viernes, 25 de septiembre de 2020

1868-1898 GUERRAS SEPARATISTAS EN CUBA (5)

Tampoco el pretendiente D. Carlos perdió la oportunidad de intentar la adscripción de Cuba a la causa carlista.
El 30 de octubre de 1868 Don Carlos escribió a Lersundi nombrándolo Virrey de las Antillas e instándolo a introducir las convenientes reformas, autonomía y representación en Cortes, para la buena gobernabilidad de la isla, a la que Lersundi contestó que su reina era Isabel II, y dando a entender que la propuesta tenía también un carácter separatista; aspecto que en ningún caso puede deducirse de la carta del pretendiente. (Pirala 1895: 308-312)



Finalmente, Lersundi consiguió reducir la revuelta casi a la inacción gracias a las buenas artes del general Manuel Gutiérrez de la Concha, que organizó el Cuerpo de Voluntarios o Nobles Vecinos, tras lo cual dimitió reiteradamente del mando, llegando a declinar toda responsabilidad en los acontecimientos. Fue entonces cuando el mismo capitán general cayó en la cuenta de algo obvio: la importancia de las Leyes de Indias, que habían sido barridas por el régimen liberal.

Las leyes de Indias, ese monumento tan glorioso que elevó á tanta altura el nombre español y la riqueza de la América española, ha sido destruido, así como la poderosa é inquebrantable organización de nuestras colonias, sustituyéndoles sin orden ni concierto con un sistema burocrático, que á la par que costoso, ignorante y sin ventaja legítima alguna, permitía por un lado la inmoralidad más escandalosa, y contribuía por otros al desprestigio del gobierno superior civil, de la capitanía general, del Tribunal Superior del Territorio, de toda autoridad en fin; y todo ¿para qué? para dar vida y explicar la existencia de un centro que se llama ministerio de Ultramar. (Pirala 1895: 339)

El aserto, casi perfecto, dejaba incólume la cuestión por el hecho de referirse a los territorios de Ultramar como a colonias; algo que, con las Leyes de Indias nunca fueron, como nunca carecieron de las garantías sociales y jurídicas y que significaban unan cortapisa a los posibles abusos de las autoridades, sometidas como estaban a los juicios de residencia, siendo que, además, podían acudir al gobierno central exponiendo que el gobernador se había extralimitado en tal ó cual facultad ordinaria o extraordinaria.
Adquirieron esa condición por obra y gracia del sistema liberal, que en sesión secreta de 16 de Enero de 1837 tomó el acuerdo de excluirlas de las Cortes y privar a las mismas de los derechos que les eran propios desde su constitución, convirtiéndolas, en el mismo acto, de provincias en colonias, llevando a cabo un aberrante hecho antijurídico dado que, desde la redacción de las Leyes de Indias, habían sido declaradas parte integrante de la monarquía.
No es de extrañar esta medida si tenemos en cuenta que, ese mismo año 1837, el embajador británico Villiers impuso a Mendizábal como ministro de Hacienda, y que el año 1843, en que era coronada con trece años Isabel II, y la política nacional estaba barajándose entre Cea Bermúdez y Martínez de la Rosa, liberales.
Es el caso que, aunque tarde, Lersundi logró poner un poco de orden, a lo que Céspedes, contestó ordenando el incendio de todos los plantíos de caña.
En medio de esta situación, EE.UU volvió a la carga en sus insistentes pretensiones sobre la gran Antilla; en esta ocasión, el enviado Hamilton Fish propuso la independencia de Cuba, para lo que ofrecía la intervención de José Morales Lemus, representante de los separatistas a quién los usenses reconocían como agente autorizado del partido revolucionario de la isla de Cuba.
Pero el gobierno de España, tras esta nueva intervención inamistosa de los Estados Unidos no veía ninguna mala intención por lo que, actuando como si no hubiesen escuchado nada, y teniendo como no existentes las constantes muestras de enemistad manifestadas al menos desde 1809 con Madison como presidente usense; en 1822, 1823 y 1825 con Monroe; en 1826 con Adams; en 1843 y 1845 con Tyler; en 1848 con Polk, en 1949 con Taylor; en 1854 y 1855 con Pierce;  en 1857 y 1859 con Buchanan; en 1866 y 1867 con Jhonson; y desoyendo, además, las advertencias recibidas y cerrando los ojos ante el filibusterismo generado desde los mismos Estados, Unidos, decidió encargarles la construcción de unas naves para la defensa de Cuba.

En las condiciones de la "Guerra Grande", el buen uso de la diplomacia permitió a Estados Unidos algo realmente inaudito, que revela hasta qué punto los gobernantes españoles carecían de toda visión estratégica del conflicto: ¡contratar con España la construcción de treinta cañoneros para la defensa marítima de la isla! Es decir, España dejaba en manos de Estados Unidos, su principal competidor en la zona, el suministro de los medios necesarios para preservar la soberanía de la isla. Evidentemente el encargo sufrió todo tipo de dilaciones, hasta el punto de que los buques fueron embargados por el gobierno norteamericano y sólo después de una larga negociación una parte de ellos llegó por fin a manos españolas en enero de 1870, cuando la insurrección cubana había adquirido ya unas notables proporciones. (Pérez 1998: 5)

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/05/1868-1898-guerras-separatistas-en-cuba.html

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