martes, 29 de septiembre de 2020

LA MARINA ESPAÑOLA ANTE EL DESASTRE DE 1898 (7)


¿Era culpa de Rodríguez Arias?... La «ley de reconstrucción de la escuadra» había sido aprobada unánimemente en 1887, y en la misma se concedía el crédito extraordinario señalado para la construcción de tres cruceros de guerra en astilleros españoles.
Conforme se desarrollaba el proyecto, la prensa criticaba la inoperancia del gobierno y de los astilleros, así como la corrupción que envolvía la operación, que debía ser llevada a cabo por “Astilleros del Nervión”, propiedad de los hermanos Francisco y José María Martínez de las Rivas, relacionados con Cánovas.
Pocos inocentes encontramos en los gobiernos, y en el desarrollo de este “proyecto” de 1887 especialmente, cuando consideramos qué unidades se encargaron… y cómo acabó el proyecto… y cual era el coste de las unidades.



Cada tonelada incorporada a un acorazado costaba menos de la mitad de una incorporada a un torpedero, y casi un 60% menos de la mitad de una incorporada a un destructor o un submarino. De tal manera que, a igualdad de presupuesto, se podía tener más del doble de toneladas invirtiendo en acorazados que haciéndolo en buques pequeños. (Crespo 2014: 30)

Pero a pesar de todo parecía abrir una puerta a la esperanza… Dio el visto bueno para el desarrollo del submarino, cicateramente, pero posibilitando el desarrollo de un arma que, si no hubiese sido saboteada por el propio gobierno, hubiese sido decisiva no sólo para garantizar la unidad de la Patria, sino también para posibilitar un importante desarrollo industrial, no sólo militar, sino también civil.
Pero el desarrollo del submarino fue saboteado; la Armada no se modernizó, y en 1894 seguía el asunto “resolviéndose” en el parlamento.
La situación era la señalada; la armada, desarmada, pero el gobierno, según decreto de 16 de enero de 1891 había publicado una larga lista de buques que se encontraban en servicio.

tenemos tres divisiones navales, la primera, o sea la de Cádiz, se compone de un buque de 9.000 toneladas, de dos de 7.000, de uno de 5.000, de dos cruceros de tercera clase, de dos cañoneros-torpederos y de tres torpederos; la segunda, o sea la del Ferrol, se compone de un buque de 9.000 toneladas, de dos de 7.000, de uno de 5.000, de dos cruceros de tercera clase, de dos cañoneros-torpederos, de un cazatorpederos y de dos torpederos, y la tercera, o sea la de Cartagena, se compone de un buque de 9.000 toneladas, de dos de 7.000, de uno de 5.000, de dos cruceros de tercera clase, de dos cañoneros-torpederos y de cinco torpederos. (Isern 1899:346)

La triste realidad era que alguno de estos buques estaba en proyecto, que otros estaban en una construcción inacabable y que, por lo tanto, no había por entonces mas buques, dispuestos a entrar en fuego, que dos de los cuatro de 7.000 toneladas, y éstos antiguos, en constantes reparaciones y sin actualizar el armamento ni las defensas.
Al respecto, en 1894, un oficial de la Armada, y diputado a Cortes, Díaz Moreu, sería el encargado de iniciar el debate sobre el estado de las fuerzas navales, afirmando ante el Congreso que, examinados uno a uno todos los barcos de la marina de guerra española, labor realizada por él mismo, podía asegurar sin reservas que sólo se disponía de tres barcos en condiciones de combate, y que éstos eran de escaso rendimiento. (Sánchez 1996: 205)

En una situación de preguerra con los Estados Unidos, los 225 millones de pesetas presupuestados se habían gastado totalmente y sólo disponíamos, como había indicado el oficial Diaz Moreu, de tres barcos en condiciones de combatir. Para aclarar el asunto, Manuel Pasquín, ministro de marina se nombró una comisión…
La comisión Pasquín resultó un éxito… y por Real Decreto de 18-8-95 se estipuló que todo buque mayor de 7.000 toneladas sería considerado acorazado; todo crucero de más de 2.000 como de 1ª clase, aunque en otras marinas lo eran los de doble o triple tamaño, y un cañonero de más de 500 toneladas, tendría la consideración  de crucero de 3ª clase.
Y todo mucho más económico que el proyecto de 1887.
Sin lugar a dudas, un éxito que dejaba tranquilo el gobierno el año siguiente, 1896, cuando el agregado naval de España en Washington emitió un mensaje en el que, entre otras cosas decía:

Esta república de los Estados Unidos tiene hoy buques de guerra en Hawai, Samoa, Japón, China y Korea, y los tiene para favorecer sus intereses, y si éstos pugnan con los nuestros de Filipinas, contra éstos irán, como han ido contra Cuba…/… De los tres nuevos acorazados de 11.000 toneladas sacados nuevamente a concurso, uno sera construído por la casa Union Iron Work de San Francisco, y quedara cuando esté terminado para prestar servicios en esta costa, en unión del Oregón, que esta completamente terminado…/…Se activan los trabajos para tener listos a fin de este año los buques Adams, Albatros, Alert, Bennington, Boston, Detroit, Machias, Marión, Modnadnock, Monocaci, Monterey, Olimpia, Oregon, Philadelphia, Pinta, Yorkteron; algunos de estos buques están en el arsenal de Mare-Island.
Todo este material naval que tienen los Estados Unidos en las aguas del Pacífico lo dedicarán en caso de guerra contra España para defender sus costas de cualquier agresión por parte de nuestra Escuadra de Filipinas, salvo el caso que traten de utilizarlo para molestarnos en nuestro oriental archipiélago…/… Debe tenerse presente que, aunque las islas Hawai son independientes, están dominadas moralmente por los Estados Unidos, y en caso de guerra las utilizarán como punto de apoyo de los buques que envíen a Manila, si quieren atacarnos por ese lado...  (El Mundo Naval Ilustrado nº 27 Junio de 1898)


Texto completo en http://www.cesareojarabo.es/2018/06/la-marina-espanola-ante-el-desastre-de.html

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