martes, 18 de agosto de 2020

Antonio Pérez, el primero entre los traidores (XXIX)

A finales de 1596 solicitaba de Enrique IV el capelo cardenalicio para él o para su hijo, con la aplicación de rentas varias , lo cual significa que la situación de su familia no era de prisión, como insinúa la leyenda negra contra España. Este mismo año “propuso Antonio Pérez un proyecto nuevo de gran importancia. Contaba con cuatro plazas y dos puertos en el reino de Nápoles: con el beneplácito de la Reina y la dirección del Conde de Essex, se comprometía á tomar la empresa á su cuenta y riesgo, en la inteligencia de que la corona de Inglaterra no aceptaria responsabilidad de ninguna clase hasta adquirir la certeza de que él (Pérez) estaba en aptitud de hacer por sí solo la guerra al Rey de España por uno ó dos años. Demostrado esto, ofrecía dar á la Reina Isabel la posesión y soberanía de dicho reino de Nápoles, poniendo en sus manos las plazas y puertos de referencia; de modo que, enviando allá una escuadra, entretenía la guerra lejos de su reino, y, por medio de inteligencias con el turco, se molestaba al más temible enemigo. Á este proyecto presentó objeciones Nanton, haciendo ver las dificultades de enviar una escuadra hasta el fondo del Mediterráneo, así como la resistencia que los napolitanos opondrían á la religión reformada, y molestado con la contradicción respondió el Sr. Antonio que si la Reina no quería hacer el ensayo, ella se lo perdía.”



Cosas similares planteaba en Francia, desde donde soñaba con una nueva invasión de Aragón, pero las buenas artes de España hicieron que Francia mendigase la paz a España. Y acto seguido el hábil político comenzó a pedir permiso para regresar a España, llegando a negar que hubiese realizado actos de flagrante traición a la Patria.

El 2 de Mayo de 1598 se firmaba en Vervins la paz entre Francia y España, donde España devolvió todas las plazas menos Calais a cambio de que Francia rompiese su alianza con Inglaterra. Antonio Pérez había hecho gestiones para que en el tratado de paz de contemplase su caso, pero parece que Enrique IV no estaba por tratar intereses de bufones, y el asunto no se vio en el tratado de paz.  Lamentablemente para España, a Felipe II le quedaban cuatro meses de vida. Moría a los 71 años.

En Septiembre de 1598 fallecía Felipe II, y Antonio Pérez se hacía ilusiones de volver a España, sobre todo cuando Felipe III daba libertad a su mujer y a sus hijos, y también amnistiaba al duque de Aranda. “en abril de 1599 se expidió la orden de libertad de Doña Juana Coello… Aunque la entrada del Rey en Zaragoza se solemnizara con el perdón de los proscriptos, la libertad de los presos, el derribo de los padrones de infamia de los caudillos de la revolución aragonesa, Antonio Pérez seguía exceptuado, recibiendo mortificación y desengaño nuevo. «¡Ah! escribía, á cabo de nueve años de prisiones han soltado á madre é hijos; pero se les ha mandado que no puedan salir de España. Paresce cosa de rehenes del tiempo de aquellos reyes moros; paresce que valgo algo, y no valgo nada.”

Este mismo año, catorce días después de haber fallecido Felipe II, el 24 de Septiembre de 1598, dedicaba Antonio Pérez a su señor Enrique IV una nueva edición de la obra que más fama le dio y que inició la leyenda negra contra España: “Las relaciones”, que ya habían sido publicadas en 1591.

En 1604 salía nuevamente de Francia para dirigirse a Inglaterra, tras haber renunciado a la pensión que recibía del Enrique IV, pero era tal el desprecio que por el sentían ya las cortes inglesa y francesa que “Antes de desembarcar en la isla, recibió carta del Conde de Devonshire haciéndole saber que el Rey no le acordaba licencia de entrar en sus Estados por tener de él muy mala opinión y merecer á lord Cecil odio y desprecio” .

Volvió a Francia, donde solicitó la pensión a la que había renunciado al marchar a Inglaterra. Al mismo tiempo se ofrecía como espía al embajador español, a cambio de un sueldo, mientras vendía sus bienes para poder sobrevivir.

El duque de Lerma decía al respecto: “no hallo que en Francia pueda ser de daño, ni en ninguna parte de provecho para el servicio de Dios ni de V. M., y que de los daños que hiciese en otras partes no habría disculpa, pues no hay razón para prometerse dél mejores cosas que las pasadas. Y que cuando se hubiese de hacer algo por él, sería entretenerle en alguna isla remota, no para que haga algo, sino para que se salve, y aun dará cuidado que allí no haga daño.”

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2015/10/antonio-perez-el-primero-entre-los_9.html

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