domingo, 27 de septiembre de 2020

El tráfico de esclavos en la edad moderna (7)

Hemos señalado dos puntos de inflexión: La separación de Portugal y la Guerra de Sucesión tras la muerte de Carlos II. En ambos casos, el tráfico atlántico se incrementó, y en ambos casos era Inglaterra la abanderada del tráfico, y sus colonias, las principales destinatarias de su mercancía, destinando una pequeña parte para reexportarla a la España americana.

Durante ese periodo, en 1651, cincuenta y seis años después del asiento de Gómez Reynel, la Corona española pasaba a conceder nuevos asientos, cuyos principales destinatarios serían Juan Rodrigo Calderón, Juan de Salcedo y Jacinto Núñez de Loarca, que al fin no serían sino un  refuerzo al tráfico llevado a cabo por holandeses e ingleses.
Pero esta actividad, además de lo impropio que por tradición era para España, se vio mermada, a pesar de la formalización del asiento de 1651 por la situación de guerra existente con Francia; una guerra que con unas y otras características se desarrolló entre 1635 y 1659.
En 1662, Domingo Grillo y Ambrosio Lomelfn. Tuvieron derecho de asiento por siete años, periodo en el que llegó a transportar hasta 24.000 esclavos, y en 1664 los traficantes Antonio García y Sebastián Siliceo, obtuvieron el derecho de asiento por cinco años, en cuyo periodo debían transportar en conjunto 40.000 esclavos, pero finalmente no se llevó a efecto, y en 1682 el asiento se convino por cinco años con los gaditanos Juan Barroso del Pozo y Nicolás Pordo, que también quebraron, siendo transferido el asiento a Baltasar Coymans en 1685.
En 1692 el asiento estaría a cargo del venezolano Bernardo Francisco Martin de Guzmán, y en 1695, la Compañía de Cachu, francesa accedía al asiento para pasar 4.000 esclavos anuales.
Cuatro años después, la Compañía Portuguesa de Guinea sería la beneficiaria hasta 1702, pero con la llegada de Felipe V, en 1701 el asiento fue adjudicado por diez años a Francia, quienes tampoco concluyeron la concesión dada a la Compañía Francesa de Guinea al haber sido concedido el asiento, como consecuencia de la Paz de Utrecht, a Inglaterra, el 16 de marzo de 1713, que lo materializó con la Compañía Inglesa del Mar del Sur.

El convenio de 1701 reconoció a la Compañía de Guinea el monopolio de la introducción de mano de obra africana en las colonias españolas en el Caribe y en parte del continente.
Esa suerte de empresa capitalista de primera generación prometió expedir cuatro mil 800 esclavos cada año, durante una década, desde cualquier punto de África occidental, hacia Veracruz, Cumaná, Portobelo, La Habana y Cartagena de Indias. (Soto)

En conjunto, la actividad de los esclavistas españoles no pasaba de ser un pequeño porcentaje en el total del tráfico.
En estas fechas, el control de la saca de esclavos en el Golfo de Guinea estaba en manos de Holanda, que en 1662 abandonó sus aspiraciones en la costa brasileña para dedicarse más a África.
Pero el campeón de los traficantes era sin lugar a dudas Inglaterra, que si para 1700 era la primera potencia, no sólo esclavista sino también traficante. Debe tenerse en cuenta que al acabar el siglo XVI, mientras en Brasil había aproximadamente medio millón de negros, en el Caribe no hispánico se concentraba un número similar, siendo que no se puede comparar la extensión de cada uno de los territorios. El total de negros residentes en la España americana, cuyas dimensiones tampoco pueden ser comparadas, estaba en torno a los 400.000, siendo que un  muy alto porcentaje de los mismos, aun habiendo llegado con la condición de esclavos, estaban manumitidos.

El verdadero movimiento de esclavos hacia Latinoamérica fue un fenómeno posterior a 1700. Menos de un cuarto del total de sus inmigrantes africanos habían llegado a cada una de las regiones ibéricas con anterioridad a esa fecha. (Klein 1993: 10)

El total de esclavos existentes en las colonias británicas del continente no llegaba a los 10.000. Diez años más tarde la cifra se había multiplicado por cinco… y en 1776 eran ya más de quinientos mil, un quinto de la población total… Y los indios, exterminados.
En 1713, y como consecuencia del Tratado de Utrecht se convirtió prácticamente en monopolista del tráfico.

Un desfile de antorchas a través de Londres acogió la noticia de la concesión. Se creía que habían vuelto los días de prosperidad. Ya se preveía esto en el discurso al Parlamento de la reina Ana del 6 de junio de 1712: «Hemos insistido y obtenido que el asiento o contrato para proveer de negros a las Indias occidentales españolas se hiciera con nosotros por treinta años. (Thomas 1997: 234)

Texto completo: https://www.cesareojarabo.es/2019/09/el-trafico-de-esclavos-en-la-edad.html

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