lunes, 2 de noviembre de 2020

Nada en común (XXXI)

Por su parte, ATNS no iba a quedarse de brazos cruzados, por lo que, nuevamente, pero en esta ocasión con bastantes más efectivos, acudió a la manifestación convocada.

Cesáreo no acudió; motivo: Roberto, a la sazón Secretario General de ATNS se lo prohibió. Se organizó una auténtica batalla campal. Lógicamente, la prensa democrática dio el sesgo que debía dar. Otra cosa hubiese defraudado. Tuvo material para ilustrar con fotografías cómo los “fascistas” aporreaban a los demócratas. A Dios gracias, fotografías inversas no pudieron ser efectuadas. Ningún camarada de Cesáreo tuvo que ser hospitalizado. Fue una gran satisfacción.



En noviembre se destapó el “gran escándalo golpista” de la Operación Galaxia. Una charla de café entre varios patriotas, entre los que se encontraba el Comandante Sáenz de Ynestrillas, que acabaría siendo asesinado (democratizado decía Cesáreo) por ETA, y D. Antonio Tejero Molina. Fueron ingresados en la cárcel.

Se acercaba la fecha en que debía votarse la constitución. Cesáreo, que no había superado todavía su triste experiencia con Gema, no respetaba mucho a las mujeres; sin embargo tenía dos amigas, Eder y Maite, con las que siempre mantuvo una excelente relación de estricta y sincera amistad. Ahora y no antes, pensaba que, tal vez, esta relación, que duraría toda la vida, con sus lagunas de distanciamiento por la propia vida,
colaboró de alguna manera en su reconciliación con el sexo femenino.

Eran dos muchachas excepcionales. Al alimón con Santiago, disfrutaron los cuatro juntos de una multitud de excursiones que les llevaron a los más dispares lugares de la geografía catalana. Fueron auténticamente amigos.

Es el caso que un día de Noviembre de ese año, acudieron Cesáreo y Tere a la celebración de la Santa Misa en la Parroquia del Congreso. La tranquilidad de espíritu le fue rota a Cesáreo con la homilía. El señor que estaba en el ambón, revestido de sacerdote, tuvo la desfachatez de proclamar que debía votarse en el próximo referéndum del seis de Diciembre.

Cesáreo, cuya sangre en esa época era más caliente de lo que habitualmente siempre fue, manifestó a su amiga que “iba a partir la cara del cura”. Se disponía a hacerlo cuando lo pararon los ruegos de su amiga, que casi llegó a ponerse de rodillas.

Acabaron abandonando el templo con los nervios de Cesáreo bastante destemplados. No pudo terminar la ceremonia, indignado por las palabras de quién debía proclamar el espíritu cristiano y sin embargo obviaba el ateísmo implícito en un texto que acabaría destruyendo lo español y lo cristiano en España.

Siguió su campaña contra la constitución en otros ámbitos; en la calle, en la Universidad, en la radio... Por su parte, la institución eclesiástica mantendría su coalición con sus enemigos, con los enemigos de la cristiandad y de España, durante bastantes más años. Era muy duro para un cristiano ver cómo sus pastores caían más y más en manos de sus propios verdugos.

El 6-12-1978 Cesáreo, como era lógico, y para no perder antigüedad, no acudió a las urnas para votar la constitución. No quería decir ni sí ni no. Sencillamente la despreciaba. No obstante, y como sea que la democracia incipiente estaba empecinada en salir adelante al costo de lo que fuera, las empresas estaban obligadas a dar un permiso de tres horas para que los tiranizados acudiesen a las urnas.

Cesáreo, harto de esa situación, pidió permiso para “no votar”. Su jefe, Adolfo del Val, un hombre extraordinario, con una paciencia sin límite, no pudo soportar la broma y en principio le denegó el permiso. Pero Cesáreo era un poco cabezón, e insistió hasta obtener el mencionado permiso, con el aviso por parte de su jefe que le exigiría justificante de haber ido a votar. A este extremo replicó Cesáreo que lo haría en vano, porque él pedía permiso para no votar, y por supuesto no iba a votar.

El señor del Val, procurando resguardar su autoridad, dio pasos cerca del Jefe de Personal del Banco, pero a lo que parece, el resultado fue negativo, porque jamás le dijeron nada.

Con la democracia, las prioridades en asuntos internacionales se centraban en someterse al Mercado Común y a la OTAN, donde finalmente, y sin consulta previa al pueblo español (la verdad, Cesáreo se preguntaba para qué servía tal trámite) fue sometida la soberanía nacional. El día 31 de Diciembre de 1978, la banda terrorista ETA añadió un crimen más a su historia. Durante el año se habían cometido más de quinientos atracos a
entidades bancarias.

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