viernes, 9 de octubre de 2020

De Isabel II al sexenio revolucionario (7)


Las elecciones habían sido convocadas por el gobierno provisional surgido de “la Gloriosa”, y como queda reflejado, fueron ganadas por los monárquicos, y no contentaron a los republicanos, ni a los carlistas, ni al movimiento obrero, ni a la derecha…



A partir del 11 de febrero de 1869, las sesiones de las Cortes Constituyentes dieron lugar al planteamiento de nuevos modelos de Estado, mientras se dedicaban a buscar un nuevo rey, para cuyo puesto fue postulado, contra su voluntad, Espartero. También se barajó coronar a Antonio de Orleáns, cuñado de Isabel II; al hijo de Isabel II (el futuro Alfonso XII); a Fernando de Sajonia-Coburgo; al príncipe Leopoldo de Hohenzollern… Finalmente, el elegido sería Amadeo de Saboya, grado 33 de la masonería.

La opción de conseguir la unión de España y Portugal, que se barajó en el momento, aparentando acoger el sentimiento popular, fue finalmente desechada al haber rechazado el ofrecimiento el príncipe Fernando, en cuya renuncia no andaba lejos la diplomacia británica.

Todas las vilezas del liberalismo se dieron cita en las Cortes, que no tuvieron nada que envidiar a las que conocemos en el siglo XXI.

El 19 de mayo, Pi y Margall hizo la defensa de la república al tiempo que justificaba la monarquía británica, afirmando que

En Inglaterra no hay partidos enemigos de la libertad, no hay inglés que crea posible limitar los derechos individuales, no hay uno que no se sintiese humillado si viese coartada o violada una de sus libertades. (Pi 1869: 90)

Con estas premisas, el 1 de Junio de 1869 Se redactaba la nueva constitución.

Pero la mayoría parlamentaria seguía en manos de los monárquicos, que se dedicaban a encontrar un nuevo rey para España, pero los candidatos la rechazaban como una patata caliente, motivo el por el cual, y dada la popularidad que había llegado a alcanzar Espartero, fue considerado idóneo para ceñir la corona, debiendo reconocerle cierto grado de prudencia al candidato, que consideró inoportuna la propuesta.
Por su parte, el duque de Montpensier, que había tomado parte significativa en los preparativos de la revolución,  reclamó a Prim el trono de España, con el título de Antonio I, pero fue desestimado por quién se convertiría en el alma de la restauración, que argumentó el veto formal de Napoleón III. Algo tendría que ver el hecho de, siendo capitán general del ejército, no haberse incorporado, como fue requerido, a la columna de Serrano que posteriormente alcanzaría la victoria en el Puente de Alcolea en 1868.
El 18 de junio de 1869, a pesar de la oposición republicana, fue nombrado regente Francisco Serrano Domínguez, capitán general y duque de la Torre, título de nobleza concedido por Isabel II en 1862, y que hasta el momento había sido el jefe del gabinete.

Una de las funciones del gobierno sería encontrar nuevo rey. A estas alturas, el partido republicano se señalaba como el más importante, reforzándose por el hecho de las infructuosas gestiones para dotar a España de rey. Finalmente aceptaría el cargo Amadeo de Saboya, que subiría al trono el 2 de enero de 1871, quién según Francisco Pi y Margal

…desconocía de España la historia, la lengua, las instituciones, las costumbres, los partidos, los hombres; y no podía por sus talentos suplir tan grave falta. (Pi 1884: 7)

Su elección fue decidida por las cortes el 16 de octubre de 1870.


Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2018/06/de-isabel-ii-al-sexenio-revolucionario.html

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