sábado, 1 de agosto de 2020

El trato del esclavo en España (3)

Hecha la salvedad de la barbaridad que en sí es la marcación, lo que marcaba la diferencia no era la posesión  de esclavos, sino el trato que se les daba, siendo que, conforme señala James Lockart, el nivel de vida del esclavo medio era equiparable al nivel de vida del hombre libre medio, siendo que algunas veces los negros, mientras continuaban siendo esclavos, llegaban a alcanzar funciones administrativas tan altas como por ejemplo las de supervisor general de algún negocio.



Dentro del conjunto de la sociedad hispanoamericana, el esclavo, al margen de algunas obvias desventajas, disfrutaba de un nivel más bien medio. (Bethell 1990: Lockart, 74 )

Por otra parte, un esclavo que fuese maltratado por un amo cruel tenía mecanismos legales para conseguir eludir esa crueldad. Particularmente podía llegar a cambiar de amo, y en casos incluso podía llegar a comprar su propia libertad.
En este punto parece conveniente señalar alguna cifra a caballo entre los siglos XVI y XVII que nos ponga en situación también de la iniciativa ajena para apoyar la manumisión

el 39,8 por 100 en Lima, el 31,3 por 100 en Ciudad de México y el 34 por 100 en Michoacán, o vieron comprada su libertad por terceras partes cuyos motivos rara vez se aclararon, o compraron su libertad a un precio pactado al permitírseles trabajar por su cuenta para acumular capital con este fin. (Bethell 1990: Bowser: 152)

Estamos hablando de los siglos XVI y XVII, pero podemos seguir haciéndolo, con salvedades, incluso del siglo XVIII. Sólo señalar que en 1774 el 40% de la población cubana, 70.000 personas, eran negros y mulatos, y de éstos, eran  esclavos entre 45.000 y 50.000. Los otros 20 o 25.000 eran libres.

Esto suponía un contraste absoluto con las islas de las Indias Occidentales inglesas y francesas, donde la población negra libre era insignificante. En Cuba, los negros libres se concentraban principalmente en las ciudades; había solamente unos pocos  propietarios agrícolas negros, aunque al menos un ingenio azucarero era propiedad de un mulato, en 1760. (Thomas 1971)

Debemos tener en cuenta que los principios del derecho son la ley, la costumbre y la jurisprudencia. Y la ley y las costumbres españolas garantizaban a los esclavos una personalidad moral y legal. Los esclavos no eran sujetos carentes de derechos, sino sujetos con unos derechos limitados… o limitadísimos si se quiere, pero también lo eran los del resto de la sociedad, y mucho más si salimos de las fronteras de España a esos países que criticaban por ejemplo la Inquisición, que tenía unos procesos rigoristas en extremo, y que por supuesto era intransigente con quienes se saltaban unos principios sociales que se tenían como bien común… Tan intransigentes como lo eran en otros lugares, pero en sentido contrario, y con una salvedad: la Inquisición reconocía que era intransigente, mientras la intransigencia de otros lugares se presentaba como carencia de la misma.
Y esa intransigencia reconocida, fue germen de justicia y de libertad para toda la sociedad, porque a la hora de perseguir a los heterodoxos, se hacía con absoluto rigor, con una investigación metódica; con una aportación de pruebas sin parangón, con una aceptación del arrepentimiento que tenía carácter de sanción exculpatoria…
Y en fin, para emitir juicio histórico sobre un hecho es preciso compararlo con las actuaciones seguidas en otros lugares ante hechos semejantes, y da la casualidad que quienes levantaron la leyenda negra contra España resulta que efectuaron unas persecuciones sin cuento que, contrariamente a lo que sucede, por ejemplo con la Inquisición,  no pueden ser evaluadas cuantitativamente, porque mientras que los procesos de la Inquisición son pormenorizados hasta el tedio, los procesos de esos lugares son sencillamente inexistentes, y al amparo de “la libertad” segaron la vida de decenas de miles de personas que, si hubiesen topado con un sistema como de la Inquisición española, por ejemplo, no habrían sucumbido a la persecución.
Esa deriva que acabamos de hacer no es gratuita, porque esos mismos principios son válidos para el tratamiento de un asunto que, como es la esclavitud, hoy nos parece sangrante e inaceptable, pero que en los momentos que tratamos era una actividad normalmente aceptada para cubrir determinados ámbitos de trabajo. Y sí, con todas las cortapisas que se quiera, los esclavos alcanzaban a tener, no digamos a disfrutar, de algunos derechos, como era comprar su propia libertad o la de sus familiares directos, derecho que los bozales  adquirían tras haber transcurrido entre cinco y diez años desde su arribo.

Esto podía hacerse por medio de la coartación, que era el derecho que poseían los esclavos de pagar una determinada suma de dinero a sus dueños, asegurándose así, primero, que no podrían ser vendidos sino a un precio fijo (normalmente el precio medio para los esclavos en el mercado), y, segundo, que el esclavo podría comprar su libertad después de haber pagado, a plazos, la  diferencia entre su primera entrega y el precio fijado. Estos derechos, naturalmente, presuponían otro, es decir, el de poseer o acumular dinero y posesiones, por medio, por ejemplo, del cultivo de hortalizas en trozos de tierra que les fueran cedidos, gracias al trabajo extra en las ciudades e incluso por medio del robo. (Thomas 1971)


Texto completo en el enlace: http://www.cesareojarabo.es/2018/10/el-trato-del-esclavo-en-espana-texto.html

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