miércoles, 2 de septiembre de 2020

Nada en común (XXX)

El 6 de Agosto de 1978 moría Pablo VI, y el 26 del mismo mes era elevado al solio pontificio Juan Pablo I.

Si la muerte de Pablo VI abría alguna expectativa a los católicos, recibieron un jarro de agua fría cuando el 28 de Septiembre del mismo año moría sin aparente causa que lo justificase el nuevo Papa Juan Pablo I.



Las sospechas de asesinato no abandonaron la mente de muchos católicos, entre los que se contaba Cesáreo, hasta que transcurrido algún tiempo, el nuevo Papa Juan Pablo II, elegido el 16-10-78, acabó protagonizando uno de los periodos más largos y fructíferos de la historia de la Iglesia (26 años y 5 meses) y demostró que se trataba realmente de un Papa, del Vicario de Cristo en la tierra.

El 22 de Agosto, en Managua, el Comandante Cero, Edén Pastora, tomaba el Palacio Nacional y mantenía retenido a un importante número de personas, entre las que se encontraba gran número de miembros del gobierno. Era el principio del fin de Somoza.

En España se creaba un movimiento de simpatía que, en el conflicto subsiguiente, llevaría combatientes a Nicaragua. Cesáreo estuvo a punto de incrementar el número de los mismos.

Tenía un amigo nicaragüense, compañero de facultad, hijo de un general del ejército de Somoza, y miembro del Frente Sandinista. Cesáreo pidió excedencia en el banco, que unida a su periodo vacacional, tenía previsto destinarlo a su lucha en Nicaragua. Otra vez su Ángel de la Guarda lo libró.

Tardaron en concederle la excedencia, y en ese plazo tuvo mayor información de lo acontecido con los viajes a Nicaragua. Estaban férreamente controlados por la Liga Comunista Revolucionaria. Enterado de esta circunstancia dio una oportuna marcha atrás.

Otra cosa hubiese significado, en el mejor de los casos, que hubiese pasado a formar parte de las milicias del Comandante Cero. En el peor, y con toda probabilidad más cierto, que hubiese sido asesinado por los marxistas.

En Septiembre, dentro de la campaña propagandista que estaba llevando a cabo ATNS, Cesáreo, Mª Carmen y Bernardo, montaron un tenderete en la plaza principal de Santa Coloma de Gramanet. A escasos veinte metros, Fuerza Nueva tenía instalado otro tenderete. Ambos, con la bandera nacional. En derredor fue acumulándose un público indeseado, atendiendo la llamada del alcalde, cura y comunista de Santa Coloma.

De pronto, aquella chusma irrumpió en el tenderete de Fuerza Nueva, y dando una patada a la bandera española, lo tiró al suelo. Mientras los miembros de Fuerza Nueva recogían las existencias y se retiraban, Bernardo y Cesáreo se aprestaron a defender la bandera nacional ultrajada, y dieron una sinfonía de porrazos a aquellos rojillos que osaban pasar de las palabras.

El ambiente lo recordaba Cesáreo como de circo romano donde el público exigía al César la muerte del gladiador. La verdad es que entre aquel gentío, o “gentucío”, había mucho veneno y muy poco valor. Dos hombres jóvenes los mantuvieron a raya, ¡y bien a raya!, hasta que otro camarada que había sido llamado por Carmen, por teléfono, hizo acto de presencia con un vehículo donde se montaron todos y marcharon del lugar.

La herida resultó dolorosa para los demócratas instalados en el ayuntamiento de Santa Coloma, motivo por el que convocaron, para el domingo siguiente, una manifestación “contra los fascistas”; vamos, contra ATNS, que les había enseñado los dientes.

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