miércoles, 4 de noviembre de 2020

De la guerra justa (7)

Ante esta tesitura, no cabe duda que los sofistas argüirán que habrá que definir qué cosa es contra natura. Pero la Humanidad ya lleva unos cuantos siglos como para poder condenar al ostracismo a los sofistas.

El no haberlo hecho ya hace siglos ha traído como consecuencia que, como la palabra “filósofo” ha adquirido una más que notable posición social, los sofistas hayan renunciado al adjetivo que les corresponde y del que están orgullosos, “sofista” (sabio), para pasar a denominarse filósofos, que no es otra cosa que “amante de la sabiduría”, y que no obedece a su realidad.

Esos sofistas, realmente hábiles en el lenguaje, dieron ya en la Grecia clásica lugar a los sicofantas, personajes que, como los sofistas, y con los mismos argumentos de los sofistas, tenían suficiente habilidad intelectual y facilidad de lenguaje para embaucar.
Además, sin dejar de tener en cuenta que una sola muerte injusta debe ser causa de mediación por parte de quien tiene autoridad, debemos reseñar que esa referencia de Las Casas al derecho natural que tienen algunos para inmolar hombres a su dios, no se hacía sobre una sola persona…
De remarcar ese hecho se encargaba Ginés de Sepúlveda, quién no se recataba en señalar que con la actuación de España

se libra de graves opresiones a muchos hombres inocentes, como vemos que pasa en la sumisión de estos bárbaros, de los cuales consta que todos los años, en una región llamada Nueva España, solían inmolar a los demonios más de 20.000 hombres inocentes. (Sepúlveda)
A esa calidad de sicofantas podemos encuadrar la imagen de quién gozó de todos los plácemes de la Monarquía Universal española, Fray Bartolomé de las Casas, que con todo el desparpajo, se atrevió a divulgar una retahíla de falsedades sin cuento que, tal vez por la mentalidad de la época, tanto calaron en las estructuras de poder, y en el pueblo llano, tanto en España como en el mundo.

Daremos por cuenta muy cierta y verdadera que son muertas en los dichos cuarenta años por las dichas tiranías e infernales obras de los cristianos, injusta y tiránicamente, más de doce cuentos de ánimas, hombres y mujeres y niños; y en verdad que creo, sin pensar engañarme, que son más de quince cuentos. (Las Casas. América: 4)

Esos eran los argumentos, uno tras otro a lo largo de un mediano documento como la “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” y de su “Apología”. ¿Argumentos jurídicos?... Ninguno. ¿Lenguaje de sicofanta?... Todo. ¿Cómo es posible que la Monarquía Hispánica apoyase a un señor que afirmaba que en La Española habían sido exterminados más de quince millones de indios?
Muchas más barbaridades, imposibles de ser realizadas, por mera capacidad física, relata el dominico. A pesar de todo, es innegable que sus calenturientas denuncias tuvieron reflejo en la confección de las Leyes de Indias, y por supuesto significaron un punto de inflexión en el estudio profundo de lo que nos ocupa: la guerra justa.
Pero, evidentemente, no fueron sus sofismas los determinantes de las leyes que vinieron después, sino las directrices señaladas por grandes juristas como Francisco de Vitoria, Melchor Cano… o el mismo Juan Ginés de Sepúlveda, que aunque marginado por la Corte, vio reflejados parte de sus principios en las nuevas Leyes.
Parte de sus principios, porque otros principios defendidos por él mismo, como el derecho a esclavizar, afortunadamente no tuvieron reflejo.



http://www.cesareojarabo.es/2018/09/de-la-guerra-justa-texto-completo.html

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