sábado, 14 de noviembre de 2020

El movimiento abolicionista (2)

Al calor de esa doctrina, y no precisamente al calor de la doctrina que se desarrolló en España durante los siglos XV a XVIII, en 1727 los cuáqueros, cuyo fundador Jorge Fox era propietario de esclavos en Pensilvania, condenaban la esclavitud, dando lugar en 1765 a la creación de la Sociedad Antiesclavista en Inglaterra, lo que llevó a que diez años después, mientras en las Trece Colonias quedaba nominalmente prohibida la trata, una comisión parlamentaria británica calentase los ánimos en pro de la abolición.



Parece que la última venta pública de un negro en Inglaterra se llevó a cabo en Liverpool en 1779. En 1777, una declaración real prohibió la entrada de negros en Francia, porque «se casan con europeos, infectan los burdeles, y se mezclan colores (Thomas 1997: 478)

Cecil Wray, William Paley, William Wilberforce, Thomas Clarkson, fueron los nombres más destacados en la campaña abolicionista preparada por los cuáqueros en Inglaterra, dedicándose a demostrar lo poco beneficiosa que resultaba la trata desde el punto de vista económico, al tiempo que animando a la apertura de nuevos mercados donde obtener las materias primas y donde poder abrir mercados para los productos ingleses. Adam Smith, contemporáneo y comprometido intelectualmente en los mismos objetivos no dudaba en dejar señalado que el relativismo era el principio que marcaba la actuación del movimiento abolicionista británico.

Siempre que la ley lo autorice y la naturaleza del trabajo lo permita, entonces, preferirá generalmente el servicio de esclavos que el de hombres libres. La plantación de azúcar o tabaco puede soportar el coste del cultivo con esclavos. Pero no parece que el cereal lo permita actualmente. En las colonias inglesas, cuya producción principal son los cereales, la mayor parte del trabajo es realizada por hombres libres. La reciente decisión de los cuáqueros de Pensilvania de liberar a todos sus esclavos negros induce a pensar que no pueden ser muchos: en caso contrario jamás habrían acordado esa medida. En nuestras colonias azucareras, por el contrario, todo el trabajo es hecho por esclavos, y en las tabaqueras la mayor parte. Los beneficios de una plantación de azúcar en cualquiera de nuestras colonias de las Indias Occidentales son normalmente muy superiores a los de cualquier otro cultivo en Europa o América. Y los beneficios de una plantación de tabaco, aunque menores que los del azúcar, son mayores que los del cereal, como ya ha sido apuntado. (Smith)

Las circunstancias económicas habían variado ostensiblemente, e Inglaterra mostraba su capacidad de adaptación, pues en ello radicaba la posibilidad de transformar tanto el sentido de la esclavitud como el del dominio territorial. A partir del momento los dos conceptos encontrarían sensibles variaciones y demostrarían que las nuevas formas garantizarían los mismos beneficios y posibilitarían su incremento al hacer recaer los costos que hasta la fecha reportaba el esclavismo sobre los mismos que, convertidos en “libres” se verían igualmente sometidos merced a los leoninos tratados de amistad y libre comercio que garantizaban a Inglaterra el control absoluto sobre aquellas sociedades que accedían a la “libertad” a la sombra de Inglaterra.
Con ese objetivo, Inglaterra acabaría aboliendo el tráfico en sus colonias, como ya queda señalado, en 1807, y a partir de ese momento iniciaría una actividad internacional tendente a la abolición en todo el orbe al compás del sometimiento de los mercados a los intereses y a las quincallas procedentes de Inglaterra. La revolución industrial permitía suplantar la mano de obra esclava por las máquinas.

La esclavitud aceleró la llegada de la Revolución Industrial. Las nuevas industrias –las textiles, fundiciones, minería, las industrias químicas, etc.- no tenían lugar en un sistema de bajos rendimientos. Ahora todo giraba en torno a las máquinas para las cuales se necesitaban asalariados, menos brazos y menos esclavos, y en cambio mayores tasas de productividad; se necesitaban amplios mercados y elevado número de consumidores. No había pues otra solución que proceder a desmontar el sistema esclavista; abolir la esclavitud. (García Fuentes 1976: 52)

Inglaterra era la primera potencia en iniciar la revolución industrial, en aras de la cual relegó la agricultura, se encontró con un exceso de mano de obra y precisaba ampliar los mercados en los que colocar sus productos industriales, motivo por el cual los negros ya no interesaban como mano de obra sino como consumidores universales, motivo por el cual resultaba imprescindible que los esclavos se convertirían en “libres”. Podrían morirse de hambre libremente si elegían no seguir las instrucciones recibidas, o convertirse en asalariados de miseria que deberían atender su alimentación, su sanidad, si querían su educación.... Y debían producir y consumir los bienes que les fuesen señalados.
Y eso en todo el trazado de la red esclavista. Ahora, con el desarrollo de la industria, era menor la necesidad de mano de obra en los destinos finales del mercado. Por ello, Inglaterra no sólo cortaba el tráfico de esclavos africanos, sino que convertía la propia Inglaterra en la fuente de esclavos con la que nutrirían los nuevos territorios de Australia y de Nueva Zelanda, línea marítima a la que dedicaría sus esfuerzos la enorme flota esclavista que hasta la fecha había cubierto la ruta transatlántica en tráfico negrero.


Texto completo: http://www.cesareojarabo.es/2019/09/el-movimiento-abolicionista-texto.html

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