domingo, 9 de agosto de 2020

De Isabel II al sexenio revolucionario (6)


Muy pronto quedaría manifiesta la dependencia que también “la gloriosa”, y como venimos señalando, tenía de las potencias extranjeras. Si ya el 19 de Octubre había quedado sentada esa dependencia, un mes más tarde, el 20 de noviembre de 1868, se promulgó un decreto ley sobre derecho de asociación, en el cuerpo del cual se cita a Inglaterra y a Holanda como principios a imitar.
Pero no sería la única referencia a esa dependencia. Sería necesaria la promulgación de leyes que diesen cuerpo a la doctrina. En ese orden de cosas se promulgó el decreto ley de bases generales de 29 de diciembre de 1868. A partir de su promulgación no hubo que realizar trámites previos ni demostrar la existencia de mineral para la excavación de una mina, y confirió carácter perpetuo con el simple abono del canon correspondiente, pasando el subsuelo español a ser objeto de una especulación enfebrecida. La ley puso la mitad del subsuelo explotado en manos extranjeras ya que, a diferencia de los campos, el laboreo de las minas exigía elevados capitales. Con la legislación de la Gloriosa se acaba con la obligación de tener las concesiones en actividad.



También durante el Sexenio se redactó una nueva Constitución liberal-democrática que recoge una amplísima declaración de derechos individuales, en concreto en los artículos 2, 3, 4, 21 y 26, consagrándose la  división de poderes en los artículos 34, 35 y 36, e instaurándose los jurados en el artículo 92. Una constitución que desde el primer momento fue repudiada por los carlistas, por los republicanos y por amplios sectores sin determinar.

A partir de este momento, la libertad de asociación posibilitará la creación de la AIT, que tendría especial significación en el desarrollo de los conflictos del año 1873.

Los acontecimientos se sucedían de forma frenética. Del 15 al 18 de enero de 1869 se celebraron elecciones a Cortes Constituyentes, con sufragio universal masculino. Prim y Serrano se presentaron a las elecciones al frente de la coalición formada por el Partido Progresista acaudillado por Prim como sucesor de Espartero, la Unión Liberal acaudillada por Serrano y la fracción del partido demócrata no incompatible con la monarquía.

También se presentan los republicanos, pero ahora escindidos en dos: los republicanos unitarios (moderados) y los federales (radicales).

Dentro de los federales existían grandes diferencias: los moderados, encabezados por Salmerón y Castelar, apostaban por una república federal de unidad estatal basada en el modelo francés mientras que los intransigentes entendían la república federal organizada desde las bases a través de la creación de juntas revolucionarias que vertebrarían el país formando cantones federados entre ellos. Entre una y otra opción, más extremas, se situaba una apuesta intermedia.

Este último grupo proponía una república respaldada en una constitución federal que permitiera la organización del estado en cantones semejante a los sistemas de organización de estado de los Estados Unidos y de Suiza. Es de resaltar que Francisco Pi y Margall encabezaba este grupo.

Los monárquicos, dirigidos por Cánovas se denominarán alfonsinos desde 1870, cuando Isabel II abdica en su hijo Alfonso.

También concurren los carlistas.

Con una gran abstención y un escandaloso fraude electoral, los progresistas obtuvieron la mayoría simple. Las Cortes se constituyeron el 22 de febrero, con la siguiente composición:

Progresistas…………….. 159 diputados
Unionistas……………....   69       “
Republicanos federales….. 69       “
Demócratas……………….20       “
Carlistas…………………..18       “
Isabelinos…………………14       “
Republicanos unitarios……. 2       “

En resumen, todos, menos los carlistas, liberales.

http://www.cesareojarabo.es/2018/06/de-isabel-ii-al-sexenio-revolucionario.html
 

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