lunes, 3 de agosto de 2020

Los intereses británicos en la estructura esclavista (5)

La evolución del tráfico, lógicamente, siguió creciente; para hacernos una idea, debemos tener en cuenta que la Compañía Real Africana transportó, entre 1680 y 1686, unos 35.000 esclavos. Tomando un periodo idéntico de nueve años para operaciones llevadas a término por las nuevas compañías, destaca que, sólo los comerciantes de Bristol embarcaron 160.950 negros a las plantaciones azucareras. Y la flota esclavista, que en 1720 estaba compuesta por ciento veinte buques, en 1760 contaba al menos con 146 buques, con una capacidad para 36.000 esclavos. Y en 1771, el número de barcos había aumentado a 190, en cuyas bodegas trasladaron a 47.000 esclavos.

Todo ello comportaba pingües beneficios, hasta el extremo que a mediados del siglo XVIII todo el comercio y la manufactura británicas estaban conectados, de uno u otro modo, con el comercio triangular, siendo que las ganancias obtenidas sirvieron, de una manera directa, para la financiación de la Revolución industrial, que en 1750 conoció un  importante empuje con la creación de la conocida como Compañía de
Comerciantes, que tenía participación prioritaria en el comercio triangular  y controlaba el tráfico.
Y las colonias de las Antillas eran el eje del Imperio Británico, con una inmensa capacidad productiva. El contrabando y la piratería eran las otras dos patas del banco que sustentaba el ser de Inglaterra.
Y es que cerca de la mitad de los beneficios comerciales británicos dependía de la economía esclavista atlántica. El beneficio obtenido era enorme, pero además este modelo empujaba su industria. El 15% de la construcción naval se destinaba al tráfico.
Por eso el tráfico siguió creciendo en importancia, y los beneficios se mostraban en Inglaterra de manera ostentosa, hasta el extremo que en la Bolsa de Liverpul, ciudad que en 1795 gestionaba las tres séptimas partes de todo el tráfico esclavista europeo, se exhibían relieves de cabezas de africanos, y los mercaderes hacían pública ostentación, siendo que las inversiones alcanzaban cifras muy importantes.

Entre 1750 y 1807, los tratantes de esclavos británicos invirtieron por término medio 2.525.959 libras por decenio en la construcción, la reparación y los pertrechos de sus barcos, en astilleros ingleses; entre un promedio de 1,5 millones de libras por decenio de 1750 a 1780, y casi 4 millones por decenio de 1781 a 1807. (Inikori 1977: 7)

Y los beneficios generados, que estaban en consonancia con las inversiones realizadas, fueron la base de los bancos ingleses actuales.
Pero esa generación de recursos no se limitaba al tráfico negrero, sino que aprovechando la ruta del esclavo, Inglaterra aprovechaba para abrir también rutas para  el contrabando de todo tipo de bienes, que también conocieron una gran intensidad. Así, a mediados del siglo XVIII, esa actividad ilegal estaba afectando gravemente a la economía española, siendo que la Casa de Contratación de Sevilla informaba de las dificultades que encontraban los comerciantes españoles a la hora de vender sus productos en América como consecuencia de la enorme cantidad de mercancías inglesas que al amparo del Tratado de Utrecht, y sobrepasando ampliamente lo en él estipulado, entraban en los puertos americanos.
La Corona española tomó medidas impidiendo que llegase oro o plata a los puertos donde atracaban los ingleses al tiempo que creaba una pequeña flota de guardacostas con base en Cartagena y en La Habana destinada a interferir el contrabando, lo que acabó ocasionando una nueva guerra con Inglaterra, la conocida como la de la oreja de Jenkins, al haber mutilado una oreja a este pirata, pillado in fraganti.
Pero centrándonos en el hecho del tráfico de esclavos, es el caso que la intensidad del tráfico y la demanda de mano de obra esclava hizo que en 1766 Inglaterra autorizase la trata directa de África a Florida, territorio que era colonia británica desde 1763.
Por otra parte, la flota inglesa tomó La Habana en agosto de 1762 y la mantuvo en su poder durante once meses. En ese tiempo trasladó a la isla no menos de once mil esclavos e implantó un régimen comercial al estilo británico. Y lo que es peor: cuando finalmente Inglaterra abandonó la isla, lo hizo militarmente, pero dejó todo un tejido mercantil y esclavista que fue el que convirtió la isla en uno de los últimos destinos de los traficantes de esclavos africanos.
Inglaterra era, sin lugar a dudas,  el más importante país en el comercio de esclavos de todo el mundo (y eso ciñéndonos al tráfico atlántico y dejando al margen la India). Entre 1756 y 1786, Bristol envió 588 barcos a África y Liverpool, 1.858; entre 1795 y 1804, Liverpool mandó 1.099 naves, Londres, 155 y Bristol, 29, y a finales del siglo XVIII, todas las clases de la sociedad inglesa presentaban un frente unido en lo referente al tráfico de esclavos; La monarquía, el gobierno, la iglesia, la opinión pública en general, apoyaban el tráfico de esclavos. Había pocas protestas y éstas eran ineficaces, y curiosamente, en estas fechas, Adam Smith señalaba la nula rentabilidad del trabajo esclavo, y  en 1765, tras años  se fundaba en Inglaterra la Sociedad Antiesclavista.


Texto completo: https://www.cesareojarabo.es/2019/09/los-intereses-britanicos-en-la.html

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