sábado, 3 de octubre de 2020

Los intereses británicos en la estructura esclavista (y 6)

Evidentemente, algo estaba pasando, y la visión comercial británica no estaba lejos de ello.
No fue casual la creación de la Sociedad Antiesclavista, como no fue casual que en esas mismas fechas se crease un cinturón sanitario con los traficantes de Liverpul. El motivo no era humanitario sino económico. Liverpul se había convertido en el principal puerto esclavista, pero las actividades estaban dando pérdidas muy importantes.



Desde 1763 hasta 1778 los comerciantes de Londres evitaron toda conexión con los traficantes de esclavos de Liverpool, convencidos de que el tráfico de esclavos ocasionaba pérdidas; entre 1772 y 1778 se dijo que los negociantes de Liverpool perdieron 700.000 libras. De treinta casas importantes que dominaban el tráfico de esclavos desde 1773, doce habían ido a la bancarrota hacia 1788. (Williams 2011:74)

Y es que el desarrollo del comercio y de la industria había hecho que el marco que desarrolló la explosión esclavista iniciada a mediados del siglo XVII, fuese perdiendo fuerza un siglo después. El mercado, el centro de las actuaciones británicas, había llegado a un punto (finales del siglo XVIII) en el que los precios se iban ajustando. Los proveedores de esclavos africanos exigían cada vez más, y las posiciones militares en África no tenían capacidad de control, y aumentar el precio del esclavo resultaba inasumible, motivo por el que las ganancias se habían visto reducidas a menos del diez por ciento en un siglo, a pesar de las medidas aplicadas en los transportes que habían reducido la mortandad del 24% al 6%.
En esa situación, la competidora principal de Inglaterra, la Compañía Holandesa de las Indias Occidentales presentaba unos balances aún peores: declaraba en esos momentos unos beneficios que apenas llegaban al 3%. Todo señalaba que el momento para abogar por la abolición de la esclavitud estaba servido.
Y a esa labor se volcó Inglaterra utilizando para ello la que sin lugar a dudas era la principal Armada del mundo.
Pero no quedaría resuelta la cuestión con esa medida, porque los males tradicionales de Inglaterra (la miseria, la desigualdad social, el trabajo infantil y la explotación de su pueblo) comenzaron a desarrollarse al compás de la Revolución Industrial, como deja magistralmente manifiesto Charles Dickens.
La inseguridad ciudadana, los crímenes de todo tipo, se adueñaron de aquellos lugares que no hacía mucho lucían orgullosos su riqueza conseguida a costa de sangre ajena, y las medidas para cortar semejante situación fueron del corte ya tradicional en la política inglesa: sangre y deportación.
En 1770 fue dictado el Código Sanguinario en el que se marcaban  222 tipos de crimen, casi todos contra la propiedad, que conllevaban la pena de muerte.
Un robo con valor superior a 5 chelines estaba sancionado con la pena de muerte; cortar un árbol conllevaba la pena de muerte; cazar un conejo estaba condenado con la muerte... y sin límite de edad; así, Michael Hammond y su hermana Ann, dos niños de 7 y 11 años fueron ahorcados por robo.
Y para librarse de la carga que representaban los esclavos negros, como medidas iniciales, en 1772 es abolida la esclavitud en el territorio de las islas británicas, primer paso para deportar a la población negra residente, que finalmente sería desembarcada en Sierra Leona cuando fue ocupada en 1787; lugar al que en principio estaban destinados los ciento cincuenta mil súbditos ingleses que tenían alguna condena, y que finalmente fueron trasladados en los buques negreros a Australia y a Nueva Zelanda; el mismo año fundaron la Sociedad Antiesclavista Británica; en 1791 se produce una rebelión en Haití que lleva a la liberación de los esclavos.
El asentamiento en Australia fue ideado para resolver un problema interno, principalmente el relativo a los delitos contra la propiedad. En lo fundamental, era una alternativa a la horca de ladrones o a la construcción de cárceles para los presos. (Ferguson)
Pero si inhumano fue el trato que dieron a su propia población, en concreto a la deportada a Australia, inhumanas fueron las consecuencias que padecieron los aborígenes de Australia y Nueva Zelanda. Al respecto señala Niall Ferguson:

Que los reincidentes fueran torturados de manera sistemática en tales lugares, era una nimiedad en comparación con el modo como fueron tratados los pueblos aborígenes o indígenas de Australia (que llegaban a las trescientas mil personas en 1788). Como ocurrió anteriormente con los indios americanos, estos también fueron víctimas de la plaga blanca. (Ferguson)

Los naturales fueron perseguidos hasta la extinción. En concreto en Tasmania los exterminaros en su totalidad, y en Australia y Nueva Zelanda realizaban cacerías organizadas que finalmente fueron prohibidas en 1945, cuando el proceso de Nuremberg. Y mientras tanto, en 1825 dictaron leyes por las que los súbditos ingleses que participasen en la trata serían condenados a muerte, que curiosamente nunca fueron aplicadas, a pesar de que continuaron con la trata.

Texto completo: https://www.cesareojarabo.es/2019/09/los-intereses-britanicos-en-la.html

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