miércoles, 29 de julio de 2020

LA MARINA ESPAÑOLA ANTE EL DESASTRE DE 1898 (6)

Pero es que, cuando el desarrollo del destructor fue diseñado por un español, y los costos eran mucho menores, no se aplicó… y cuando el submarino demostró su perfecta operatividad y su económica construcción, fue saboteado por el propio Beránger.
Todo tiene una difícil explicación, máxime si tenemos en cuenta que la Armada había suspendido en 1884 los exámenes de ingreso en la Escuela Naval, ante la escasez de buques.
En enero de 1887, Beránger fue cesado como ministro de Marina ocupando su puesto Rafael Rodríguez Arias, que consiguió aprobar el Programa Naval. De entre los negocios que implicaban dicho plan se destacan los siguientes:



Astilleros del Nervión, empresa que fundó José María Martínez de las Rivas, estrechamente relacionado con Cánovas del Castillo. Se le adjudicaron los tres cruceros principales del programa aún cuando ni si quiera tenían comenzadas las obras de los astilleros donde debían construirse. Martínez de las Rivas se asoció con Charles M. Palmer, el mayor fabricante privado de buques de guerra para la Royal Navy. Como era de prever Palmer consiguió “estrangular” a su socio español, que en 1892 tuvo que presentar suspensión de pagos. El Gobierno se vio obligado a intervenir la sociedad y negociar directamente con Palmer y con él, como único interlocutor, se finalizaron las obras de los tres cruceros más importantes del Programa: Infanta María Teresa, Oquendo y Vizcaya.
Astilleros Vea-Murguía, de la familia del mismo nombre, a diferencia de los anteriores, no llegó a tener astilleros propios y se sirvió de los de la Marina en La Carraca. Se le adjudicaron varios barcos pero sólo pudo llevar a buen puerto el crucero protegido Carlos V que no estaba finalizado en 1898, por lo que no pudo incorporarse a la Escuadra de Cervera. También tuvo dificultades financieras análogas a los astilleros vascos.
The Placencia de las Armas, Co. Ltd., fábrica de armamento adquirida por Maxim & Nordenfelt en 1888, radicada en la localidad guipuzcoana del mismo nombre. Las negociaciones de la compraventa las llevó directamente Zaharoff, que sería nombrado Director de la empresa con sede en Londres. La factoría, hasta entonces llamada Euscalduna, fabricaba bajo licencia fusiles Remington que vendía a varios ejércitos europeos…/… A nadie pareció preocuparle que se vendiera una de las mejores fábricas de armamento españolas a una sociedad extranjera, ni que uno de sus propietarios fuera competidor directo de Isaac Peral, ni que el otro, Maxim, fuera ciudadano norteamericano, estando ambos países en plena situación de beligerancia. Como Director de la factoría se nombró a un joven oficial de la Marina española: el teniente de navío José María Chacón Pery. (Crespo 2014: 17-18)

En estas circunstancias, Rodríguez Arias daba el visto bueno para el desarrollo del submarino Peral con el objetivo de, si resultaba favorable, aplicar una actualización de primer orden a la Armada, ampliando sus unidades de acuerdo a las necesidades de una nación con importante presencia en los cinco continentes.

En el momento de su aprobación (1887) disponíamos de 2 acorazados, 6 cruceros (mal llamados de primera), 16 de segunda y 37 embarcaciones menores, en total 61 unidades. (Llorca 2016: 116)

Este programa naval, que como queda señalado más arriba implicaba unos presupuestos de Marina cercanos a los mil millones de pesetas, exigió un aporte especial de 225 millones.

Al contribuyente español se le había exigido en 1887 un esfuerzo extraordinario de 225 millones de pesetas, equivalente a la cuarta parte del presupuesto del Estado de entonces, para modernizar la Armada y dotarla del material necesario para hacer frente a sus retos del momento. El resultado, once años después, no podía ser más desolador: el material a disposición de la Armada no tenía capacidad ni para garantizar la integridad del territorio peninsular. No se puede decir lo mismo de algunas fortunas personales; que por el contrario, se habían lucrado de forma exorbitante con los contratos militares. (Crespo 2014: 29)



Texto completo en http://www.cesareojarabo.es/2018/06/la-marina-espanola-ante-el-desastre-de.html

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