domingo, 16 de agosto de 2020

1898, GUERRA HISPANO USENSE EN CUBA (8)

El día 9 de abril de 1898, los respectivos ministros del gobierno español cursaban un telegrama a sus subordinados:



Se han presentado esta mañana en el domicilio del señor Ministro de Estado los Embajadores de las seis grandes potencias europeas á manifestarle si, como corolario de las gestiones de sus respectivos Gobiernos en Washington, sería conveniente encarecer la aprobación de los buenos oficios ofrecidos por Su Santidad, y por tanto la suspensión de hostilidades en Cuba, reiteradamente pedida por el Padre Santo.
En su vista, el Consejo de Ministros ha acordado autorizar al general en Jefe de aquel ejército para que publique una suspensión de hostilidades por el tiempo que estime prudencial para preparar y facilitar la paz.
Entiende el Gobierno que debe dirigirse á V. S. haciéndole saber esta importante resolución del Gobierno que, pedida por Su Santidad y aconsejada por dichas grandes potencias, deje á salvo el honor militar y la dignidad de España, sin lastimar sus innegables derechos en la grande Antilla.»
En idéntico sentido se telegrafió al Gobernador general de Cuba, ordenándole que redactara un bando concediendo el armisticio. (Soldevilla 1899: 129)

Pero los acontecimientos eran otros. El día 16 de abril, el senado usense votó por la guerra, cuando dos días antes, el gobierno español abrió una suscripción popular para el fomento de la Marina… La convocatoria de una rifa para componer una Armada que llevaba olvidada un siglo, y que reiteradamente había sido saboteada. Inventos militares de primer orden, arrumbados y cedidos a Inglaterra (caso destructor y caso submarino); donativos millonarios que habían sido dilapidados en no se sabe exactamente qué, y cuando la situación era de muerte cerebral, el gobierno abre una suscripción… Tal vez alguien encuentre justificación…
Con fecha 18 de abril, los marinos españoles, en cumplimiento de su deber, elaboraron un informe oficial acerca de la catástrofe del “Maine”. Sus conclusiones eran las siguientes:

1.º En la noche del 15 de Febrero próximo pasado una explosión de primer orden en los pañoles de proa del acorazado americano Maine, produjo la destrucción de esa parte del buque y su inmersión total sobre el mismo sitio de esta bahía, en que se encontraba fondeado.
2.º Que por los planos del barco se tiene un conocimiento de que no existían en aquellos pañoles únicos que volaron, otras sustancias y efectos explosivos que pólvora y granadas de diversos calibres.
3.º Que por los propios planos se comprueba que dichos pañoles estaban rodeados á babor y estribor y parte de popa, por carboneras que contenían carbón betuminoso y se encontraban en compartimentos inmediatos á los referidos pañoles, y al parecer, simplemente de ellas separados por mamparas metálicas.
4.º Que repuesto en todos sus instantes, por testigos, el hecho apreciable de la explosión en sus manifestaciones externas, y acreditado con esos testigos y peritos la ausencia de todas las circunstancias que precisamente acompañan á la detonación de un torpedo, sólo cabe honradamente asegurar que á causas interiores debe la catástrofe.
5.º Que la naturaleza del tiempo emprendido y el respeto á la ley que contra el principio de la absoluta extraterritorialidad del buque de guerra extranjero han impedido poder precisar siquiera aventuradamente el indicado origen del siniestro, á lo que también ha contribuido la imposibilidad de establecer la necesaria comunicación, tanto con la dotación del buque náufrago como con los funcionarios de su Gobierno comisionados para investigar las causas del hecho referido,
6.º Que el reconocimiento interior y exterior de los fondos del Maine, cuando sea posible, de no alterarse con el motivo de los trabajos que se realizan para su extracción total ó parcial, esos mismos fondos y los del lugar de la bahía en que se encuentra sumergidos, justificarán la exactitud de cuanto va dicho en este informe, sin que por ello se entienda requiere esa comprobación la certeza de las presentes conclusiones.
Creyendo haber llenado todos los requisitos prevenidos en el art. 246, titulo 24, capítulo 1.° de la ley de Enjuiciamiento Militar de Marina, por lo cual, y de orden de V. E., se han seguido estas actuaciones, tengo el honor de pasarlas á sus superiores manos para que V. E. resuelva lo que sea de justicia.—Pedro del Peral.—(Rubricado.) Fechado el 22 de Marzo. (Soldevilla 1899: 154-155)

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