martes, 10 de noviembre de 2020

Vida política en la España peninsular del siglo XIX (2)

El 18 de Abril, «las Cortes, usando de la facultad que se les concede por la Constitución, decretaron: No siendo posible aplicar la Constitución que se adopte para la Península ó islas adyacentes á las provincias ultramarinas de América y Asia, serán regidas éstas y administradas por leyes especiales análogas a su respectiva situación y circunstancias propias para hacer su felicidad; en su consecuencia, no tomarán asiento en las Cortes actuales, diputados por las expresadas provincias. (Pirala 1895: 786)



Acto seguido, en ese mismo año 1837, órdenes expedidas por el Ministerio de la Guerra a los Gobernadores, Capitanes generales de las islas de Cuba y Filipinas, concedían facultades ilimitadas sobre todos los ramos de la administración pública, y declaraban que éstas sólo fuesen competencia del ramo militar. De un plumazo varias provincias españolas pasaban de perder esa condición para convertirse en colonias.
Las quejas se dejaban oír en los lugares afectados, dando paso, nada menos, a que se pusiese como ejemplo de algo a imitar, justamente, a Inglaterra, que con la nueva situación, y siendo la expresión del colonialismo, había adquirido preeminencia sobre España en cuanto a representatividad:

¿Es justo y político, en fin, que, cuando las Antillas inglesas y francesas, con manos riqueza, con menos importancia y con menos población blanca, pero sí comparativamente con muchos más esclavos que Cuba, han tenido largos años ha consejos y asambleas coloniales, ella forme un contraste tan doloroso con sus hermanas las islas del mismo archipiélago?

No deja de ser curioso que quienes habían exterminado poblaciones enteras en Oceanía, la India y Norteamérica; quienes habían saqueado no sólo esos territorios, sino también, y desde el segundo cuarto de siglo habían esquilmado las riquezas tanto de la España peninsular como americana y habían poblado de esclavos los territorios por ellos conquistados, pasasen a ser ejemplo de representatividad.
Esa labor, la de aniquilar la labor de España y la de presentar a nuestro enemigo histórico como ejemplo a seguir, no sería cuestión de progresistas o de conservadores, sino que sería cuestión de progresistas y conservadores; de ambos al alimón.
Desde 1833 a 1898 se suceden en España 84 Gobiernos distintos, tienen lugar varios cambios de régimen, varias revueltas civiles e innumerables pronunciamientos y algaradas callejeras.
Y esos gobiernos no pueden ser tenidos como inocentes, como invitados de piedra, en los acontecimientos sufridos por España. España no sufría un fatal destino, sino un destino profundamente meditado del que los gobiernos serían sus verdugos.

el Partido Reformista cubano requirió al Gobierno español, el cumplimiento de la promesa prevista en la Constitución de 1837, de establecer leyes especiales para Cuba en orden de obtener una autonomía local y una reducción en la barreras aduaneras que ponían dificultades a los productos de la isla, por no hablar de otras peticiones de justicia social y de mayor representatividad en Cortes, que fueron como siempre, denegadas por la Metrópoli. (Lasaga 1999: 104)

Por la metrópoli, sí, porque en eso se había convertido la España peninsular desde que las Cortes adoptaron la ilegalidad que dio alas al separatismo. ¿Era ese justamente el encargo que tenían que cumplir los políticos españoles?

Desde 1836 en que fueron cerradas las puertas del Parlamento Nacional á los Diputados que habían elegido las Antillas al amparo de la Constitución, y cierre que provocó la protesta escrita de esos Diputados, formulada en Madrid y muy circulada en las islas, vino la verdadera y formal creación del partido separatista cubano,  instrumento inconsciente (esta es la verdadera frase) del interés de los Estados Unidos. (González 1903: 47)

Desde ese mismo momento empezaron las reclamaciones. Desde 1836 quienes antes habían vivido en igualdad de condiciones con los otros españoles se vieron forzados a reclamar, con la Constitución en la mano, aquello de lo que se habían visto injusta y democráticamente privados: representación en Cortes, pero el sistema no los escuchó.
De 1847 á 1857 reclamaron la aplicación de las leyes especiales, tan solemne y reiteradamente ofrecidas, y no se les escuchó. De 1858 á 1868, ya eran mayores las exigencias: se pidió la autonomía, y el gobierno respondió con el silencio...

En anteriores tiempos no carecían los cubanos de garantías. La residencia á que estaban sujetos los capitanes generales era, por lo general, un freno á la arbitrariedad, y no solía sancionar la toga desplantes militares. (Pirala 1895: 350)

Además, se podía acudir al gobierno central exponiendo que el gobernador se había extralimitado en tal ó cual facultad ordinaria o extraordinaria. Ahora no tenían nada…
Los políticos, el sistema, la monarquía… no pueden ser tenidos como inocentes por la sucesión sin fin de hechos como los relatados, entre los que no ocupa lugar menor la contratación de servicios para la seguridad nacional. Resulta inconcebible, por ejemplo, que en situación de preguerra con los Estados Unidos, se encargue, justamente a los Estados Unidos, la construcción de unas naves destinadas a la seguridad de las costas. Pues eso acaeció.

0 comentarios :

 
;