viernes, 4 de septiembre de 2020

De la guerra justa (6)

En aquellas naciones en que el latrocinio, el adulterio, la usura, el pecado nefando y los demás crímenes son tenidos por cosas torpísimas y están castigadas por las leyes y por las costumbres, aunque algunos de sus ciudadanos caigan en estos delitos, no por eso se ha de decir que la nación entera no guarda la ley natural, ni por el pecado de algunos que públicamente son castigados, deberá ser castigada la ciudad entera; del mismo modo que si algunos de una ciudad por voluntad propia y no por autoridad pública hiciesen una incursión hostil en los campos de sus vecinos, nadie tendría
derecho a proceder contra la ciudad misma si sus leyes castigaban a estos ladrones y les obligaban a devolver la cosa robada. Pero si hubiese una gente tan bárbara e inhumana que no contase entre las cosas torpes todos ó algunos de los crímenes que he enumerado y no los castigase en sus leyes y en sus costumbres ó impusiese penas levísimas a los más graves y especialmente a aquellos que la naturaleza detesta más, de esa nación se diría con toda justicia y propiedad que no observa la ley natural, y podrían con pleno derecho los cristianos, si rehusaba someterse a su imperio, destruirla por sus nefandos delitos y barbarie e inhumanidad, y sería un gran bien que aquellos hombres pésimos, bárbaros e impíos obedeciesen a los buenos, a los humanos y a los observadores de la verdadera religión, y mediante sus leyes, advertencias y trato se redujesen a humanidad y piedad, lo cual sería grandísima ventaja de la caridad cristiana. (Sepúlveda)
Con estos juicios, Sepúlveda toma como propios los principios que ya en su tiempo movieron a Roma a implantar su Imperio. Son, así, los principios humanistas, y no los mercantilistas, los que justifican plenamente una acción bélica, porque es justo y necesario que los hombres prudentes, justos, humanos, con clara voluntad de servir a la Ley Natural, implanten, en su sociedad, si, … y en la Humanidad, el imperio de esa misma Ley Natural, y que apoyen en todos los ámbitos la creación de una legislación positiva que se ajuste al máximo a aquella, respetando las justas variantes que puedan producirse por las costumbres ancestrales que no contravengan esa Ley Natural.
Naturalmente, quienes apoyan la opción contraria, propondrán los argumentos que ya en su día propuso Bartolomé de las Casas, y que acaban consagrando como buenas las actuaciones nefandas que se puedan estar produciendo.
Y es que, contrariamente a Sepúlveda, Bartolomé de las Casas no ve admisible la guerra contra aquellos cuya “cultura” les indique es bueno y admisible el pecado nefando, la antropofagia, o cualquier otra actuación contra natura. Y no es una afirmación gratuita. El dominico lo justifica, utilizando además citas bíblicas, y asegura que el sacrificio de seres humanos es admisible si la costumbre así lo marca.

Cualquiera que inmola hombres a Dios, puede hacerlo llevado de su razón natural. (Las Casas, Apología: 235)
Pero no hace mención a que la costumbre está sujeta a variación a través de los tiempos. No es ningún secreto que muchas costumbres vigentes en el Imperio Romano no son vigentes hoy… ni lo eran en la Edad Media. Hay costumbres más arraigadas y costumbres menos arraigadas, y la ley debe respetarlas… siempre que no sean lesivas al orden natural… Y debe obviarlas cuando por naturaleza hayan desaparecido, pero del mismo modo que debe velar porque esas costumbres sean respetadas siempre que sean demandadas, también debe reprimir aquellas actuaciones que sean contra natura.



http://www.cesareojarabo.es/2018/09/de-la-guerra-justa-texto-completo.html

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