacio de 180 cm de largo por sesenta de ancho.
Unas cotas y unas condiciones de escándalo que movieron ingente cantidad de recursos y produjeron pingües beneficios que tenían reflejo en las construcciones que los traficantes levantaban en sus lugares de origen. Ciudades como Londres, Roterdam, Bristol, Liverpul, Nantes o Burdeos desarrollaron una arquitectura esplendorosa con los beneficios obtenidos de la trata.

Muchas otras pequeñas ciudades marítimas británicas entraron también en el negocio. Todos los puertos de Devon, tan heroicos en tiempos de la reina Isabel I, como Barnstaple, Bideford, y Plymouth enviaron uno o dos barcos de esclavos en los años siguientes, lo mismo que Lyme Regis y Poole, Dartmouth y Falmouth, Exeter y su vecino Topsham, Portsmouth y Weymouth, por no hablar de Berwick y Whitehaven, ni de Lancaster y Deal. (Thomas 1997: 203)

No era de menor entidad la casa de Pero López Martínez, que subsiste hoy en Sevilla, o la de la familia Vernon en Newport, o la de Philip Livingston en Nueva York, como nos recuerda Hug Thomas.


Texto completo: https://www.cesareojarabo.es/2019/09/el-trafico-de-esclavos-en-la-edad.html

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