viernes, 16 de octubre de 2020

1898, GUERRA HISPANO USENSE EN CUBA (9)

Mientras en Madrid cubrían el expediente con la convocatoria de una suscripción popular, el 18 de abril, el Congreso de los Estados Unidos aprobaba una resolución conjunta dando plenos poderes a McKinley. Desde este día se sabía que la guerra es inevitable.

El 22 de abril bloqueaban La Habana; el 23, Matanzas, Cárdenas, Mariel y Cabañas. El 27, Cienfuegos.
La situación marcaba claramente qué iba a ocurrir, y Cánovas preveía que tanto una guerra larga como una paz deshonrosa traería la revolución en la Península. La única solución era una rápida derrota, de la que pareciera que el ejército y la marina salían con honor.
No era el único que preveía qué iba a suceder. Carlos Ría Baja, soldado que resultó prisionero dejó escrito en su libro de memorias:

la cosa está en litigio y ojalá á los gobernantes actuales, alguien sobrenatural les ilumine y opten por no declarar la guerra á los Estados Unidos, porque, bien quisiera equivocarme, pero será nuestra perdición; España va al abismo, pero al abismo insondable; sufrirá una caída de la que no se levantará, quizás en muchos siglos. (Ría 1899: 59)

Pero Carlos Ría, que mostraba estar al corriente de la realidad, era una víctima más de las acciones que el enemigo llevaba a efecto desde el mismo gobierno de España. Hechos concretos y generalidades, debidamente relacionados con los acontecimientos son los que nos pueden dar una versión más acertada de la realidad. Así, hecho concreto y personal es el relatado por el citado, como hecho concreto y puntual es el que nos relata Antonio Crespo Massieu en relación con la actuación de un traidor, el capitán de navío Emilio Ruiz del Árbol

En abril, un poco antes de que comenzaran los combates, el entonces capitán de navío Emilio Ruiz del Árbol, que estaba destinado en Cuba como Jefe de la Estación de Matanzas, desertó de su puesto y se marchó a los EE. UU. La prensa americana informó que se había detenido a un pasajero del mercante Panamá con documentación falsa a nombre de Remigio Zapatero que portaba una “carta cifrada” pero que se le había identificado como un oficial de la marina española que había estado destinado, años atrás, en Washington.
El detenido estaba en Cayo Hueso, sede del Centro de Operaciones de la Inteligencia Naval. La prensa americana no volvió a informar sobre este asunto. La prensa española sí que informó de la presencia en Washington, en plena guerra, de Emilio Ruiz del Árbol, que se alojaba en el mismo hotel en el que lo hacían los congresistas forasteros y de su posterior viaje a Nueva York. Precisamente, en Washington habían ahorcado por esas fechas a un ciudadano inglés sospechoso de ser espía a favor de España. En 1899, tras firmarse el armisticio, regresó a España. Ni en EE.UU. ni en España le fue aplicado el código penal militar, tal y como suele hacerse con los presuntos delitos de deserción, espionaje o traición. (Crespo 2014: 37)… Habiendo sido recompensado con la Orden de Carlos III…

Y cuando resulta que esos hechos concretos y puntuales coinciden con la realización de unos acontecimientos de una envergadura muy superior, podemos llegar a sacar conclusiones. ¿Es posible que un soldado se de cuenta de una situación de tan evidente importancia para el ser de la Patria que muerde las carnes y el gobierno no se entere?, ¿es posible que un reconocido traidor sea condecorado por ese mismo gobierno?
Todos eran conscientes de la situación, por lo que desde el 20 de abril las Cortes se hallaban reunidas en sesión permanente para intentar hacer frente al conflicto bélico. La declaración oficial de guerra se produjo entre el 21 y el 22 de abril. En estos momentos, no sólo Cuba, sino cualquier lugar de España estaba absolutamente desprotegido, corriendo riesgos evidentes Filipinas, las Carolinas y todo el Pacífico, Canarias, Baleares…

Al iniciarse la guerra con Estados Unidos, serán los propios armadores (Inchausti, Cía Marítima de Manila y Compañía de Filipinas), quienes ante la práctica indefensión marítima del archipiélago, ofrezcan sus buques para reforzar la débil escuadra de Montojo, esparcida entre Subic, Cavite y con unidades menores hasta en Las Carolinas. (Llorca 2016: 112)

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