martes, octubre 18, 2022

Vida política en la España peninsular del siglo XIX (14)

Muchas otras protestas de semejantes características se produjeron en toda América, todas desoidas, mientras el 4 de mayo, en el Senado, el señor Romero Robledo expuso que “era una iniquidad verdadera pedir a las madres españolas sus hijos, para defender el Estado autónomo de unas cuantas hordas de salvajes”.

El gobierno, mientras tanto, se mantenía con asuntos de menudeo y el día 8 de mayo presentó gabinete de crisis.
Pero mientras el gobierno actuaba, los otros agentes del sistema preparaban la justificación final. En ese sentido, Pi y Margall decía el día 12 de mayo:

El error principal estuvo aquí en negarse á reconocer la independencia de Cuba; hay que reconocerla y pedir la inmediata suspensión de hostilidades. La cuestión está casi intacta. Ni nosotros hemos retirado de Cuba nuestras tropas, ni los norteamericanos la han invadido; cabía estipular los medios de pacificar la isla, entregarla al dominio y al gobierno de los cubanos, y regular las relaciones mercantiles y rentísticas entre los tres pueblos. (Soldevilla 1899: 218)

Todos los miembros del sistema proclamaban con sus declaraciones estar perfectamente orquestados, totalmente de acuerdo, con lo que el 18 de mayo Sagasta formó nuevo gobierno con la tranquilidad que le daba saber que su actuación no iba a implicar conflicto alguno.
Con esa tranquilidad, y con la guerra en todo su esplendor, el 24 de Junio de 1898 se suspendieron las Cortes con motivo del periodo estival.
Y diez días después, el desastre de la Armada de Cervera en Santiago de Cuba, tras lo cual bastó que el Gobierno de Washington hablara del envío de una escuadra de combate a la Península, para que el Gobierno de Madrid se viera obligado a pasar por las cláusulas preparatorias de un tratado de paz vergonzoso.
El 11 de julio dimite el gobierno español en pleno. Todo estaba ya en manos directas de sus amos, que de forma inmediata comenzaron a repartirse el pastel.
En el parlamento británico, Lord Salsburi lanzó un discurso del que se hizo eco la prensa española. El mismo no hacía referencia a España, pero el análisis sosegado del mismo era de

Una inmensa almoneda en que suenan los nombres de Cuba, Puerto Rico y Filipinas, Angola y Mozambique, Timor, Carolinas, Marianas y Palaos, Fernando Poo y Río de Oro, las Canarias y las Azores, Ceuta, Melilla e incluso las Baleares, queda abierta ante el verano del 98. (Jover 2006)

Poco más le quedaba hacer al gobierno español, pero ese poco más se vería reflejado en una nueva infamia. El 28 de julio, el Ministro de Estado, Duque de Almodóvar, cursó telegrama al embajador en París manifestando que el gobierno de España deseaba preferentemente la anexión de Cuba a los EE.UU. (Martínez 1950: 77)
Los pasos de la humillación irían perfectamente marcados. El 27 de julio, el embajador de Francia en Wasington presentó una solicitud de paz en nombre del gobierno español.

Mac-Kinley, al ver que se le pedía la paz, indicó que el gabinete español propusiera las condiciones. ¿Con qué objeto? Pues sencillamente— sin duda—con el de ganar tiempo y llevar á cabo la expedición de Puerto Rico, y ver si en el interregno se rendía Manila, pudiendo así pedir mayores sacrificios á España. Nunca como ahora se pudo decir ¡ve victis! (Soldevilla 1899: 337)

Curiosamente, en este momento se planteaba el gobierno algo que no se había planteado cuando en 1837 se privó de sus derechos históricos a los territorios que ahora estaba vendiendo.

Se discutía acerca de las facultades de la Corona y del Gobierno para hacer la paz teniendo en cuenta los artículos 54 y 55 de la Constitución, el primero de los cuales concede al Rey la facultad de hacer la paz, mientras que el segundo hace precisa la aprobación de las Cortes para ceder ó permutar parte del territorio nacional. (Soldevilla 1899: 355)

En las peleas de gallinero del Congreso de los Diputados, donde todos pedían responsabilidades a todos, el Ministro de Marina mintió al afirmar que:

el Gobierno no ordenó la salida de la escuadra de Santiago, y que se limitó a aplaudir el deseo del general Cervera de salir, dejando á su elección el día y el momento. (Soldevilla 1899: 400)

Corrupción, corrupción, corrupción.
Finalmente, el 3 de Septiembre se reorganizan las cortes españolas, que el día 13 ratifican la rendición.

Había una sensación de estupor, de falta de sentido, de no tener de qué echar mano; pensar en todos los ejércitos agonizando, los barcos hundidos, el oro malgastado, y ¿qué quedaba, aparte de unos políticos disgregados que se llamaban a sí mismos liberales o conservadores? Y ¿cómo podía ser el republicanismo o el carlismo una solución satisfactoria? De aquí el rápido crecimiento de los nacionalismos catalán y vasco, del socialismo a través de la UGT, y del anarcosindicalismo a través de la CNT. (Thomas 1971)

Y era tal el abatimiento, que los propios políticos reconocían su realidad… ¿Con qué objeto?... ¿con el de mantenerse y de que todo siguiese igual?

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