jueves, 22 de octubre de 2020

La esclavitud en las edades antigua y media (3)

Esta afirmación nos puede llevar a debatir largo, porque Aristóteles señala como esclavos a aquellos que son diferentes, pero no a todos los que son diferentes, sino a aquellos cuya diferencia excede todo concepto que nos podamos imaginar. No entraremos en la cuestión.

Sin embargo, otro juicio del filósofo nos puede centrar algo más en el concepto, destacando que son las necesidades sociales las que reclaman la existencia de la esclavitud. Un  juicio que, atendiendo la literalidad de la cita, nos debe hacer pensar en nuestro momento actual.

Si todos los instrumentos pudieran cumplir su cometido obedeciendo las órdenes de otros o anticipándose a ellas, como cuentan de las estatuas de Dédalo o de los trípodes de Hefesto, de los que dice el poeta que entraban por sí solos en la asamblea de los dioses, si las lanzaderas tejieran solas y los plectros tocaran solos la cítara. Los maestros no necesitarían ayudantes, ni esclavos los amos. (Aristóteles: Política I, 4)

Y este principio, al fin, fue el que durante más de un milenio rigió el pensamiento común al respecto de la esclavitud, siendo que el pensamiento cristiano vino a poner en entredicho el aserto al proclamar la liberación del hombre de la esclavitud del pecado, lo que junto a la premisa de que todos somos iguales ante Dios, significó un punto de inflexión en cuanto a la concepción de la esclavitud física, hasta el extremo que las leyes de Constantino, y posteriormente de Justiniano, ya en el siglo VI, apostaron por su protección y por una facilidad en la manumisión.
La regulación jurídica del estatus del esclavo se perfeccionaría el siglo cuarto cuando el año 319 d. C., Constantino suavizó las condiciones de vida de los esclavos especificando lo que un propietario podía hacer o no con ellos, señalando como nota curiosa que por primera vez en la historia fue declarado festivo el domingo, día en que sólo abrirían las oficinas públicas para atender la liberación de esclavos.
Pero de ahí a acabar con la esclavitud continuaba presente un largo camino, hasta el extremo que, en esta misma época, San Gregorio Magno ordenaba la compra de esclavos anglos a sus emisarios desplazados a Cerdeña. Esta actitud evidencia la normalidad que la esclavitud tenía en la sociedad.
Y muestra de esa normalidad, y del general buen trato dado a los esclavos es la escasez de rebeliones. La primera de la que se tiene noticia es la acaecida en Sicilia, a mediados del siglo segundo, unos sesenta años después de la segunda guerra púnica, y como consecuencia del mal trato recibido por parte de una familia siciliana1 que aplicaba un trato atroz a sus esclavos. La rebelión tuvo dramáticas consecuencias al aplicar los sublevados una terrible represión sobre la población siciliana y llegar a vencer en batalla a dos cónsules romanos.
Pero el mercado de esclavos estaba más en manos de bárbaros, siendo que ya en el siglo VIII antes de Cristo se tiene constancia de uno, atendido por traficantes fenicios y ubicado en la isla de Lemnos.
Y al fin, los esclavos procedían de los territorios conquistados que, como Platón defendiera, se encontraban en una situación que hacía necesario su sometimiento a los ‘mejores’.

En otro tiempo, en algunos Estados, todos los obreros eran o esclavos o extranjeros; y en la mayor parte, hoy sucede lo mismo. Pero la constitución perfecta jamás admitirá al artesano entre los ciudadanos. Si del artesano se quiere hacer también un ciudadano, desde entonces la virtud del ciudadano, tal cual la hemos definido, debe entenderse, no de todos los hombres de la ciudad ni tampoco aun de todos los que no son libres, sino solamente de aquellos que no tienen necesariamente que trabajar para vivir. Trabajar en las cosas indispensables de la vida para la persona de un individuo, esto es ser esclavo; trabajar para el público, esto es ser obrero y mercenario. (Aristóteles, Política. Libro III cap 2)

Esclavos, sí, pero Roma, que en su apogeo tenía hasta tres millones de esclavos, lo que equivalía al cuarenta por ciento de su población, se significó muy especialmente por el desarrollo del derecho, y ese derecho romano entendía que los esclavos de una familia formaban parte de esa familia.
Y esclavos eran tutores de niños, maestros, administradores... Eran, al fin, trabajadores que normalmente acababan accediendo a la libertad. Eran manumitidos por diversas vías.
Pero no siempre la manumisión comportaba una mejora en el estatus del esclavo; así, las manumisiones eran escasas en Grecia, ya que el esclavo liberto se encontraba relegado a la situación de extranjero, y en esencia representaba una pérdida de derechos.
El trato no difería en exceso con el recibido por el resto de la población, y como consecuencia de entender la esclavitud como una desgracia, era sentimiento generalizado que la esclavitud, contra las creencias de otros pueblos y otras culturas, no era de carácter natural, sino sobrevenido.

Desde el siglo I AC, pensadores, teólogos y juristas de la antigua Roma, como Séneca, Filón de Alejandría, Pablo, Florencio, Ambrosio o Agustín de Hipona, discutieron y reinterpretaron la esclavitud natural. A pesar de las tensiones que provocaron la aceptación o el rechazo de la teoría, su concepción se proyectó en el tiempo y fue empleada, en su versión más literal, en la expansión europea de los siglos XV y XVI. (Armenteros 2012: 83)

Texto completo:  https://www.cesareojarabo.es/2019/10/la-esclavitud-en-las-edades-antigua-y.html

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