jueves, 2 de julio de 2020

Nada en común (XXIX)

1978

En 1978 ETA asesinó a 67 personas. El terrorismo, el paro, el acoso a España, a las fuerzas del orden, a la educación, a los principios espirituales, al Ejército, a los funcionarios de prisiones... a todo, era el anuncio de lo que acabaría instaurándose en España.



Cuando fue asesinado el director general de prisiones, Jesús Haddad, la revista del sistema Cambio 16 afirmaba, con el lenguaje traicionero que siempre la ha calificado, que el mismo fue asesinado “por extraños terroristas”.

Las empresas que publicaban en la citada revista eran: Banco de Vizcaya, Banco Pastor,“La Caixa”, Banco de Santander, Banco Central, Banco Urquijo (mucho banco...), y Martini, Argos Vergara, Hoechst, Hewlett Packard, Coca-Cola, Adena, Swissair, Agua Brava, Turavia, Damm, Iberia, Citroen, Rodier, Slendertone, Ginebra MG, Grundig, Loewe, Camper, Canon, Bosch, Nixdorf, Liwe Española.

Los datos económicos indicaban que el camino elegido no era precisamente el mejor (¿o tal vez sí?); se hizo público que durante los cinco primeros meses del año 1977 se evadieron 55.000 millones de pesetas.

En febrero de este año se incrementaron las cuotas de la Seguridad Social. En Tarrasa (Barcelona) se solicitó el cierre de cincuenta empresas del textil (en toda España, desaparecieron más de mil empresas textiles a lo largo del año). Se declaró una profunda crisis empresarial en Cataluña... Y se preveía que el coste de las elecciones municipales ascendería a más de mil millones de pesetas, que deberían sumarse a los cerca de 2000 millones que costaría el referéndum de la Constitución.

Una entidad bancaria nacida para el servicio de las personas y que, como el resto, por acción decidida de los políticos sólo serviría a sus propósitos, la “Caixa”, editó moneda; cartulinas por valor facial de una y de cinco pesetas, ya que estas monedas, no se sabe exactamente por qué arte, escaseaban en los bolsillos de los españoles. También escaseaba el resto de moneda… pero ese era otro cantar…

Se produjo una importante reforma en la organización y estructura de la Seguridad Social que tenía como consecuencia la desaparición de organismos como el Instituto Nacional de Previsión (INP), las Mutualidades Laborales y las Universidades Laborales, dando paso a otros tales como el Instituto Nacional de Empleo (INEM) (mejor sería llamarlo por su función: Instituto del desempleo), el Instituto Nacional de la Seguridad
Social (INSS) y el Instituto Nacional de la Salud (INSALUD). Este hecho representa el inicio del desmontaje de la Seguridad Social, cuyos fondos son aplicados para el mantenimiento de parados.

La revista del sistema, “Intervíu”, echaba constantes capotes a quienes remaban en la misma dirección que ellos; eso es lógico y encomiable. Así, el 13 de Abril de 1978, exponían el caso de un pobre chico, casualmente terrorista del GRAPO, que estaba paralítico por culpa de la policía, ya que “no tomó parte activa” en el enfrentamiento que se ocasionó tras el asalto a una armería... Recibió un trato que “ni en los peores momentos del franquismo”... Pobre... Este mismo número de la revista, inequívocamente democrática, entre la lógica pornografía, entre la lógica justificación
de terroristas, entre la suciedad que le es propia, arremetía contra los pocos pastores de la Iglesia que se mantenían en la fe.

Una revista tan católica podía decir cosas como:”Todavía quedan en este país obispos, canónigos y curas que es como para echarse a temblar. Quieren perpetuar impunemente su vasto y basto poder sobre las tierras y sobre las personas, arguyendo que lo tienen sobre las almas. Y se comportan como verdaderos caciques. Y se defienden con argumentos divinos de los ataques ostensiblemente humanos de quienes les acusan de especular, de explotar. Y se desencadenan intrigas curiales tan grotescas como anacrónicas. Y los que siguen fieles a Dios y a la Iglesia están, pura y simplemente hasta las narices. INTERVIU recoge esta vez tres casos que pueden ilustrar, de manera diversa, el problema: las diócesis de Jaén, Lérida y Oviedo.”...

Lógicamente la altura moral de esta revista, adornada por bellas señoritas (mamás de los políticos, decía Cesáreo) enseñando lo más intimo de su geografía personal, que incluía descarados apoyos al terrorismo, que colaboró manifiestamente con el terrorismo publicando datos de personas que acabarían siendo asesinadas a los pocos días, que realizaba reportajes infames bajo el título genérico de “La vuelta al mundo en ochenta
camas”, donde texto y fotografías resultan irreproducibles, podía ponerse como garante en el análisis de la moralidad de terceros. Lo curioso es que no lo hacían sobre los políticos del sistema ni, centrándose donde a ellos les interesaba, sobre Tarancón, Setién, Jubany o cualquier otro Elipando, sino justamente sobre aquellos obispos que podían ser reconocidos como católicos. Ellos, los caciques; ellos, los tiranos; ellos, los
generadores de suciedad, podredumbre y democracia; ellos, grotescos, intrigantes y anacrónicos, arremetiendo como adalides de la verdad contra la Iglesia... Garantía que los atacados eran gente honesta. Aún pasarían tristes años, pero finalmente volverían a nombrarse Obispos Católicos; aún debía sufrir la iglesia española la presencia de Judas en las más altas instancias de la misma. Ciertamente, el mismo Jesucristo, directamente,
tuvo ese traidor entre los primeros doce apóstoles, ¿qué podía extrañar que en la España del siglo XX hubiese una docena de Judas ocupando el mismo lugar que el original? ¿Qué podía extrañar que los medios del sistema encumbrasen a los Judas y persiguiesen a los demás? Todo normal.

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