jueves, 29 de octubre de 2020

El trato del esclavo (2)



Los esclavos del Estado, tenían un estatuto rígido... como rígido era el estatuto de los militares... y rígido el estatuto de la sociedad, y la flagelación o la condena a muerte, existía, sí, como existía para los otros miembros de la sociedad que incumplían las normas, y que variaban de acuerdo al estatus de cada uno... como ahora mismo sucede.

Los ciudadanos libres tenían unas obligaciones con el estado, y si no las cumplían, eran sancionados, y por ello no se entiende que el estado fuese tirano. Del mismo modo, el esclavo de familia, como antes el señalado esclavo del estado, debía cumplir unas normas que por lo general eran cumplidas, y tenía la vida normal de un trabajador de hoy que cumple con su obligación. Cierto que no tenían vacaciones, pero el resto de la población tampoco las tenía. Eso es cuestión del derecho laboral para hombres libres, no esclavos, que empezó a desarrollarse en América con las Leyes de Indias, donde se marcaba un horario de trabajo, descanso semanal y descanso anual.
De estos apuntes podemos deducir que el maltrato no va necesariamente unido a la condición de esclavo; es más, había esclavos que alcanzaban altos grados de confianza y ejercían de administradores de sus amos, por ejemplo. A pesar de todo, el maltrato existía en la esclavitud... como existía en los distintos ámbitos de la sociedad.
Existirían amos benévolos y amos iracundos... y hasta tiranos, como hoy sucede en cualquier ámbito de la sociedad, y si a ello añadimos que los métodos utilizados difieren considerablemente a los hoy utilizados, nos encontramos con situaciones francamente inaceptables. Controlar esas situaciones fue labor de los legisladores.
Así, para determinar el grado de humanidad o inhumanidad en relación al asunto, no debemos perder de vista tres cuestiones:

El trato dado al esclavo
las manumisiones
la evolución de la historia y la comprensión del hecho esclavista.

Al decretar la Corona de España la condición de vasallos de los indios americanos, éstos prestaron sus servicios como trabajadores libres, pero  a principios del siglo XVI las pandemias de sarampión y de gripe diezmaron la población de La Española, por lo que, a instancias de Fray Bartolomé de las Casas se hizo un primer envío de esclavos negros procedentes de la Península, y cuya misión sería trabajar en las minas y en los ingenios azucareros.
El trato que debieron recibir en el ingenio de Diego Colón, a la sazón gobernador de la isla, no debió ser del todo ejemplar, lo que provocó que los esclavos, poco acostumbrados a ese trato, se sublevasen. Y no se sublevaron todos, sino los destinados al ingenio de Diego Colón.
Pero en el conjunto de la historia de la esclavitud en el mundo hispánico, no es común la acción de Diego Colón.

Elena F. S. de Studer, estudiando La trata de negros en el Río de la Plata durante el siglo XVIII, afirma: «El trato que los negros recibieron en estas regiones fue humano y benévolo. Los cronistas y viajeros están de acuerdo en afirmar que los esclavos porteños eran considerados por sus amos con bastante familiaridad, recibiendo muchos de ellos no sólo el apellido sino hasta la libertad y bienes. Su suerte no difirió, en general, de la de los blancos pobres. La mayoría murió sin haber recibido un solo azote, no sabían de tormentos, se les cuidó durante la enfermedad, y como el alimento principal, la carne, era muy barata, y se les vestía con las telas que ellos mismos fabricaban, siendo muy raro el que trajera zapatos, se mantenían con facilidad. Hubo, sin duda, excepciones, pero si alguna vez fueron maltratados, intervenía la autoridad y el esclavo era vendido a un amo más humano» (331-332). (Iraburu)

Como queda más arriba afirmado, la diversidad de actuaciones va inexorablemente unida a la diversidad de conceptos de vida de cada uno, y no es reseña menor la afirmación que precede. Partimos que en un ámbito como el Río de la Plata; la autora da como generalizado el buen trato y la ausencia de castigos físicos, y va más allá, se les daba la libertad y hasta el apellido y bienes... Más adelante veremos si esa actuación se puede generalizar en otros ámbitos geográficos.
A este respecto, señala José María Iraburu que en el mundo católico hispano-lusitano, nunca llegó a formarse un abismo infranqueable entre los hombres blancos y los de color. Mientras que, por ejemplo, en los Estados Unidos o en Sudáfrica la diferencia entre negro y blanco ha sido neta y abismal, en la zona iberoamericana, incluso en el campo terminológico, había una «escala resbaladiza» -mulatos, tercerones, cuarterones, quinterones, zambos o zambahigos, pardos o morenos, castizos, chinos, cambujos, salta-atrás, chamizos, coyotes, lobos, etc., etc.-, por la cual siempre era posible subir o bajar. (Iraburu)
Pero parece que en el mundo británico la cuestión no era exactamente igual. Para el mundo anglosajón, (hemos podido ver ejemplos en las películas, principalmente de las del siglo XX con las que fortalecen nuestra  colonización) el blanco es el anglosajón y el noreuropeo, siendo los demás directamente negros, y en su momento crearon la definición de sí mismos: WASP (blanco, anglosajón y protestante, por sus iniciales en inglés).

Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2019/09/el-trato-del-esclavo-texto-completo.html

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