lunes, 5 de octubre de 2020

La esclavitud en España desde el siglo XVIII (2)

El suministro de esclavos sería materialmente llevado a cabo por la South Sea Company, de Londres, que era quien detentaba la exclusiva de venta de esclavos en la España americana.

A pesar de las nuevas circunstancias que envolvían la política nacional e internacional desde el final de la Guerra de Sucesión,  España seguía sin mantener comercio con  África; seguía sin participar en el tráfico negrero, que era la parte más sucia de todo el entramado esclavista, y esa realidad era afeada por los adelantados ingleses en España, los agentes encargados de criticar que no se tuviese ese tipo de negocio que tanto lustre estaba dando a las ciudades inglesas. No obstante, el mercado negrero tenía muchos compradores en la España americana.

La compañía inglesa vendió unos 5000 esclavos (comprados en Jamaica, la mayoría) en Cuba, entre 1740 y 1760, a 144 pesos cada uno. El contrabando pudo proporcionar otros 5000 en el mismo período (Thomas 1971)

Y al amparo del tratado firmado con Inglaterra, desde 1714 Buenos Aires pasaba a convertirse en un importante centro de importación de esclavos para toda América del Sur, con especial incidencia en las zonas mineras y en las zonas agrícolas.
Pero a pesar de todo, el volumen de tráfico negrero no alcanzó las expectativas que el mercantilismo prometía. Y es que la evolución del esclavismo en América, dentro de su disparidad, había hecho que gran parte del trabajo que anteriormente había sido realizado por esclavos, a mediados del siglo XVIII hubiese sido prácticamente absorbido por trabajadores libres… o lo que es lo mismo, que muchos esclavos hubiesen alcanzado la libertad y siguiesen desarrollando las misma funciones laborales.

Sólo en aquellos lugares poco poblados, que habían permanecido rezagados en la evolución económica del reino, tales como las provincias de Tabasco y Campeche, pertenecientes a la gobernación de Yucatán, podían absorber cantidades limitadas de negros. El interior del país había superado ya la etapa esclavista, definitivamente. (Aguirre 1946: 85)


Entre 1739 y 1748, se desarrolló el enésimo enfrentamiento entre España e Inglaterra, en la que fue conocida como “Guerra del Asiento” o “Guerra de la oreja de Jenkins”. En todos los conflictos, los británicos intentaron controlar el comercio en los océanos Atlántico y Pacífico y obtener nuevos territorios en el Nuevo Mundo. Inglaterra había aumentado los agravios de modo considerable: apresamiento arbitrario de buques españoles, establecimiento en Honduras para la corta del palo campeche o el aumento del contrabando, entre otros.
Pero la guerra era librada no sólo en el mar, sino en los despachos. La invasión estaba siendo llevada a cabo desde la administración, donde los más altos cargos estaban siendo copados por quienes sin ambages pueden ser calificados de agentes de la Ilustración, en ocasiones servidores de Francia, en ocasiones servidores de Inglaterra, pero nunca servidores de España.
En 1759, con el advenimiento de Carlos III, la francmasonería se instaló abiertamente en el mundo cortesano, que en torno al ministro Ricardo Wall, y conforme denuncia Vicente de la Fuente en su obra “Historia de las sociedades secretas antiguas y modernas”, llevó una política de docilidad a las instrucciones de Inglaterra. Tan es así que, no sólo se permitió el tráfico negrero a los ingleses y franceses, sino que hasta en la misma España llegaron a crear una compañía negrera.
En 1756 había dado comienzo una nueva guerra, la de los Siete Años, a la que España fue abocada por intereses ajenos, y cuya paz, firmada en París el año 1763, dio lugar a que los ingleses se quedan con Canadá, España recuperase la Habana y Manila, y a cambio cediese Florida a Inglaterra, recibiendo como compensación Luisiana… y a España no le reportó más ganancia que el conocimiento de su debilidad y la vergüenza de aparecer ante toda Europa como una nación sumamente débil.
Todo venía rodado para los planes de Inglaterra, que contaba con una excelente operatividad de sus agentes en España, que cumplían a plena satisfacción con sus objetivos, habiendo alcanzado capacidad suficiente como para procurar el nombramiento, precisamente el mismo año de la firma de la paz de París, por ejemplo del nuevo Gobernador y Capitán General de Cuba, conde de Ricla, a la sazón primo hermano del conde de Aranda, significado preboste de la Ilustración, quién desde su toma de posesión, y aún sin contar con autorización, permitió y protegió la introducción masiva de esclavos. La autorización llegaría después.
Pero esa tan sólo era una faceta de la actividad de los agentes “ilustrados”. En el desarrollo de actividades para la consecución de sus objetivos, una conspiración contra el ministro Esquilache ocasionó que el 23 de marzo de 1766, la multitud rompiese los cinco mil faroles que alumbraban las calles de Madrid, cercando posteriormente la casa de Esquilache, que acabaron destrozando a pedradas.
A la historia ha pasado que el motín fue espontáneo y dirigido contra el ministro que había ordenado cortar los sombreros y las capas… Pero es el caso que los cortesanos, Ricardo Wall, el duque de Alba, el conde de Aranda, Roda, Campomanes, José Moñino Redondo, conde de Floridablanca, Azara, y otros, impidieron que se tomasen medidas para cortar el motín al tiempo que hicieron correr la voz que había sido promovido por los jesuitas, si bien hay historiadores, como Vicente de la Fuente, que culpan del mismo al duque de Alba, quién habría usado como instrumento al conde de Aranda. (Fuente: 119)
El caso es que, el motín de Esquilache, como años después sucedería con el motín de Aranjuez con otros fines, parece que fue provocado con el objetivo de conseguir la expulsión de los jesuitas, que eran los valedores de la Contrarreforma y los únicos que se podían oponer intelectualmente a los masones, en cuyas filas militaban los cortesanos citados y otros de menor significación. Si Esquilache era o no era tan nefasto como nos ha llegado será cuestión de investigarlo aparte.


Texto completo en el siguiente enlace: http://www.cesareojarabo.es/2018/09/la-esclavitud-en-espana-desde-el-siglo.html

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